Eduquen a sus hijos y a sus hijas en igualdad #EllasPueden

Escuela de la Cultura Tradicional de Fushum
Marta Pastor
Periodista y poeta de Madrid, directora y presentadora de "Ellas Pueden" de Radio 5.

La pasada semana se clausuraba por orden del gobierno una escuela en China. Esto contado así no tiene el perfil de noticia, pero detrás de este cierre hay una historia bastante penosa y que conviene ser contada.

La escuela está en el noreste de China y se llama Escuela de la Cultura Tradicional de Fushum. Es una centro educativo para mujeres en el que se les enseña “moral”, y sus principios se basan en tres mandatos: Hablar menos, hacer más tareas domésticas y ser obedientes con los hombres.

Todo esto se puede ver en un video que se filtró en la red social china Weibo, en el que se describen como son las clases que se imparten en esa institución, y en el que por ejemplo se puede ver en él, el tipo de “virtudes tradicionales” que aprenden allí las mujeres. En el video se contempla como la profesora explica a las chicas allí presentes que “las mujeres no deberían esforzarse por avanzar en la sociedad, sino que deberían permanecer siempre en el nivel inferior”. También, esta profesora, anima a las mujeres a que nunca pidan comida, porque lo que tienen que hacer es cocinarla, o que las mujeres deben obedecer incondicionalmente a sus padres, esposos e hijos, y nunca deben discutir cuando se les “regañe”, ni protestar cuando se les pegue. Y por supuesto queda terminantemente prohibido divorciarse.

En esta escuela se ha estado enseñando a las mujeres a tender la ropa, hacer la cama, fregar el suelo y también el inodoro, y en el video se pueden escuchar cosas tan peregrinas como a un maestro declarando que “si una mujer tiene relaciones sexuales con más de tres hombres, el semen se vuelve venenoso y puede llegar a matarla”. También les expone que si el marido les solicita alguna cosa, la respuesta de la mujer debe ser “si enseguida”. Todo esto que les estoy contando no es fruto de mi imaginación, está pasando en China y es totalmente real.

Estas “clases”, por llamar a esto de alguna manera, se llevan impartiendo desde el año 2011, y la escuela se formó por iniciativa de la Asociación de Investigación sobre la cultura tradicional de Fushum, en defensa de los valores que emanan de la filosofía de Confucio, y que ha ido creciendo en los últimos años abriendo sucursales por todo el país. Los cursos de moral tradicional basados en la filosofía de Confucio se han multiplicado en China en los últimos años y sus enseñanzas remiten a valores conservadores de obediencia.
El confucionismo, que fue practicado durante la época imperial, se prohibió tras la revolución comunista de 1949.

Sin embargo, tras la llegada a la presidencia de Xi Jinping esta filosofía se ha puesto de moda, al punto que el propio presidente cita a Confucio en sus discursos como referencia patriótica a las tradiciones chinas.

Esta escuela fue clausurada hace unos días por las autoridades chinas ya que alegan, desde luego con buen criterio, que las enseñanzas que allí se imparten van en contra de la “moral socialista”, y visto lo visto han decidido incrementar el control para localizar escuelas e institutos similares en todo el país, pero el daño ya está hecho ¿Cuantas niñas y mujeres habrán pasado por esa escuela y otras similares en la última década? ¿Cómo desaprender lo mal aprendido con esas enseñanzas?

Este caso en China es un ejemplo extremo, y no podemos extrapolarlo de una manera generalizada, pero es la educación la base más importante del machismo que impera en el planeta, donde millones de mujeres y niñas reciben cada día enseñanzas como estas, que probablemente las dejen marcadas de por vida, “convenciendolas” de que son seres inferiores al servicio del varón.

Cada semana cuando termino el programa de Ellas Pueden en Radio Nacional de España, cito esta frase: “Eduquen a sus hijas y a sus hijos en igualdad”. No es una frase hecha, no es una muletilla al uso, es una realidad, tal vez la más importante con la que hay que trabajar para acabar con el machismo imperante, y desgraciadamente creciente, y conseguir que las mujeres ocupen el sitio que le corresponde, que no es ni más ni menos que el de un igual.

Hechos como este no deben pasar inadvertidos. Si no vigilamos la educación de nuestros hijos e hijas, no solo en casa, sino también fuera de nuestro hogar, si tomamos hechos como este a la ligera, considerándolos una mera anécdota, estaremos contribuyendo a ralentizar la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, y no les quepa duda, que estaremos por tanto retrasando el progreso y el bienestar de toda la sociedad, porque una sociedad que considera a las mujeres como seres inferiores no es una sociedad progresista y de bienestar, es una sociedad mediocre, que alimenta al monstruo del machismo, que al final lleva a la violencia y desde luego infeliz y tremendamente frustrada. Piensen en ello que merece la pena.

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