Mujeres. Ni estamos, ni se nos espera.

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Marta Pastor
Periodista y poeta de Madrid, directora y presentadora de "Ellas Pueden" de Radio 5.

Cada vez escucho a más políticos dirigirse a nosotros, los ciudadanos como si no hubiera mañana, y como si no hubiera pasado. Nos catalogan como votantes carpe diem, para contarnos sus cuitas circunstanciales e implicarnos en ellas. Mensajes que por cierto de tanto repetirlos —no tienen nada mejor que hacer— a la postre, terminan impregnándonos, desviando nuestra atención de lo que verdaderamente nos importa y nos afecta.

Por ejemplo, miles de mujeres en España llegan a la edad de jubilación sin derecho a pensión por haber estado dedicadas al cuidado de la familia. Mujeres mayores que ya no tienen ni siquiera la capacidad de entrar en el mercado de trabajo, y que han cuidado de la casa, del marido, de los hijos y de los padres, porque tampoco en su momento la sociedad las dejo otra opción que esa, y que de hecho fomento ese tipo de tareas, dejándolas al margen de cualquier otra posibilidad. ¿Saben lo que significa eso? Que a día de hoy se está incrementando la pobreza y la dependencia en las mujeres mayores.

Ningún gobierno ha tenido interés por cerrar esa terrible brecha en la que se encuentran esas mujeres con más de 65 años sin derecho pensión. Nadie ha querido hablar de eso, porque hemos vivido y vivimos en una sociedad machista, que de vez en vez maquilla ese machismo con campañas puntuales sobre temas que normalmente afectan poco o muy poco a los presupuestos, para taparnos la boca.

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Si miramos con atención los programas de los partidos políticos, no solo los de esta campaña electoral que ahora se libra en Cataluña, sino hacemos, pues, un histórico de esos programas, veremos que este tema, ni se aborda, ni se contempla, ni se prevé, ni se trabaja. Ni siquiera he encontrado una comisión parlamentaria que haya abordado esta situación en algún momento, y que ahora empieza a desbordarse, pero que nadie quiere mirarla de frente.

Hoy, por ejemplo, estamos tremendamente pendientes de unas obras de arte y su ubicación, y no solo eso, sino que hemos hecho portadas con esa pelea entre Cataluña y el resto del país, por tenerlas colocadas en un sitio u en otro, marcando la noticia, además como si esto fuera vital para los españoles. Verdaderamente estamos en una sociedad cada vez más enferma que coloca en el oscurantismo los problemas graves, y da luz a lo anecdótico, creando, si una se para a pensar unos minutos —tampoco nos fomentan eso de pensar mucho— un verdadero país esperpéntico y grotesco.

Asistimos, ya de continuo a campaña electorales, cada año varias, como si fuera una epidemia de políticos corriendo detrás del poder, pero el poder ¿para qué? ¿Para hacer qué?…

Me empiezo a preguntar, y es una cuestión peligrosa, como nos beneficia a las mujeres, que esté uno u otro partido en el poder, si estamos al margen de sus agendas. Si los problemas que tenemos, no solo este, que cito hoy, sino otros muchos no se abordan cuando unos u otros llegan al poder con nuestros votos. Si, esos votos que se afanan a solicitarnos en sus peroratas interminables sobre planteamientos cada vez más alejados de nuestra realidad. Me pregunto si van a tener utilidad a la hora de cambiar una sociedad machista como esta por una sociedad en la que los hombres y las mujeres tengan igualdad real. La respuesta, de momento, es NO y a los hechos me remito.

Son las diez de la mañana. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 12 grados.

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1 Comentario

  1. Ayer “El Confidencial” realizó un acto público al que llamó “Mujeres influyentes, claves para liderar el cambio”. Estaban representadas por mujeres que, en diferentes sectores (político, mediático, empresarial y financiero), habían logrado estar en la cresta de la ola profesional (la política ya lo es, aunque no debiera serlo). En todo momento se referían a sus parejas como elementos clave de su situación. El hombre seguía siendo la referencia. También reconocieron su privilegiado “status” con personas de servicio a las que podían pagar, en relación con ese altísimo porcentaje de mujeres que no pueden “conciliar” sus escasos sueldos (cuando consiguen un trabajo), sus horarios abusivos (explotación laboral), su precaria salud (por condiciones laborales), acoso sexual (por las mismas razones) , etc.etc. Comprensión, mucha comprensión para ellas desde la tribuna, pero escasa efectividad tras el “vino” y los “canapés”….. ¡Lástima! Un saludo.

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