En esta vida se puede ir de dos formas: con la corriente y sus facilidades o a contracorriente y sus muchas dificultades. En el primer caso estaríamos ante quienes simplemente carecen de criterios propios o los que tienen han surgido de las consignas de otros. En el segundo estaríamos ante minorías especiales con capacidad para pensar, sentir y actuar de acuerdo con sus propios criterios.
Como ya ocurrió con el Presidente de la Generalitat de Cataluña con ocasión de la Diada echándose en la piscina del soberanismo, el secretario general del PSOE en papel de “oposición leal” al Gobierno, viene hablando de la moción de censura, no para proponer alternativas políticas que mejorasen la situación del país, sino como una amenaza de presión sobre el Presidente del Gobierno aun después de la explicación en sede parlamentaria del asunto Bárcenas. Posiblemente haya que entender en ese “¡Váyase Sr. Rajoy!” toda la frustración de quienes no fueron capaces de evitar la crisis, sino que la aumentaron y aún tienen la osadía de amenazar con agravarla más si llegan al gobierno.
Desde el punto de vista político nos encontramos ante una situación curiosamente irregular. Se ha pedido al Presidente explicaciones sobre la actividad de su partido. Otra vez estamos mezclando las “churras con las merinas” en ese ejercicio tan común en la vida política de enfangar y confundir instituciones públicas con privadas, los asuntos de partido con los asuntos de interés público.
Resulta curioso ver cómo, acostumbrados a confundir el dinero público de los ERES andaluces con las retribuciones privadas de toda la trama de corrupción establecida, el PSOE considera que todo vale y encima se viene presentando el caso cómo “lo que más preocupa a los españoles”. Tanta caradura sería sorprendente si no se conocieran ya las “habilidades” políticas del Sr. Rubalcaba para tapar lo “nuestro” y destapar lo de los demás, que viene utilizando desde la etapa de “felipismo” (tal como se la conocía en el propio PSOE), donde los casos de corrupción, -cuando no los delitos de los GAL- se amontonaron en los juzgados gozando de prescripciones procesales en muchas ocasiones.
La idea que tiene el PSOE de la manipulación torticera confundida con astucia política, le lleva a cometer errores como la posible moción de censura al Gobierno, no precisamente por errores en la gestión, que los hay, sino por el tan sobado mediáticamente caso Bárcenas que sólo se ha movido entre esas trastiendas partidistas fruto de corrupciones generales. Claro está que resulta menos expuesto seguir mareando la perdiz que plantear por ejemplo una forma de rebajar la prima de riesgo, crear empleo, organizar el estado, reformar las AA.PP. o cualquier otra cuestión de verdadero calado político. La sequía de ideas o la banalidad de las mismas es lo que está removiendo las aguas socialistas donde muchos consideran la renovación total del proyecto y sus dirigentes ya amortizados y consumidos.
Más curioso aún resulta el oportunismo del resto de los partidos del arco parlamentario que, en su totalidad pueden representar un escaso porcentaje de ciudadanos, para subirse en el carro de las explicaciones sobre cómo se financian y se han financiado todos los partidos en España que han tenido responsabilidad de gobierno, sea este central, autonómico, regional, provincial o municipal, haciéndose de nuevas y poniendo cara de asombro. “¡Qué horror! Hay que ver las cosas que pasan…. Y nosotros sin enterarnos….” El nivel de hipocresía es una muestra más del poco respeto que sienten por la inteligencia de los ciudadanos y su conocimiento de los muchos privilegios, chollos y gabelas de la que llaman “casta política” sin distinción alguna, donde por cierto incluyen a todos los “apesebrados” de los presupuestos públicos o de las entidades parapúblicas.
Una moción de censura que aun se blande como amenaza podría volverse contra el que la utilizara sin fines transparentes y respetables pues, desde el punto de vista político, debe nacer de nuevas propuestas de gobierno y con suficiente apoyo parlamentario en su conjunto. Muchas telas diferentes para confeccionar un traje que guste a todos. Pero, además, esa propuesta debe ser presentada por un candidato a la presidencia de gobierno y ahí ya los apoyos empiezan a resquebrajarse, empezando por el propio PSOE con un notable número de candidatos dispuestos a dirigir la orquesta socialista en los próximos años y sacar del armario y la naftalina las viejas ideas para reponer el vestuario.
Al igual que en el charco soberanista en que se encuentra hundiéndose CiU en Cataluña -con socios muy respetables personalmente pero poco afines en ideologías y proyectos de gobierno-, todos los partidos representados en el Parlamento a excepción del propio PP, han cerrado filas ante una poco creíble censura al gobierno (debería ser al partido), en sede parlamentaria cuando la vía a utilizar es la judicial. Estamos de nuevo ante la confusión de poderes en lugar del respeto y el equilibrio deseable entre ellos. Una cosa es la responsabilidad política una vez derivadas imputaciones concretas (ERES andaluces, CiU, etc) que se sustancian en el seno del propio partido retirando la confianza en los cargos acusados y otra muy diferente la utilización de sospechas más o menos fundadas para cargar contra todo títere. Es más, en el caso de que se aceptara esta segunda opción, veríamos cómo quedaban de escurridas todas las formaciones políticas y parapolíticas en España, al quedar al albur de simples acusaciones interesadas y dejar al margen el principio de inocencia consagrado constitucionalmente.
Por todo ello lo único que quedará de esa amenazante moción de censura será el ruido mediático (tan interesante en épocas de sequía informativa como es el verano), las mismas voces que repiten las mismas cosas, las mismas caras con gesto grave y los mismos tics partidistas incapaces de respuestas a las verdaderas preocupaciones de los ciudadanos: cómo recuperar empleo productivo, cómo crear riqueza y cómo poder competir en un mundo cada vez más complejo de relaciones internacionales al mismo tiempo que nos liberamos de todas las adherencias y excrecencias administrativas institucionales y privadas.













