El mito de la izquierda

El filósofo Gustavo Bueno, en una imagen de archivo (Quality)
Juan Laguna
Promotor y fundador de Tiempo Liberal con actividad política desde la Transición. Funcionario jubilado. Empresario. Productor y dramaturgo. Conservador de Bienes Culturales.

Este es el título con que el filósofo español Gustavo Bueno disecciona los diferentes modelos de izquierda (“mito oscurantista”, según Bueno) que se han movido en España en los últimos tiempos, clasificándolos en diferentes tipos sumamente variados, que culminan con lo que llama “izquierda divagante” o “extravagante” que, también podríamos considerar “izquierda burguesa” entrando en colisión con los valores y principios proletarios que se les supone (mitología). 

De forma colectiva, desde la Transición han existido unas “izquierdas” más o menos “definidas” o comprometidas alrededor del Partido Comunista, (convertido ya en “eurocomunismo”) como contraposición formal al de la URSS.  

Sus cuadros y dirigentes más conocidos formaron parte de las primeras estructuras del Estado “social y democrático” que consagraba la Constitución Española, en cuyo texto participaron a través del diputado catalán Jordi Solé Turá, siempre bajo la lupa o bajo la batuta más o menos visible del vencedor de la II G.M. (EE.UU.) ya empeñado en tutelar a las naciones en su transición a la democracia como ocurrió en España. 

Esta tutela ejercida a través de las múltiples redes políticas y civiles americanas pretendió hacer del PSOE (Partido Socialista Obrero Español) que fundó en el año 1879 Pablo Iglesias Posse como “partido de clase obrera, socialista y marxista”, una herramienta socialdemócrata, que ideológicamente se opusiera al comunismo soviético en el espacio europeo. El golpe para ello se produjo en Suresnes en el año 1974, donde el histórico dirigente socialista Rodolfo Llopis, era sustituido por una izquierda más maleable y pragmática de origen burgués:  el llamado “clan de la tortilla” con Felipe González a la cabeza se hizo con el partido y, cuando llegó el momento, acogió con entusiasmo todo lo que demonizaba inicialmente: “OTAN, de entrada NO” fue cambiado por el “OTAN, SI” en cuanto llegaron al poder, así como el “marxismo” residual o el “republicanismo” iniciales. La economía de mercado defendida por los grandes capitales americanos, se compensaba con el llamado “estado de bienestar” orientado a aplacar cualquier reivindicación de clase. No sólo se aceptaba el nuevo régimen, sino que se colaboraba con él (siempre con la tutela -sobre todo económica- americana a través de la nueva Alemania. Atrás quedaban indumentarias y demás “atrezzo” cuando se convirtieron en la “beatiful people” y la “bodegilla” de Moncloa acogía a la nueva corte de elegidos. 

La llegada al poder del PSOE en el año 1982, tras el fallido golpe de estado del año 1981, se saldó con la muerte de Montesquieu y la división clásica de poderes: el legislativo y el judicial con su función de contrapoderes, quedaban sometidos al ejecutivo que controlaba todos ellos a través de su mayoría parlamentaria absoluta y se iniciaba una etapa de supuestos “cambios” que dejarían a España “que no la reconocería ni la madre que la parió” (según el Sr. Guerra). La ilusión de una democracia sólida y real se desvanecía a los pocos años de haberse iniciado. Para ello se utilizó al denominado “cuarto poder” (los medios de comunicación) que trasladarían a la “soberanía nacional” el mensaje o el relato que conviniera. Su buque insignia “El País” fundado como “independiente” se rendía a los encantos del nuevo gobierno y transmitía puntualmente sus logros. Los demás no tardarían en caer de una forma u otra, tal como cuenta el periodista Jesús Cacho en su magnífico libro “El negocio de la libertad”, cuyo contenido aún colea como las excelentes relaciones entre el socialismo, la prensa, la monarquía y los nuevos cortesanos con sus amistades peligrosas donde los negocios tenían un papel importante.  

La “izquierda” que iba a transformar a la sociedad, se adaptaba a las nuevas (pero siempre mismas) circunstancias: unos mandan, ganan dinero y tienen privilegios a costa de los demás que simplemente trabajan y son considerados inferiores. La clase política se profesionalizó y se transformó en “casta” (según el mundo del otro Pablo Iglesias, líder de “Podemos” y hoy vicepresidente del gobierno de la nación). 

Cuando llegó la derrota electoral de la primera oleada del PSOE, todos sus miembros ya estaban colocados. De hecho, desde la situación inicial, sus vidas cambiaron notablemente, así como sus ideas sobre el capitalismo y sus males. No obstante, la mitología persistía en sus militantes y simpatizantes que no  han entendido bien lo de “gato blanco o gato negro, lo importante es que cace ratones”, proverbio aprendido del líder comunista chino Deng Xiaoping,  que en español castizo se podría traducir en el “ande yo caliente….” El pragmatismo personal sobre todo lo demás. En los mítines la camisa desabrochada (soy de los vuestros) para más tarde cambiar de indumentaria, de compañía y de escenografía. 

Más tarde seguiría la racha y el mundo de los negocios y del dinero cambió la faz y las costumbres de los nuevos ricos, hasta el punto de sentirse “desconcertados” (como ha dicho un Felipe González muy diferente al idealista de la “tortilla”) no por la práctica desaparición del PSOE, sino…¡por la política de comunicación de Sánchez con el Covid 19! en el transcurso de una entrevista en el “European Council of Foreing Relations” (una ONG o fundación que sigue la pista de sus homólogas americanas del siglo pasado o de otras organizaciones preocupadas por el porvenir de la Humanidad “a través de informes, presencia en los medios, redes sociales y opinión pública, así como diplomacia privada”). Una parte más de esas izquierdas “divagantes” o “extravagantes” (en la clasificación de Gustavo Bueno) que, en EE.UU. se confunden con las izquierdas liberales del partido demócrata, donde resuenan apellidos importantes de la filantropía y sus redes como Rockefeller, Carnegie, Ford o Soros (la “izquierda exquisita” de Tom Wolfe.- “El nuevo periodismo”).

Los “poderes salvajes” (no sujetos a norma) que el jurista Luigi Ferrajoli analiza en su libro sobre la “crisis de las democracias constitucionales”, han encontrado una nueva alianza entre el capitalismo salvaje con las nuevas izquierdas del mundo.


FOTO: El filósofo Gustavo Bueno, en una imagen de archivo (Quality)

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