Madrid, ciudad abierta

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Juan Laguna
Colaborador de Fundación Emprendedores.

El término “ciudad abierta” se vino utilizando en la 2ª G.M. para indicar aquellas ciudades cuyos habitantes se rendían sin combate ante el enemigo de cada ocasión. Esta rendición suponía que los ocupantes no encontrarían resistencia alguna a cualquiera que fueren sus caprichos o intenciones.

El cineasta italiano Roberto Rossellini dedicó a este tema su “Roma, città aperta”, pero han sido muchas las ciudades que, en diferentes conflictos, fueron así declaradas: París, Belgrado, Atenas, Viena o Barcelona. Los vencedores se sienten dueños de la ciudad y de sus habitantes y actúan en consecuencia.

También puede entenderse el término de “ciudad abierta” en los casos que, sus habitantes, abran sus brazos a los visitantes hasta hacerlos sentir como en casa propia.

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En el caso de Madrid, vienen a confundirse las situaciones: primero como ciudad acogedora y hospitalaria desde la perspectiva de los madrileños que, en su conjunto, representan una muestra de la variada geografía y cultura de españoles que se han instalado en la capital, así como de extranjeros que la visitan por unos u otros motivos. Pero también, desde el punto de vista político, ha sido siempre una “città aperta”, en tanto en cuanto aquellos regidores que han ido sucediéndose al frente del ayuntamiento, han considerado oportuno hacer y deshacer tanto en su aspecto urbanístico como ciudadano, al igual que cualquier “ocupante” prevaliéndose de tal ocupación para satisfacer caprichos y “ocurrencias” (según la Sra. Carmena), como en esa amalgama llamada “Ahora Madrid” donde, a falta de un proyecto municipal conjunto, cada cual se atribuye poderes y ejecuta acciones según su leal saber y entender (que no es mucho) o por demostrar quien manda.

De esta forma, Madrid viene sufriendo en sus calles y en su convivencia, los caprichos de distintos personajes que, de una u otra forma, se han visto en la situación de poder diseñar a su antojo e influir en la estructura urbana, en las actividades ciudadanas, en la restricción de las libertades de las personas y, en su consecuencia, imponer lo que han considerado oportuno. Desde las deudas procedentes de la megalomanía pasada a las “ocurrencias” disparatadas de los de ahora.

Madrid, se ha abierto (por capricho de unos cuantos, en base a esos informes que lo mismo pueden decir una cosa y la contraria) por su arteria principal la Gran Vía, que precisamente fue diseñada para hacer más fluido el tráfico por la capital en su eje transversal al Prado (la estrechez de las calles del centro, así como su estructura urbana, impedían y siguen impidiendo tal fluidez). Pero no sólo se ha abierto en sentido figurativo, sino que un conjunto de máquinas que golpean y rompen el pavimento, se han cebado con esta Gran Vía, que muy pronto dejará de serlo, para convertirse en una más de esas calles restringidas donde aplicar medidas de los “ocupantes” siempre en beneficio de la población.

“Madrid, ciudad abierta” podría ser un nuevo título que mostrase cómo las “ocupaciones” forzadas no son buenas y tienen algo de totalitario y represivo en su identidad política. Una ocupación legítima (como casi todas), forzada por el único interés de quitar a los anteriores, donde no existe una idea de servicio público mas allá del “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”, que cada uno de los responsables municipales interprete a su manera.

Mientras tanto, los ciudadanos madrileños se convierten en rehenes de los caprichos que les toque sufrir. De las equívocas y disparatadas actuaciones que con cargo a los impuestos de todos, algunos se permitan realizar (al fin y al cabo ya son todos “casta”).  De los ruidos, suciedad, contaminación por atascos y polvo en suspensión y gases de la maquinaria. De la imposibilidad de usar su derecho constitucional a la libertad de movimientos ya que no hay nadie capaz de “ordenar” los mismos coherentemente. De las “fiestas” y “saraos” subvencionados de los amigos de turno (más señales de “casta”). De los gritos, cánticos y borracheras en las calles como consecuencia de lo anterior. De los “inversores” que están tras de todo ello para echar a los habitantes de sus casas y convertir Madrid en un parque temático al estilo del chasco de “Eurovegas”, basado en alcohol barato, permisividad garantizada para el diseño de ingeniería social previsto y muchos kilómetros de calles donde hacer lo que los “nuestros” crean oportuno.

Madrid, se ha abierto en canal para que todos los “mamoncillos” expriman sus ubres maltrechas por la edad y por los muchos ataques recibidos. Para que de nuevo los predadores de siempre hagan su agosto, arrancando cada uno su parte de botín. Para que unos llamados “políticos” lleven a cabo su proyecto personal e ideológico, imponiendo su propio “interés general”.

Madrid, “ciudad abierta” donde los ciudadanos se han rendido sin lucha, con resignación a los desafueros que se puedan cometer por todos aquellos que la ven como botín de guerra. Por todos aquellos a quienes la ciudad se convierte en cuenta de resultados, en posibilidades de promoción personal, en ocasiones de “trinque” y en la imposición de su peculiar estilo “cesarista”: ¡porque me sale de los coj…!”. Y la oposición sometida como mansos corderos al “despotismo democrático” que ya anunciaba Tocqueville.

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