Desayuno de un alcarreño en Madrid rodeado de catalanes

Equilibrios protocolarios... FOTO: La Crónica
Augusto González Pradillo
Director de la Crónica de Guadalajara.

¿Saben aquel que diu…? Como si de un chiste del recordado Eugenio se tratara, hace ya una semana que un alcarreño estaba en Madrid, en un salón lleno de brillos y dorados, rodeado de catalanes y de corbatas, para escuchar al director de “La Vanguardia” hablar de sus cosas, que en estos tiempos tan agitados son las cosas de todos. 

A diferencia de las impávidas peroratas de Eugenio Jofra Bafalluy, la de Màrius Carol Pañella (con ñ, no con ny) estuvo orientada a despertar sonrisas cómplices y gestos de aprobación entre la repulida audiencia, además de recordar por lo menudo las andanzas del apellidado Mas cuando devino en Artur desde el originario Arturo.

Ha pasado ya una semana y nada se ha conmovido bajo el orbe mundial o bajo el orbe catalán, tantas veces errantes por el espacio-tiempo en universos paralelos.

Viene todo este preámbulo a cuento para explicar que este que les escribe se acercó al “Palace” para que lo sentaran en una mesa de las primeritas, le atendieran con la amabilidad que no siempre encuentra en su cercana tierra alcarreña y se dispusiera a escuchar más que a hablar. Y sin embargo, también le preguntaban los atildados empresarios circundantes: ¿Qué tal le va a Félix (Abánades)? ¡Ah, pues no sabía yo que Carlos Slim había comprado en Alcalá la parcela que me dices! ¿Todavía caben almacenes de logística en el Corredor del Henares? En fin, si los de Hercesa lo hacen con los de Tarragona, habrá que estar atentos a la jugada…

Todo tan real como la vida misma, real como el dinero que se juega en los cenáculos, que nada tienen que ver con la despedida de Jesús a sus discipulos entre pan, vino y cordero sino con la forma de empezar el día entre café, croissants de tamaño mini y retahílas de palabras.

De Guadalajara en Madrid lo que interesa es el beneficio, lo cual no debiera sorprenderle a nadie, ya que lo que da valor medible a cualquier persona ante cualquier otra es eso y nada más: lo que se pueda sacar del prójimo a cambio del mínimo esfuerzo. Incluso la amistad, carente de sexo, es intercambio de compañía o de soledad acompañada, si lo miras bien. Nada que objetar, si todos estamos conformes. Lo mejor de la vida es intangible.

Por esos mismos salones del “Palace”, en febrero de 1981 andaban inquietos periodistas y subsecretarios, unos detrás de otros, mientras en la acera de enfrente unos señores con tricornio disparaban contra el techo y tenían a todo un país en vela y al borde del infarto. Tantos años después, algunos periodistas son los mismos y lo que cambian son los motivos para la desazón. A Màrius Carol lo presentó Iñaki Gabilondo, que en 1981, cuando el golpe de Tejero, ocupaba despacho en TVE como fugaz director de informativos con la UCD. Sea un golpe de Estado o no eso que sucede y se repite hasta la extenuación en Cataluña, la voz gabilondiana se mantiene en el mismo tono catequético de antaño, aunque esta vez sin tanques a las puertas.

A pregunta, pública, de este periodista, el responsable de “La Vanguardia” vino a reconocer que lo del diálogo entre las partes puede y debe hacerse en Cataluña pero para recuperar a un millón de antiguos españoles, ahora desafectos. El otro millón de irredentos esenciales que integra hoy el independentismo se da por […]

Recorte de prensa La Crónica de Guadalajara. El artículo original fue publicado y puede leerse íntegro en La Crónica de Guadalajara.

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