Los “inscritos” y las “inscritas”

Pablo Iglesias y Carolina Bescansa
Juan Laguna
Colaborador de Fundación Emprendedores.

Cuando el PSOE creía tener la patente en su lenguaje de género con aquello de los “miembros” y las “miembras” del partido, el otro partido que compite con la camiseta morada de “Podemos” se ha sacado de la manga este otro término, referido a las personas inscritas en su sistema telemático, para emitir opiniones a distancia, sin las molestias asamblearias y bajo control férreo de lo que pueda expresarse.

Al parecer, según las palabras de la portavoz Irene Montero (otra Soraya) los “inscritos” y las “inscritas” son los responsables de que las mejores cabezas de la formación morada, sean apartadas de sus funciones ejecutivas, para pasar a engrosar la lista de los ya muchos “miembros” y “miembras” de “Podemos” disidentes y represaliados. En este caso le ha tocado la china (o la bola negra) a Carolina Bescansa, una de las mentes más lúcidas que todavía podía exhibir “Podemos” en tertulias y foros. Con ello sigue el camino del primer PSOE con los Gómez Llorente, Castellanos, Puerta… Se movieron y no salieron en la foto.

Conviene recordar que, del núcleo inicial de fundadores de “Podemos” han ido desapareciendo poco a poco los “disidentes”, empezando por Tania Sánchez, siguiendo por Pascual, Monedero, Errejón, etc. Todo a mayor gloria del erigido y venerado por los “inscritos” y las “inscritas” como nuevo “caudillo” de las masas (siempre que estén “inscritos” e “inscritas”). Un personaje hábil capaz de posicionarse en cada momento según sus propios intereses y cargarse sin mover una ceja formaciones como IU, dejando a su líder en la inoperancia.

Tampoco viene mal traer al recuerdo la facilidad de cómo se apropió del 15M, para subirse al carro de los votos que iba a proporcionar (como hizo Mas con la “Diada” para identificarlos con “independentistas”), sin darse cuenta de que aquellos movimientos ciudadanos eran de indignados con un sistema que había abusado de su generosidad y resignación. Ni derechas ni izquierdas. Estaban hartos de quienes —como ahora el Sr. Iglesias— se instalaban cómodamente en las poltronas para vivir de ellas el resto de sus días. El único trabajo parece ser el “diálogo” o “conchaveo” necesario para que, como las pilas del conejito, “duren, duren, duren….” El trabajo serio y riguroso, como la función encomendada a la Sra. Bescansa ante la inevitable reforma constitucional, queda también en manos de la portavoz, de la discípula predilecta del líder. Eso sí, porque lo han decidido los “inscritos” y las “inscritas”.

Para ser ciudadano y gozar de tal derecho, los partidos han establecido una curiosa depuración: hay que ser militante, venerar y decir “amén” al líder impuesto y estar “inscrito” (o “inscrita”) por vías informáticas y telemáticas que, como decíamos, sirven para quitarse de encima el engorro de atender en directo a cualquiera que desee utilizar (tal como dice la C.E.) esa vía participativa, al mismo tiempo que se puede manipular por los “expertos” (los nuevos modelos de “participación pública” municipal saben mucho de esto). Poco a poco la “bunkerización” partidaria se ha permeabilizado con la corporativa y ya es habitual el oír: “no pueden atenderle si no están citados”. Queda claro quien manda.

Las múltiples formas de entender la “participación democrática” por los partidos es buscar el aplauso de sus líderes que, por otra parte, —como lo demostró aquella magnífica película de “Bienvenido Mr. Chance”— no tienen más solidez que una imagen creada mediáticamente para el consumo social. La inexistencia de debate interno que pudiera servir para descubrir ideas y talentos reales, impide no sólo el afloramiento de dirigentes, sino que va dejando los “idearios” en puro humo que será “mobile” según convenga. El reproche de la Sra. Bescansa a su formación no puede ser más ilustrativo: ocuparse de los problemas de España, en lugar de pasearse posando para los fotógrafos. Y tiene toda la razón. Cuando la frivolidad de la “imagen” es más fuerte que las ideas o proyectos en la Política, algo estamos perdiendo en el camino. Cuando las responsabilidades propias se esconden entre los “inscritos” o las “inscritas”, seguimos creando “casta” con sus privilegios de todo tipo.

En su momento, Adolfo Suárez decía que en España todos podían tener un cargo público (aludiendo quizás a la responsabilidad colectiva de un sistema democrático) pero, al final, lo que constatamos es el crecimiento desmesurado de todo tipo de “cargos” y “directivos” que van engrosando la nómina de las “oportunidades” públicas.

Volvamos la vista atrás y descubriremos como aquellos revolucionarios del 68 que levantaron los adoquines de las calles parisinas buscando la arena de las playas, lo que en realidad estaban haciendo era convertirse en “carne de cañón” para mantener los poderes que —se supone— combatían. “Podemos” es un claro ejemplo de todo ello. Igual que las llamadas “confluencias” o ese esperpéntico y dividido “Ahora Madrid” que “desgobierna” la capital desde los cómodos despachos y remuneraciones del Ayuntamiento. Conocen su poder y lo ejercen —como han hecho todos— para imponer, sancionar, atropellar y anular al ciudadano. Por eso, las razones y los ideales comunes se enfrentan a los gustos e intereses personales. “En España falta ambición y sobra codicia” decía Unamuno y tenía toda la razón. Mantener un nivel de vida burgués, obliga a muchas concesiones y “olvidos”, pero se hace obedeciendo los deseos de los “inscritos” y las “inscritas”. Para eso están.


FOTO: EFE

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