Un PSC díscolo

Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.

El PSC, federado con el PSOE, rompió la disciplina socialista al rechazar la Investidura de Rajoy en lugar de abstenerse. Lo dirige Miquel Iceta, un político aparentemente razonable. El PSC tuvo su Congreso justo antes del terremoto de Trump y aprobó proponer una Alianza para el Progreso en Cataluña apuntando a Barcelona en Comú (Ada Colau) y a otros como la franquicia catalana de Podemos y los Verdes del Principado. ERC, independentista, quedaría fuera. No “rufianes” a bordo.

El PSC no pedirá un referéndum (a la canadiense) si fracasase una reforma constitucional federalista. Sin embargo, tanto Colau como Podemos lo quieren para votar en contra de la independencia, un absurdo. Un plebiscito se convoca para un cambio, no para mantener una situación. Pedirlo para votar “NO” es dar cancha a los secesionistas solo por “surfear” fácilmente una ola ingenua con viento de popa. Con la posible alianza ofertada por el PSC la izquierda intentaría superar su atomización en Cataluña y el PSC podría recuperar entidad, diluirse en algo diferente o, simplemente, seguir bajando a los infiernos. Todo es posible. Veremos cómo Iceta pilota el bote.

Lo que el PSC propondría sería una alianza electoral previa a los comicios autonómicos. Es una apuesta arriesgada. Antes de las elecciones generales de 2000 el PSOE lo hizo con Izquierda Unida, pero llegó la mayoría absoluta de Aznar. En política uno más uno no siempre suma dos, hasta resta.

A los socialistas no les sienta bien dar la sensación de difuminarse en otra cosa. El panorama político español sufre un cambio importante que perturba más a la izquierda que a la derecha, con un electorado socialista que ya no es ni tan joven, ni tan urbano ni tan industrial, pero esta oferta local del PSC se antoja imposible en el escalón nacional para un PSOE sometido por Podemos y Pablo Iglesias a una competencia radical, demagógica, desleal e insultante.

Iglesias quiere aplastar al PSOE mediante un “sorpasso” ineludible si los socialistas se hunden en divisiones que se agravarán con la gira de Pedro Sánchez por las agrupaciones socialistas para recuperar la Secretaria General. Mejor alguien que no sea claramente sanchista ni susanista para curar heridas. Las declaraciones de Sánchez a Jordi Évole incendiaron un socialismo más necesitado de un galeno que cure que de heridos ventilando dolencias.

En ausencia de un mirlo blanco (¿puede serlo Patxi López?), esas declaraciones aúpan a Susana Díaz. Las guerras internas no llevan a ninguna parte. Otra cosa son los debates. Solo la unidad conduce al éxito, aunque parece difícil que los socialistas vuelvan a la gobernabilidad nacional mientras a su izquierda Podemos e IU superen un diez por ciento del voto en España. IU está enfeudada al Partido Comunista de España y a su ideología. Podemos ha conseguido, en cambio, hacer olvidar esta marca de origen de sus líderes, aunque la ideología prevalece de incógnito.

Las relaciones entre PSOE Y PSC son asimétricas. El PSC puede moldear las decisiones del PSOE que, en cambio, no tiene vela en Barcelona. Si, además, el PSC va a su bola, se entiende el enfado de Ferraz. Tendrán que reconciliarse. El encuentro de Susana Díaz y Miquel Iceta, a finales de noviembre, apaciguaron las aguas. La declaración de neutralidad de Iceta de cara a la elección del próximo Secretario General le aleja de Pedro y le acerca a Susana. Mientras, PSOE y PSC siguen renegociando una relación que Ferraz quisiera más equilibrada….

No olvidemos al Partido Socialista de Euskadi de Idoia Mendía, sanchista, partidaria del “no es no” al PP, partido de derechas, pero que pactó, sin consultar con Ferraz (¡Viva la “Independetzia”!), un gobierno de coalición con el PNV, otro partido conservador. Si lo segundo es aceptable, entonces lo primero fue incoherente. Ojo, sin embargo, a la evolución del Estatuto vasco, al término “Nación” por toda España y a variados referendos. El diablo, feliz, cargando escopetas.

Para terminar, PP y PSOE parecen entenderse en el Parlamento. El segundo le saca cosas al primero. La abstención en la Investidura de Rajoy solo fue, pues, gratuita formalmente. Ahora los socialistas la “cobran”, aprovechando la aritmética parlamentaria y, prescindiendo de Ciudadanos y Podemos, adelantan sus posiciones, empezando por la paralización de la LOMCE, y acordando el techo de gasto, el incremento del déficit de las Comunidades y el aumento del salario mínimo.

Hacen bien, pero para esto, haberse comportado así ya en enero, aceptando, incluso, gobernar en coalición “recaudando” más cosas. Solo la bisoñez de sus dirigentes impidió una política inteligente cuando el PSOE tenía, además, más fuerza. Una lección por aprender y no olvidar. No se puede estar al ritmo pasional de las bases o de un electorado propio caliente. Hay que saber liderar con perspectiva de Estado.

¡Ah! Y erradicar la corrupción, empezando por la política. No debiera Rajoy creer que se olvida.

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