La Vieja Europa y España, sin ir más lejos

Abel Cádiz
ABEL CÁDIZ RUIZ es el presidente de la Fundación Emprendedores. En el pasado asumió un compromiso con la transición política, al lado de Adolfo Suárez. Fue miembro del Consejo Nacional de la UCD y Presidente en Madrid. Tras ser diputado por la Comunidad de Madrid abandonó la política para dedicarse profesionalmente a la docencia y a la actividad empresarial.

La semana que dejamos atrás ha finalizado con un resultado electoral que inicia el cambio de ciclo político en España pero, además, ha mostrado la fugacidad de los acontecimientos y de las noticias que generan. A principios de la semana el foco de la atención se concentró en Libia. La noticia era La OTAN destruye 8 buques de guerra de Gadafi”, con lo que eso supone de negocio para reponer lo que el gobierno futuro de Libia precise, pero esos mismos portaviones y acorazados de la OTAN pasaron de largo viendo hundirse a una patera que demandaba socorro, con decenas de libios fugitivos que escapaban hacia las costas de Italia y se ahogaron. 

A media semana una nueva noticia ocupó el foco de nuestra atención: El Director del FMI es detenido en Estados Unidos por acoso sexual. DSK, llamado a ser el candidato del socialismo francés, un picha brava que acumula en el pasado incidentes similares de los que había salido sin graves contratiempos. Es sabido que Francia perdona fácilmente los impulsos de la libido, pero no deja de ser surrealista que el representante más potente de la izquierda francesa pague sin pestañear un millón de dólares de fianza y pueda avalar otros 5 millones para que una juez americana le permita salir de la cárcel. Y más surrealista todavía es que conociendo sus antecedentes de macho, nada menos que un 57% de los electores de izquierda de Francia afirmen, sin albergar muchas dudas, que el bueno de Dominique es victima de un complot.

Frente a esta laxa y permisiva Europa resulta ejemplar que una juez en América encarcele a uno de los hombres más poderosos del mundo financiero. No en vano USA ofrece el único ejemplo de cómo unos periodistas aguerridos echaron al Presidente Nixon por mentir.

Pasada la mitad de la semana, un movimiento gregario iniciado en la red de Internet hace posible que unos miles de jóvenes frustrados por la situación política y económica que vivimos en este “pig” europeo, tome la Puerta del Sol y contagie a miles de jóvenes de otras ciudades en lo que se ha llamado el movimiento del 15-M o, la plataforma de DRY (democracia real ya). Enseguida algunos de sus principales impulsores y protagonistas consiguen esos minutos de gloria a los que tendría derecho todo mortal; montan sus organizados campamentos dos o tres días antes de la jornada electoral, esa “fiesta democrática” diseñada por el sistema para que los acontecimientos de los que depende el poder se desarrollen según lo previsto.

La espontaneidad y la estética del movimiento, suficientemente cuidado para que no parezca una manifestación típica de los antisistema, produce por un momento tal atractivo a los paseantes de toda edad, que Sol se convierte en punto de romería sabatina y dominical, al punto de que muchas personas atisban a ver en el movimiento el embrión de una revolución que va a cambiar las cosas. Ojalá —pienso yo— que estos jóvenes ilusionados y en gran manera ilusos —perdónenme— fueran capaces de inquietar a la maquinaria ya bien establecida, lubrificada y financiada de los partidos para que la democracia mejore en su calidad, tanto en la selección de lideres competentes, preparados y responsables, como en la ética de sus conductas. Pero al pasear entre tenderetes y grupos y ver la multiplicidad de carteles. ¿Qué es lo que se aprecia? Pues —dicho sea con cariño a todo movimiento joven, espontáneo y romántico— lo que prevalece es que ha proporcionado a los movilizados una excelente terapia de grupo. Y eso es todo de momento, pues para influir en la formación del poder real en una democracia, hace falta mucho más. Por ejemplo: definir objetivos precisos y compartirlos, establecer liderazgos y crear la estructura organizativa necesaria y permanente para hace posible lo anterior. Si lograran encontrar ese liderazgo y definir esos objetivos, contarían con un excelente punto de partida, cual es el valor de marca que han conseguido merced al efecto mediático de su movimiento. Con mucho menos valor de marca inicial, Rosa Díez ha logrado abrir una brecha en la muralla de los partidos, irrumpiendo con fuerza en el sistema, esperemos que para intentar regenerarlo y no para ser uno más. Al fin y al cabo de los diputados y concejales que han logrado entrar en nómina del sistema, un 50% va a ganar más de lo que ganaba en su anterior actividad profesional. ¿O no?

Respecto a la cartelería exhibida, esbocemos una sonrisa. De nuevo esa reminiscencia de la ética católica —que sin saber se práctica hasta por los ateos prácticos: los Bancos son culpables, los pisos en stock deben expropiarse, sueldo digno, vivienda digna, trabajo seguro y que paguen los que más tienen. Así sea, pero un observador perspicaz o que simplemente espera que los jóvenes se lancen a emprender, habría reparado en algo que sociologicamente merece alguna atención: eran miles de jóvenes con carteles reivindicativos, pero poco más de un centenar de chinos pululaba entre los grupos: llevaban bolsas con cervezas frías y bocadillos que vendían al resto. Da que pensar.

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