Hijos del «15M»

Aniversario 15M 2011-2016
Juan Laguna
Por
— P U B L I C I D A D —

En el aniversario del movimiento ciudadano conocido por las siglas “15M” que vino a conmocionar todo un sistema político y social en las plazas y calles de las ciudades y pueblos de España, conviene analizar cuales acabaron siendo sus consecuencias en el panorama político actual.

El grito ¡indignaos! —surgido en 2010— del ex diplomático francés Stèphane Hessel denunciando la peligrosa deriva de los sistemas políticos actuales, hizo que muchos ciudadanos de todas las edades, géneros, clases sociales, académicas, profesionales o laborales, se concentraran en la Puerta del Sol madrileña, con idea de mostrar su indignación por la situación de crisis existente y la precariedad de un futuro sin esperanzas.

De aquel movimiento ciudadano quedaron excluidos todos aquellos que, al amparo de partidos, organizaciones o ideologías, se habían convertido en una “casta parasitaria” (que vivía a costa de los presupuestos públicos) que había vampirizado el sudor y el esfuerzo de las siempre sufridas clases medias, creando unas estructuras elefantiásicas administrativas y políticas que, además, nos habían endeudado más allá de nuestras posibilidades como país.

Todos los intentos de rentabilizar al “15M” en beneficio de izquierdas o derechas, progresistas o conservadores, empresas o trabajadores, hizo que los lemas de manifestaciones y acampadas, rechazaran en un solo “PPSOE” la imagen de semejanza de todos los que formaban “la casta” y el grito de “no nos representan” suponía el fracaso de la llamada democracia representativa que la Constitución amparaba.

Recuerdo cómo, en la primera asamblea de la Puerta del Sol, antes de decidir la acampada en la misma y ante la preocupación de algunos para no quebrantar las leyes con estas acciones, hubo que recordar el artº 23 de la C.E. como bandera que ampara y consagra la participación de los españoles en los asuntos públicos. Una participación encorsetada y manipulada en el sistema partidario existente.

Una frase resumía el “15M”: “Tenemos que limpiar las mentes de toda la porquería ideológica que nos han metido, para construir el futuro”. Magnífica intención que sería poco a poco socavada por quienes fueron infiltrándose en la precaria organización para manipular sus asambleas, sus grupos de trabajo, sus propuestas e ilusiones para irlas orientando hacia los fines de siempre: el dominio de unos sobre los otros. Tenían a su favor su experiencia en esta tarea desde organizaciones diferentes. Políticas como IU o PSOE. sindicales como CC.OO. y UGT o anarquistas como la CNT. Eran jóvenes con una preparación dialéctica experimentada en años de interminables y cansinos debates en las aulas y foros de la llamada izquierda; algunos con esos títulos universitarios que, tan alegremente, se dispensaron durante la etapa educativa socialista que habían leído (quizá sin entenderlos del todo) a los clásicos de la filosofía, la política o la sociología, pero eso les daba un “plus” ante sus audiencias de colegas y amigos.

La conmoción de todo aquello hizo que las estructuras se alarmasen un poco, pero supieron rápidamente adaptarse a las nuevas situaciones. Siempre lo han hecho con medios y recursos infinitamente superiores a los que puede tener unos miles de personas sin más vinculación que su indignación. Crearon sus propios “indignados”. Los apoyaron más o menos directamente desde los mismos medios de comunicación que antes les habían aplicado toda clase de calificativos. El sistema creó a sus hijos del “15M”, los alimentó, los publicitó y los encumbró a las pasarelas de la política.

En unos casos se jugaba desde posiciones mediáticas supuestamente “progresistas” y allí los travestidos cachorros de IU o del PSOE, han tenido durante todos estos años la posibilidad de darse a conocer con discursos que venían a decir lo que la gente no se atrevía. Era la promoción personal de unos líderes diseñados específicamente para un fin, de donde salieron las figuras conocidas actuales. En otros casos, “hubo que hacer un “15 M” de derechas” (según palabras atribuidas al presidente del banco de Sabadell), basado en figuras jóvenes, ambiciosas, que se movieran en el supuesto “centro político”. De igual forma se las apoyó como posible recambio de proyectos ya considerados caducos: el PP y el PSOE (IU y UPyD nunca contaron).

Cuando nos asombramos ante el auge cogido por Ciudadanos y Podemos, no debemos olvidar su apadrinamiento de diseño al amparo de la “indignación”, con la condición de no cambiar las reglas del juego o, de hacerlo, que todo siga igual en la forma más “lampedusiana” del término. Se trataba de que fueran haciendo prácticas, introduciéndose en algunas instituciones públicas, para ir sustituyendo paulatinamente a los “titulares del equipo”. El “15 M” quedaba así capturado por el sistema y sus hijos seguirían los caminos marcados por sus mentores. Un nuevo bipartidismo, consolidado con la absorción reciente de IU por Podemos, acaba de aparecer en el horizonte, pero ¿quienes son sus líderes?

Para empezar todos ellos fueron capturados hace mucho tiempo por el imperio a través del idioma y de las tecnologías (algo muy conveniente para los intereses de ese imperio que trata de mantener hegemonías geoestratégicas y políticas a través de instrumentos diferentes)e incluso de las indumentarias. No parece que sea el ruso, el árabe o el chino las lenguas habituales entre ellos. Todos están alineados en el mismo frente occidental y sus veleidades republicanas o pacifistas recuerdan muy bien a sus antecesores, sobre todo a la hora de guardarlas en el armario para mejor ocasión. Resulta asombroso cómo el “poder” o la codicia de poder puede hacer olvidar principios, valores y creencias cuando se trata de “mandar” sobre los demás.

Estos “hijos del 15 M” han resultado ser unos alumnos aventajados en el cortoplacismo. Primero, tomar el poder a cualquier precio, tal como hemos visto en el espectáculo de pactos que diariamente nos ofrecen desde los medios de comunicación puestos a su servicio. Segundo, aprender todos los resortes de mantenimiento del poder con clientelismo a costa de los presupuestos públicos con la oferta de cargos, puestos y sueldos que siguen la tónica de los anteriores. Tercero, manipular a los ciudadanos como si estuvieran todavía en el ámbito de las plazas y asambleas del “15M” pero ya con la soberbia de los que se saben poderosos, retorciendo argumentos y razones en su provecho y en su interés personal que, al fin y al cabo, es el interés del imperio.

 

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