El movimiento que no cesa

Juan Laguna
Promotor y fundador de Tiempo Liberal con actividad política desde la Transición. Funcionario jubilado. Empresario. Productor y dramaturgo. Conservador de Bienes Culturales.
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Hoy se presentaba en Madrid una nueva plataforma política bajo el nombre de “Movimiento Ciudadano” auspiciada por el partido de “Ciudadanos de Cataluña”, en lo que parece un definitivo salto de este partido a la política nacional donde, —a juzgar por la gran expectación pública que ha tenido—, parece haber despertado nuevas esperanzas.

Mucho ha llovido desde aquel 15M de “indignados” que ocuparon la Puerta del Sol en Madrid en un acto simbólico y se perdieron luego en una atomización de grupos huérfanos de cualquier estructura organizativa efectiva. Desde entonces, los “indignados” se dividieron en dos sectores: los que deseaban participar en política y los que sólo querían protestar en política; los que pretendían cambiar las cosas con alternativas y propuestas y los que sólo pretendían mantener la condición de súbditos del poder con sus peticiones.

Hemos visto como -en los últimos años- muchos grupos intentaban organizarse en plataformas, partidos modestos y pequeñas organizaciones, cada uno con su bandera y sus líderes y hemos comprobado cómo la soberbia, la falta de unión y el exceso de protagonismo personal han acabado con unos intentos loables de participación en la vida pública española. Todos defendiendo lo mismo pero, al parecer, separados por pequeños matices que impedían la cristalización de un movimiento político novedoso y serio desde los propios ciudadanos.

Hoy Albert Rivera aludía a Víctor Hugo para enfatizar el valor de las ideas en el contexto social que las necesita para resaltar que, en política, no todo es cuestión de dinero, de líderes carismáticos o de ideologías ya periclitadas, sino de ilusión, esfuerzo y recuperación de la condición de ciudadanos responsables, ante unos administradores que nos han sumido en un caos o que están llenos de compromisos que les impiden enderezar el rumbo de esta nave que es España.

Los ciudadanos son responsables de su libertad y esa responsabilidad supone su implicación en política o el riesgo de perderla en manos de otros. Pero esa responsabilidad sólo puede realizarse desde propuestas nuevas y viables de convivencia social. No puede nunca ser fruto de sistemas asamblearios por mucho ruido que hagan, sino de personas capaces, honestas y preparadas para asumir lo que significa la palabra “política”, lo que significa la palabra “libertad” y lo que significa la palabra “democracia”. Unos ciudadanos libres de compromisos ideológicos, partidarios o personales, que puedan poner manos a la obra para construir una alternativa diferente donde el ciudadano se sienta como tal y trascienda su condición de “mandado”.

Los únicos “mandados” son los que cobran de los presupuestos públicos y están al servicio de quienes les mantienen y pagan. Cuando los administradores subvierten el sistema de servicio al que están obligados y se erigen en dueños de la finca, son éstos los que deciden su despido y asumen la dirección de sus propios asuntos.

Se han pervertido y subvertido demasiadas cosas en nuestras sociedades desarrolladas para ponerlas al servicio de quienes, desde las corporaciones financieras o desde el sector público, se han aprovechado de los poderes depositados en sus manos. Los clientes hemos sido los paganos de muchos despropósitos institucionales y corporativos porque hemos buscado la tranquilidad y comodidad de la tutela administrativa y económica, renunciando a nuestros propios deberes. Esos deberes que nunca se gritan en las manifestaciones al uso, porque suponen la responsabilidad de decidir y acertar o equivocarnos. Una sociedad en anomía, maleable, manipulable y gobernable por haber elegido que otros asuman las responsabilidades y elaboren las reglas del juego que, desde luego, nunca serán en su contra.

Saludamos por ello a este Movimiento Ciudadano nacido desde la esperanza de quienes quieren y no encuentran la forma de ayudar a España a salir adelante. Desde la esperanza de que puedan encontrarse ciudadanos responsables, preparados y solidarios que quieran trabajar para los demás y no busquen cómo vivir “de” la política, sino como vivir “para” la política. Temporalmente, con la satisfacción de haber buscado el bien común y la responsabilidad de su ejemplaridad absoluta. Con la esperanza de que pueda ser esa plataforma que sume sin recelos, soberbias ni protagonismos, las voluntades de quienes quieran arrimar el hombro a la tarea difícil de gobernar por delegación del pueblo soberano.

El panorama político actual y sus modelos han fracasado en su forma y en su fondo. Sólo el poder es la amalgama que une las muchas fisuras de los sistemas políticos y los mantiene, pero el poder, como reconocen las propias constituciones, lo tiene el Estado, esa unión política de los ciudadanos de cada país. Ellos son los verdaderos propietarios de la finca y siempre están en condiciones de despedir a los malos administradores.

Están equivocados quienes desde el interés personal o la miopía política no se den cuenta de que ya nada será igual. Que el movimiento ciudadano no cesará hasta que se recuperen las esencias de una verdadera democracia y se superen las divisiones artificiales creadas interesadamente entre los españoles. Que la “indignación” es permanente aunque parezca a veces agotada y se abre la crítica a los sistemas. Que hay nuevas ideas y proyectos para una sociedad más justa y equilibrada. Que nadie ha dicho la última palabra en el enorme potencial de regeneración de los seres humanos.

Si sabemos y creemos que podemos cambiar las cosas, tendremos que hacerlo por convicción y por coherencia. Porque está en juego nuestro futuro y no podemos dejarlo en otras manos que las nuestras.

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