Dos Españas

Fernando Lanzaco
Licenciado en Derecho y en Ciencias Políticas. Periodista titulado por la Escuela Oficial de Periodistas, pertenece al Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado. Ha desempeñado, entre otros, los puestos de Subdirector General de Coordinación Administrativa del Ministerio de Educación y Ciencia, Presidente del Instituto Nacional de Asistencia y Promoción al Estudiante, Director General de Personal de Ministerio de Educación y Ciencia, Subdirector General del Ministerio de Justicia y Gerente de la Universidad Politécnica de Madrid.
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Una administración pública superpoblada con amplias clientelas endogámicas o mediatizadas por la selección política; amontonada e invertebrada por la inexistencia de carrera administrativa verdaderamente profesional, segura y estimulante. El funcionario goza de la seguridad del puesto pero no del reconocimiento del esfuerzo, y los niveles influyentes de las Administraciones Públicas están saturados de asesores de nombramiento discrecional, en su inmensa mayoría, pesebreros de lujo de los partidos políticos; una clase política elefantiásica, superprotegida, bien pagada en general, relación con lo que, de acuerdo con los bajos niveles de exigencia para su reclutamiento y funcionando sin control posible, en frase del ex-presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, que vino a decir que teniendo en la Junta cientos de Directores Generales, el que quiere robar, roba y no se puede evitar.

Separatistas displicentes malversando y abusando del dinero de todos, juzgadores estrella que atribulan el ánimo con sus sentencias y comportamientos, tribunales vergonzantemente obsequiosos con sus jefes políticos; el sentimiento abrumador de una derrota política inferida por los terroristas vascos que con sangre —y la vileza de los gobernantes del Estado— señorean ahora con terrorismo verbal y burla inclemente las calles del País Vasco; tinglados sindicales vampirizando, con los partidos políticos, la hacienda de los ciudadanos y además con artilugios para incrementar la mamandurria más descarada; casi seis millones de parados; el 25 % de fracaso escolar; miles de millones de euros en socorro de la Banca y las Cajas, ya hace tiempo y no por ello llega el crédito a los empresarios; la politización y saqueo de las Cajas de Ahorros, con sindicalistas, diputados, senadores, alcaldes y hasta ex-Vicepresidentes del Gobierno esquilmando esas instituciones con avaricia e incompetencia; miles de aforados (hay países con dos o tres figuras, aquí más de diez mil); una deuda astronómica; Gibraltar hampona y desafiante; banderas nacionales vejadas e incendiadas, así como la efigie del Jefe del Estado; la Cumbre Iberoamericana que habría de ser nuestra plataforma política en el mundo junto con la U.E., desmoronándose; millones de jóvenes sin esperanza y profundamente escépticos sobre su vida y sobre la validez de una democracia que quiso ser representativa, y ahora es una partitocracia de control asfixiante y universal, en lugar de una democracia del pueblo; gentes que jalean a los criminales y participan en asaltos y saqueos cometidos en pleno día; una ex–ministra socialista que defiende el derecho a que la terrorista Inés del Rio, sea indemnizada con treinta mil euros por daños morales, a quien es responsable de veintitrés asesinatos y está en la calle.

Mala memoria histórica, memoria solo de lo malo; partidos políticos que son iglesias sectarias, gestores que se han comportado como ladrones insaciables (y con escasos riesgos) del dinero público que “al fin y al cabo no es de nadie”. Universidades en puestos remotos en todos los rankings; los peores en Pisa. Agravios longevos que quieren eternizarse. Sí. Eso es España hoy y aun mucho más. Esa es una España.

Hay otra España. Y es tan certera como la descrita.

Tenemos los jóvenes mejor preparados de todos los tiempos, nos desenvolvemos en una atmosfera de tolerancia y adaptabilidad, el nivel dogmático de nuestras creencias y actitudes, al menos en los jóvenes, rompe barreras de incomunicación; somos titulares de empresas realmente abanderadas en varios sectores a nivel mundial: disponemos de unas Fuerzas Armadas disciplinadas en la civilidad y en la competencia; una Iglesia Católica más fraterna que jamás y lo que le queda, pero lo sabe y lo quiere; un éxito del turismo y las exportaciones en tan desmedradas circunstancias; unas victimas del terrorismo que no desfallecen en la búsqueda de la justicia pero no han tenido la tentación de tomársela por su mano y por ello constituyen así el mejor fundamento moral de nuestra desfallecida democracia; nuestros millones de pobres, muchísimos nuevos pobres, sufren violentados pero sin violencia. Al contrario que los violentos que nunca carecen de alimentos y trabajo; somos un país que ríe sus penas y que es hermoso, variado y firme en los siglos… Entrenado a sufrir. También es España, también es de hoy. Y estoy seguro de que es la mayoría.

Entre tantas y tan vergonzantes heridas y traiciones, España vale la pena y aun puede movilizar raudales de alegría, vitalidad y energía.

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