La insoportable levedad

Por
— P U B L I C I D A D —

De pronto, como en suave pero constante deslizamiento, se hace real una insoportable levedad en la moral cívica, en la responsabilidad social, en la auto-exigencia, en la cultura. Es tanto el desprecio a la inteligencia y la razón, a la eficacia como ética profesional, que nos encontramos no solo más pobres, sino también inermes ante un sistema infestado de tan insoportable levedad.

—¿Y quién soporta los daños más inmediatos y duros?

—El ciudadano común sin duda y cuanto más ignorante más víctima.

—¿Y los daños colaterales?

—¡Todos a una!

Mencionemos un ejemplo para tomar conciencia precisa de hasta qué punto es indignante lo que soportamos: unos cuantos individuos cuyo mérito, intelectual no crean que es superior al suyo o al mío, pero en virtud de sus relaciones, del hecho a veces fortuito de estar en el sitio adecuado en el momento adecuado o de ser colocado en él por el juego político, alcanzan a estar allí donde hay donde coger: “no hace falta que me den, que me pongan donde haiga” decía el pillo. Si se alcanza el desideratum, pongamos que hablamos de una Caja de Ahorros y, ante el desastre a que ha llegado por efecto de una gestión burocratizada e ineficaz, o de una nomenclatura casi-funcionarial pendiente solo del propio provecho, o de una irresponsable largueza en la concesión de créditos al ladrillo, se ven empujados a dejar la canonjía que ocupan.

¿Y qué hacen al respecto? Repartirse tranquilamente mediante decisión colegiada de quienes se van y, a veces, de quienes van a sustituirles en sus sillones de oro, unas cuantas decenas de millones de euros, es decir lo que ganaría de sueldo un profesional medio y su mujer, que naturalmente trabaja, y sus hijos y aun los hijos de sus hijos en varias vidas si se reencarnaran. Concretamente ocho millones es lo que se ha embolsado en NOVACAIXA su Sr. Pego; siete millones su Sr. Rodríguez Estrada, cinco millones su tal Sr. Gregorio Gorriarán. Pero hay más casos, veamos las indemnizaciones millonarias en la Caja de Ahorros del Mediterráneo: los 6 millones de López Abad, casi el doble de Modesto Crespo su Presidente y la increíble desfachatez de su Directora María Dolores Amorós que, mientras duró en su cargo, cobró 593.000 euros anuales y despedida ahora, porque en alguien había que dejar como cierto ejemplo no pagarle el finiquito, lo reclama en Magistratura junto al fondo de la pensión que se otorgó de 30.000 euros mensuales a su retiro.

No exagere, en su pecado llevan la penitencia.

¿De que penitencia me habla?

Pero es que no ha leído usted en la prensa que uno de los citados va como escurriéndose entre la gente, con gafas de sol y gorra?

¿Qué me dice, ¡qué vergüenza, pobre hombre!

Y al ex-Presidente de la Caja del Mediterráneo. Sí, si, el de los ocho millones, unos feligreses le han pedido al Obispo que deje de presidir la Cofradía del Misterio de Elche.

Ah, eso si que es castigo.

Ya le digo. ¿Cargaría usted con eso por ocho miserables millones?

Pero, bueno, seamos serios, ¿van a obligarles a devolverlos? Ya vemos que sí lo hacen con el que no paga su hipoteca. No solo pierde el piso sino que le embargan el sueldo por la diferencia que le falte.

Sí, pero es que en este segundo caso la ley es la ley

Y en el primer caso ¿Qué dice la Ley?

Parece que no existe ley o norma. Es más el Banco de España lo supo y no dijo nada.

¿Y el Gobierno?

Rubalcaba dice que la culpa es de los Presidentes de Comunidad que son del PP.

No me diga. ¿Me habla usted de Rubalcaba, el tenido por inteligencia sutil, el físico de carrera, el que se presenta para dar la vuelta a las encuestas?

El mismo

Comprendo, comprendo, Rubalcaba tiene calibrado al personal. ¿Quizá ve La Noria? Y sabe que 35 de cada cien están ya convencidos.

¿Y qué dice la oposición?

Que con ellos no volverá a suceder y que el Banco de España deberá vigilar. También saben que ahora más de 35 de cada cien están ya convencidos.

¿Pero, a todo esto, los 50 ó 60 millones quedan en poder de estos directores desaprensivos?

Me temo que sí. Porque ¿conoce usted algún líder político decidido a impedirlo por moral social?

Veo que se siente usted deprimido.

Acierta usted, es que estoy pensando en un amigo emprendedor. Su pequeña empresa ha cerrado; ninguna Caja o Banco le prestó, la morosidad le ahogaba, su contable le estafó; le puso una querella y el Juzgado no se ha pronunciado en dos años. Pero eso sí, como debía 24.000 euros a la Agencia Tributaria de IVA que no ha cobrado a clientes y 30.000 a la Seguridad Social por sus cuotas patronales, le embargaron las cuentas, sus cuatro trabajadores han ido al paro y él en la ruina.

Y esta es la situación a la que hemos llegado. Levedad insoportable en quienes deberían ejercer liderazgo en las instituciones; vacío legal para conductas como las descritas, que se transforma en una insoportable falta de equidad social. Y lo que es peor una ausencia de expectativa real, firme, convincente, de que aparezcan líderes con espíritu transformador de esta realidad, lideres que no quieran permanecer en esta insoportable levedad porque alimentan el impulso de trascender.

1 Comentario

  1. Desgraciadamente, Abel, no es solamente que estemos inermes ante tan vomitivas situaciones, sino que nuestras tragaderas admiten todo lo que se les eche. Las denuncias y los comentarios como el tuyo son tan abundantes que lo que se cuenta en ellos ha sido asimilado y digerido como normal. Si la inmoralidad fuera solamente de determinados colectivos, la solución sería relativamente fácil, el problema estaría acotado. Lo grave es la inmoralidad (o, quizás, mejor, la amoralidad) colectiva, el pasotismo. Corregir eso es más laborioso, aunque, evidentemente, la moralidad de los que están en las tribunas y en los escaparates sería la mejor catequesis para esa transformación.
    Javier Hernández Bañares

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