Dilema nuclear

Dilema nuclear
Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.

Entré en mi bar favorito donde Pesadillas estaba leyendo un artículo de principios de julio. Triunfante me enseñó el titular: “La ONU aprueba un Tratado prohibiendo el arma nuclear”.

-Eso está muy bien, afirmó ANDREA, nuestra camarera androida, mientras me servía mi bebida favorita según sus algoritmos. ¿Qué dicen las potencias nucleares?

-Muy sencillo, señaló Centrocampista, acercándose con su sempiterna copa. No comulgan con ello.

-Acusan, dije, a los promotores de ese tratado de mantener la postura de los países No Alineados en la época de la Guerra Fría que intentaban situarse al margen de los dos grandes bloques político-militares capitaneados por Moscú y Washington. Una postura actualmente desfasada, añaden.

-Sigo pensando que eliminar las armas nucleares es bueno y que esta iniciativa va en la buena dirección, insistió Pesadillas. Su empleo sería devastador. Han votado a favor 122 miembros de la ONU.

-Los padrinos de este acuerdo, precisó Centrocampista, son países neutrales clásicos como Suecia, Irlanda, Austria, además de otros como Sudáfrica, México, Brasil, Nueva Zelanda o Egipto, éste último porque no tiene el arma nuclear como Israel.

-Barack Obama ya abogó por la desaparición del arma nuclear en 2009, recordó Pesadillas. Los colectivos antinucleares argumentan que el arma y la disuasión nuclear son ya obsoletos.

-Como la OTAN, según decía Trump, señalé. Luego se desdijo. Alemania y Japón, muy sensibilizados en asuntos nucleares, no apoyan este acuerdo. Argumentan que los riesgos y amenazas de conflictos en sus áreas geográficas han aumentado.

-Querrán tener armas nucleares propias, aventuró Pesadillas.

-No es así, repuse. Ambos son signatarios, como España, del Tratado de No Proliferación (TNP) de 1968 por el cual solo cinco países están “autorizados” a tener armas nucleares: China, EEUU, Francia, Reino Unido y Rusia. Al igual que España, Alemania está amparada por el paraguas nuclear estadounidense al estar en la OTAN y Japón por su acuerdo bilateral de defensa con los EEUU.

-Este acuerdo contra las armas nucleares parece un brindis al sol, afirmó Centrocampista. No han votado a favor ni los miembros de la Alianza Atlántica, ni los nucleares antes citados del TNP, ni los cuatro nucleares que están por libre: India, Paquistán, Corea del Norte e Israel.

-No se puede desconectar la seguridad del desarme, señalé. Son dos lados de la misma moneda. Nadie va a desarmarse si ello incrementa su vulnerabilidad.

-Pero es la buena dirección, volvió a abogar Pesadillas. Un cálculo equivocado en la cuestión de Corea del Norte y me daríais la razón.

-Ahora habrá que observar cómo convive este acuerdo con el TNP, subrayó Centrocampista. Este nuevo acuerdo pudiera, incluso, permitir a algunos de los signatarios del TNP escabullirse del mismo para blanquear intenciones perversas porque el TNP dispone de un sistema muy eficaz de verificación mediante el Organismo Internacional de Energía Atómica.

-Algo interesante de esta cuestión es su repercusión en la defensa europea, afirmé. ¿Dispondría Europa de una disuasión nuclear propia?

-Dispondría, quizás, de la francesa, especuló Centrocampista. Es el único país nuclear de la Unión Europea tras la salida del Reino Unido. Esa disuasión es para la defensa de su territorio y la de sus intereses vitales, pudiendo estar entre éstos últimos sus socios de la Unión Europea. Si quiere…

-En tal caso, ¿Lo aceptarían, entre otros, Austria, Irlanda y Suecia?, volví a preguntar.

-Sería contradictorio con su firma del acuerdo para prohibir las armas nucleares, aventuró Pesadillas.

-¡Que se fastidien! exclamó Centrocampista irritado por tanta complicación.

-No es tan sencillo, señalé. Entre otras cosas porque en la defensa europea convencional difícilmente sería aceptable que fuese asegurada a todos por unos pocos y la nuclear por uno solo si los demás no se mojan. En la Alianza Atlántica eso está resuelto. En una operación defensiva todos los aliados soportan el mismo riesgo con diferentes tipos de aportaciones. Podría hacerse lo mismo en el caso europeo.

-No es como en las operaciones de mantenimiento de paz, prosiguió Centrocampista, donde las aportaciones son voluntarias. Esos tres países no están en la Alianza, lo que puede complicar la defensa europea, sin perjuicio de que Suecia haya participado con la OTAN en la operación contra Libia y en ciertos ejercicios haya pedido el amparo aliado. Será neutral, pero arrimada a amigos bien armados…. Conviene, sin duda, que una defensa europea sea compatible con la de la Alianza Atlántica.

-Estoy anonadado, confesó Pesadillas. Esto de una defensa europea ni suplanta la OTAN ni nos evita la disuasión nuclear.

“Vaya chasco”, le dijo ANDREA a Pesadillas con una sonrisa irónica mientras le traía un whisky bien cargado para consolarle y Centrocampista le decía “¡Qué más te dará”!


Publicación original: Estrella Digital

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