El independentismo catalán y el 23F

Glosas de Diógenes
GLOSAS DE DIÓGENES es la fórmula narrativa de un heterónimo (a la manera de Pessoa) que hace referencia a temas actuales (y a su tratamiento por editoriales y articulistas) con el descaro con que el Diógenes —el filósofo que deambulaba con un farol diciendo “Busco un hombre”— mantuvo en su encuentro con Alejandro: "¿Pídeme lo que quieras?", le ofreció el gran conquistador. El viejo filósofo se limitó a decir: “Solo pido que te apartes, pues me tapas el Sol”. La Historia registra que al retirarse el gran Rey musitó: "Si no fuera Alejandro me gustaría ser Diógenes”.

El primero que aludió al proceso independentista como un Golpe de Estado a cámara lenta fue Alfonso Guerra. El ya jubilado político ha sido el más agudo fabricante de frases en distintos periodos de nuestra democracia: hay un primer Alfonso Guerra que despliega su ingenio desarrollado en su profunda afición teatral de su vida universitaria; es el hombre que ante las maniobras de Adolfo Suárez en el difícil proceso de la transición, le define como “Tahúr del Misisipi” creando una imagen que en ese momento valía más que todo un discurso. Es solo un ejemplo pero fueron muchos sus hallazgos metafóricos y sus imágenes verbales, tan celebradas por los suyos como denostadas por sus contrarios. El segundo Alfonso Guerra se pierde en un anonimato consciente y planificado entre parlamentarios del montón. El tercer Guerra es el actual: un pensador fino, un demócrata acreditado, un “padre” efectivo de la Constitución pues sin estar entre quienes se hicieron la foto, dirigió el Pacto Constitucional desde la ideología socialista. A ese Pacto debe España el más largo periodo de paz y prosperidad de nuestros dos últimos siglos.

Del lacónico comentario de Guerra sobre el secesionismo catalán se han derivado múltiples referencias comparativas con el golpe de Tejero el 23F hace tres décadas. Varios artículos han establecido con énfasis esa comparación y, en los discursos que hemos escuchado al constituirse el Parlamento catalán, oradores contrarios a la deriva secesionista han aludido a que, después de aquel día nefasto, este es el más grave atentado contra nuestra Constitución. Pues bien, si la comparación es correcta recordemos que tras el Golpe de Estado del 23 F la reacción de los poderes públicos fue inmediata y unánime: los golpistas durmieron en prisión desde que el golpe fue abortado y el pueblo salió a la calle en una manifestación que se cifró en más de dos millones de personas. Entonces —repitamos de nuevo— si la comparación es correcta ¿qué más debe ocurrir para que los golpistas sufran la Ley? O es que son solo palabras y la comparación no se la creen ni quienes la hacen. En tal caso elijan bien las palabras: no estamos para ligerezas cuando se está negando de forma flagrante el derecho a decidir sobre una parte de España a todos aquellos españoles que no viven en ese territorio.

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