Indignados… pero menos

Juan Laguna
Por
— P U B L I C I D A D —

El aniversario del movimiento “15M” (2011), que surgió con la convocatoria de las anteriores elecciones municipales y autonómicas, ha venido a coincidir con uno de los muchos puentes festivos que disfrutamos en España, esta vez con la festividad de San Isidro. Millones de ciudadanos se han desplazado a pesar de la crisis a los lugares de ocio y esparcimiento habituales. Desde los que se desplazan a las costas y playas, hasta los que se lo toman por lo “castizo” en la pradera de San Isidro en Madrid lo que, sin duda ha repercutido en el… “pero menos” del titular de este artículo.

Tampoco hay que dejar aparte el hecho de que, por muchas razones, el “15 M” ha pasado ya a la historia y ha dejado una compleja maraña de múltiples y pequeñas organizaciones, bajo los más variopintos nombres, que encuentran su razón de ser a través de las redes, perdiendo la frescura del contacto directo con una ciudadanía transversal que intentaba superar ideologías ya ancladas en el tiempo para construir un proyecto o alternativa política diferente a lo ya conocido. La informática ha venido a ser para el movimiento “15 M” algo así como el “plasma” del Sr.Rajoy.

Asimismo, habría que entender el perfil bajo de este aniversario por la institucionalización política de parte del pensamiento de los “indignados”, bien a través de nuevas formaciones políticas como “Podemos” o “Ciudadanos”, bien por el oportunismo táctico de las formaciones anteriores, tanto en el PP como en el PSOE o IU, que han tratado de recoger y rentabilizar parte de las propuestas indignadas. El PP promoviendo normas transparentes y otros actos tímidos de apertura (hasta se empieza a aceptar la reforma constitucional) y los partidos de “izquierda” poniéndose a la cabeza de las manifestaciones más o menos organizadas y espontáneas (todas las “mareas” tienen detrás a funcionarios o sindicalistas que pueden permitirse después de las “mani” irse a tomar unas cervezas para completar la jornada). El sistema juega en uno y otro lado del tablero.

Todo ello no puede minimizar la importancia de aquel “15 M” que cogió a todos con el pie cambiado. A los que promovieron la manifestación inicial y a los que vieron cómo una ciudadanía que dejaba atrás los enfrentamientos ideológicos, era capaz de hablar un lenguaje común a la mayoría; cómo ya no se podían vender en la plaza los discursos políticamente correctos, tanto en la izquierda como en la derecha, porque ya nadie estaba dispuesto a comprarlos (salvo los que vivían de ellos, claro).

Nadie puede negar al “15 M” que fuera el revulsivo social y político que iba a conmocionar (o a preocupar por lo menos) a un sistema confortable en el que, como se va descubriendo, el “hoy por mí, mañana por tí” ha sido la fórmula más habitual de consensuar y tapar “dossieres” de irregularidades, —cuando no de la corrupción más obscena—, en casi todos los sectores privados e institucionales. Una situación aletargada por ese endeudamiento galopante que nos hacía creer los dueños del mundo —o por lo menos del financiero— donde la connivencia forzada o cómoda de lo público y lo privado, ha sido el “modus vivendi” habitual y cuya fórmula del “pelotazo” creada en tiempos socialistas, era el modelo a seguir. No hace falta dar ejemplos suficientemente documentados por diversos trabajos y autores. “El negocio de la libertad” del periodista Jesús Cacho puede ser suficientemente ilustrativo. Un negocio hecho al socaire de los nuevos aires democráticos por muchos espabilados de lo que se llamó la “beatiful people”, todos encantados de haberse conocido aunque su ideología fuera transversal para los negocios.

El “15 M” fue el despertar social del sueño engañoso a que habíamos estado sometidos y marcó un antes y un después en nuestra historia más reciente. Hoy, cuando las cifras “macro” apuntan a una cierta mejora, muchos vuelven a caer en el engaño de esperar que caiga el “maná” del cielo, entretenidos como estamos en el juego morboso de la transparencia, entre partidos de “Champions” o el falso amago de huelga futbolística o los nuevos modelos de “Iphone” o “Smartphone” y sus infantiles aplicaciones. Ha sido preciso cambiar algo accesorio para mantener lo sustancial: el apoyo electoral y el sistema.

Por eso titulaba “indignados… pero menos” ante la comprobación directa de que, lo que debería haber sido una nueva confirmación de los millones de ciudadanos que se dicen “indignados” (no solo por lo que se sabía sino por lo que sigue apareciendo), se haya saldado con una presencia testimonial descolorida y pobre, tanto en los actos del día 15 en la Puerta del Sol, como en la manifestación del día siguiente donde se echaban de menos (¿porque se les ha echado?) las caras ilusionadas de quienes un día quisieron cambiar su futuro.

La explicación del “fiasco” tiene muchas caras. Entre ellas no cabe despreciar el “apoderamiento” de los restos del “15 M” por quienes quieren seguir transitando por los caminos de la confrontación ideológica. Las consignas ya se han ideologizado interesadamente pidiendo la “unidad popular” al igual que la representación asamblearia y, la indignación ciudadana, se ha visto manipulada (cómo se intentó en la acampada de Sol del año 2011), por quienes han perdido apoyo electoral y social en las últimas encuestas. Los colores de las “mareas”, mientras tanto, se han escapado a las playas aprovechando el buen tiempo, el puente y los sueldos y contratos fijos institucionales. Están contribuyendo a la boyante economía turística, al consumo de ocio, de “low cost” en el transporte, de planes “pive” en los vehículos y de carburantes baratos; para los demás el chotis castizo y las rosquillas del santo.

Mientras tanto, los restos del naufragio del “15 M” forman un auténtico marasmo de grupúsculos encapsulados por las tecnologías, donde ya nadie es capaz de reconocer una alternativa política real, pero que sirven un poco para paliar la melancolía.

Estamos indignados… pero menos y, a ser posible, en días laborales. ¿Será que ya nos representan?

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