Independencia, interdependencia

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Ada Colau y Manola Carmena en El Intermedio con Wyoming | FOTO: La Sexta
Serralaitz
Serralaitz, el seudónimo usado por el autor en atención a su lugar de nacimiento, es un localismo que corresponde al nombre dado en la zona a una sierra riojana: la Sierra de la Hez, un conjunto de montañas en el corazón de La Rioja, entre las comarcas de Rioja Baja y Alto Cidacos-Alhama y Cameros y a una altura superior a los mil metros. Desde esa altura, cuando no hay niebla, las cosas se aprecian de una forma muy especial.

Lo de Cataluña, mejor dicho la manera como se está tratando el tema de Cataluña en los mass media y en los foros políticos, empieza a cansar y aburrir al personal.

El lunes pasado, 19 de setiembre, Wyoming se trajo a Manuela Carmena y a Ada Colau a una conversación de moscatel, café y pastas, si ustedes prefieren, que remedaba aquella película de “Tout le monde est beau, tout le monde est gentil”, Todo el mundo es bueno y simpático.

Ellas eran símbolos de la Transición de los años 70-80 del pasado siglo, y del 15-M de hace pocos años. Toda una herencia de lo mejor que ha dado de sí la política española a lo largo de su historia.

Aunque algunos han tildado este encuentro de un poco dulzón y más de contenidos digestivos pedagógicos que de cargas de profundidad de alta política, lo cierto es que dieron un ejemplo de cómo se debe hablar de política en clave positiva, cortés, huyendo del insulto facilón, grosero y ordinario. Desde este punto de vista, fue un alivio para el sufrido telespectador español al que le turran ya los oídos de tantos Jiménez Losantos, Rufián, Germán Ters y demás interlocutores.

La una y la otra levantaron acta de los desaciertos y traspiés que ha dado esta Piel de Toro en su intento de elaborar un programa de convivencia y estructuración de un país en el que conviven y están condenadas a entenderse distintas culturas, distintos idiomas, distintos niveles económicos y de renta, distintas formas de afrontar las luchas por el salario, la vivienda, la seguridad social, la enseñanza, la organización interna de las empresas y las luchas entre obreros y empresarios.

Está fuera de duda que estas diferencias nos exigen una cintura como la del Junco de Bérriz, nuestro famoso Marino Lejarreta, para dar a todos los ciudadanos y comunidades autónomas (y ya hemos desembarcado aquí el término de los años 1970-90, que no alcanzó a asumir este otro de nacionalidades o naciones, todavía muy verde por aquel entonces).

De momento, hemos superado viejos tiempos de lucha armada, y mal que bien intentamos curar las heridas y vaciar cárceles. Se trata de reconocernos unos a otros por un lado, un máximo de libertades y una mutua interdependencia o solidaridad también máxima. De reconocer nuestras diferencias y también las señales de identidades comunes de todos los que vivimos entre Gibraltar y el Pirineo, y más allá todavía, de hacer de cabeza de puente entre la próspera Europa y la sangrante África.

Los hay entre nosotros que solo quieren hablar de unidad nacional a toda costa, de una España una, grande y libre, los hay que solo quieren hablar de “su” país y plantar fronteras y fielatos en el afluente de tal río, o en tal cordillera y se niegan a todo proyecto de interdependencia entre todos los pueblos ibéricos.

Los hay por fin, que intentan compaginar Independencia e Interdependencia, en distintos niveles, a veces cargando en exceso la Independencia, a veces pasándose de la raya en Interdependencia. Tenemos el modelo PP, el de PSOE, el de Ciudadanos o el de Podemos, el de los partidos nacionalistas vascos, catalanes o gallegos.

Carmena y Colau pidieron y suplicaron el lunes 19 de septiembre que nadie se ponga nervioso, que pongamos en los debates más razonamientos que pasión, más cortesía parlamentaria que palabras gruesas, más disposición a ceder y transigir que empecinamiento…

Desgraciadamente, las cosas no van por esos cauces, y nuestra democracia no alcanza quizá un mínimo de calidad como para ganarse el respeto y consideración de nuestros vecinos de Europa y de los otros cuatro continentes.

Pero no hay que desanimarse. No tenemos más remedio que entendernos. Y casi todos estamos en ello…


FOTO: La Sexta

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