España de ayer, España de mañana

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lorca
Serralaitz
Serralaitz, el seudónimo usado por el autor en atención a su lugar de nacimiento, es un localismo que corresponde al nombre dado en la zona a una sierra riojana: la Sierra de la Hez, un conjunto de montañas en el corazón de La Rioja, entre las comarcas de Rioja Baja y Alto Cidacos-Alhama y Cameros y a una altura superior a los mil metros. Desde esa altura, cuando no hay niebla, las cosas se aprecian de una forma muy especial.

María Zambrano en un libro al que ha puesto de título: España, sueño y verdad, que pivota sobre las figuras de Ortega, Unamuno y Don Quijote, define a una España en base a las esencias de Castilla. Como si Castilla fuese toda España…

Hombres de su tiempo, como García Lorca, conectaban su sueño de España con Salvador Dalí, con Galicia, con Nueva York: Juan Ramón Jiménez se arriesgaba, más allá, con Rabindranath Tagore y el hinduismo, siglos antes, Bartolomé de Ertzilla escribía su Araucana sobre eel modelo de la Ilíada, en la que los conquistadores españoles eran los griegos, y los indios chilenos los troyanos.

El caso es que hoy nos empeñamos y debatimos en defender una España en la que caben todas las autonomías, pero mientras los hay que siguen con el credo político de la Zambrano, otros pelean por una Piel de Toro troceada. Otros, se empeñan en combatir la avalancha de rumanos, africanos y sudamericanos que viene aquí a trabajar y quizá a quedarse para siempre, y les asusta la perspectiva de una España blanca, negra cobriza y mestiza.

Dice el refrán que no se pueden poner puertas al campo. Y la historia cuenta que la Italia de Garibaldi y Víctor Manuel se ha desplazado al Este norteamericano, y campea a sus anchas por New York. Que la España de los Austrias habla el sefardí por todos los continentes y ha impuesto su idioma y apellidos a Sudamérica y Filipinas.

Nos lamentamos de que nuestros cerebros más insignes y nuestros universitarios andan triunfando en USA y Europa, y les pedimos que vuelvan; y que vuelva también los Pérez, Martínez y demás que emigraron a Europa a trabajar y se han quedado allí.

Y uno diría que la palabra emigración se ha quedado desfasada, que ya a estas horas estamos asistiendo a un trasiego constante de población entre países y continentes imparable, incontenible. O sea que vivimos en una aldea global no solo a nivel de estructuras capitalistas, sino a nivel de poblaciones humanas.

Un día quizá tendremos un túnel entre Ceuta y Tarifa, y nos negaremos a creer que en Ceuta y Melilla había alambradas y concertinas. Y unos y otros, chinos, europeos, americanos, musulmanes, tendremos que acordar un mínimo de normas que regulen el trasiego de población a todo lo largo y ancho del planeta.

María Zambrano, Ortega, Unamuno, se olvidaron de la españolidad de García Lorca, Salvador Dalí, Castelao. Abramos nosotros la mirada hacia los españoles que fueron y hacia los que serán, sean los que sean. En vez de frenar, prohibir, represaliar, intentemos regular y consensuar el ritmo de nuestra población del futuro. España no es una momia, es un ser vivo que evoluciona, como decía Antonio Machado, España es un camino abierto a todos los horizontes.

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