Carta abierta al Sr. Simón

Carta abierta al Sr. Simón
Juan Laguna
Promotor y fundador de Tiempo Liberal con actividad política desde la Transición. Funcionario jubilado. Empresario. Productor y dramaturgo. Conservador de Bienes Culturales.

Muy señor mío:

Debo reconocer que se ha convertido usted en todo un personaje “famoso” a causa de haberle caído el “marrón” de explicar lo inexplicable en la pandemia que estamos sufriendo. Es lo que ocurre cuando se siente uno como “mandado” del gobierno de turno, en lugar de ser un representante del Estado, como es su caso desde 2006 en que, según parece, formó parte del Cuerpo de Médicos Titulares del Estado (que no del gobierno). 

Su amplio currículum disponible en las redes, demuestra una persona interesada básicamente en el mundo de la epidemiología, así como sus años en África y América latina conociendo en directo el mundo de la Sanidad, le acreditan suficientemente para entender su amor a la Ciencia y a la Medicina que sería reconocido con su nombramiento al frente del Centro de Control de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES) del Ministerio de Sanidad en 2013.

Tiene usted méritos suficientes para estar al frente de la comisión de expertos que -al parecer- asesoran al gobierno con motivo del COVID 19. Una comisión que no sabemos si ha elegido usted libremente o, si por el contrario, ha sido asesorado convenientemente. Lo que sí es cierto es que todo nombramiento a cargo del presupuesto público, debe basarse en la transparencia necesaria para lograr la confianza de lo que se llama “soberanía nacional de la que emanan los poderes del Estado” de igual forma que sus dictámenes deben ser objeto de publicidad y la responsabilidad consiguiente. No se pueden argüir “presiones” ya que siempre se puede dimitir. 

Tenga usted en cuenta que el Estado está formado por un conjunto de instituciones regladas en cada uno de sus aspectos, donde no caben criterios personales y menos aún arbitrariedades que puedan ser incorrectas y ajenas a la propia Constitución Española. Para entendernos, en el Estado no cabe  el “OO7” y su amplia licencia de actuación sino que, en su caso el Parlamento, la institución más importante del Estado porque representa esa soberanía, tiene el deber y el derecho de estar informado de todo lo que se cuece en el Estado. Ni la propia jefatura del Estado está libre de ello.

Pero todo eso ya lo sabe usted de sobra, no sólo por tener una plaza titular del Estado, sino por haber ocupado puestos de responsabilidad estatal en el ámbito sanitario, así que no voy a enumerarle leyes, artículos y normas de la propia Constitución que están de actualidad con las medidas adoptadas para neutralizar la pandemia. 

Tampoco le voy a enumerar (porque usted los conoce mejor que yo) los muchos centros de investigación y alerta de epidemias que, desde la OMS hasta los centros dependientes de la UE o de las distintas naciones, trabajan en este tema, no sólo desde el punto de vista sanitario, sino de análisis de los distintos sectores de inteligencia militar en el  mundo de la seguridad nacional. Supongo que el CCAES está en contacto con todos ellos, conoce sus informes y sus predicciones, así como sus advertencias. Asimismo entiendo que saben bien qué líneas de investigación se siguen desde la industria sanitaria o la farmacéutica en relación con este tipo de epidemias o con su prevención, así cómo los intereses económicos, políticos o estratégicos pueden financiarlas, lo que ya de por sí pervierte la pureza de la investigación científica, retorciéndola y derivándola a favor de los mismos. Parece que el mundo hay sólo diecisiete centros de investigación biológica de nivel 4 (BSL4) que trabajan con modificaciones de virus. En fin… qué le voy a contar que usted no sepa. Su colega Dr. Arenzana, director del Instituto Pasteur de Sanghai dice que ya en 2013 se publicaron trabajos sobre la capacidad de infectar células humanas por estos virus desde los murciélagos (por cierto no como alimento, sino a través de las cadenas alimentarias).  

Todo esto, me consta lo sabe usted. Igual que estará al corriente de las primeras advertencias del la OMS (Harlem sobre la proximidad de una pandemia letal  en forma de “un nuevo y agresivo tipo de gripe” en 5 de octubre de 2019 (“El País”), y del “ensayo” realizado en Nueva York (“Event 201) por el Centro John Hopkins para la Seguridad de la Salud, el Foro Económico Mundial (Davos) y la Fundación Gates  o antes de eso, hacia 2015/2016 de los trabajos en el Centro de Virología de Wuhan, relacionados con “coronavirus”. 

Más cercano en el CESEDEN (Ministerio de Defensa) el día 9 de marzo se presentaba el documento “Emergencias pandémicas en un mundo globalizado”, presentado y coordinado por el que fuera ministro de Sanidad Sr. García Vargas que, al parecer vienen desde 2015, ya que en 2014 se amplió el concepto de “seguridad nacional” en línea con el trabajo en EE.UU en 2016 sobre pandemias como la gripe a nivel mundial. En 2018 ya la OMS había convocado una consulta internacional para la identificación de enfermedades emergentes (Ébola y SARS) y se crea la Red de Alerta de Brotes Epidémicos. Se supone que sería por algo…. 

Para terminar, al parecer según el Sr. Martínez Hernández, experto en Salud Pública, el día 30 de enero de 2020 hubo una reunión en el ministerio de Sanidad, donde se discutió la identificación del virus “como agente del grupo 2” en la que estaba usted presente. Las alertas ya estaban dadas hace tiempo tanto para preparar la respuesta como para prevenir los medios necesarios que paliasen los daños posibles. A pesar de eso, según algunos miembros del gobierno, siguieron las concentraciones ciudadanas de cualquier tipo (como las del 8M), el movimiento de personas, los bares repletos, los estadios deportivos no digamos,etc. etc. (datos oficiales dicen que antes del 8 de marzo había 673 casos y 17 fallecidos, disparándose la cifra el día 9 con 1.073 casos y 463 fallecidos).

A usted, como experto y a su equipo (tan desconocido como sus dictámenes) de expertos asesores, les ha caído el papel de servir de parapeto de unas decisiones políticas cuestionables en muchos aspectos, empezando por la torpe comunicación, siguiendo con la compra de material sanitario y sus fallos, así como la disposición de todas las infraestructuras y medios hospitalarios que se han manifestado insuficientes. En una palabra, serán la “cabeza de turco” a sacrificar en el altar de la soberanía nacional por las negligencias, torpezas (cuando no irregularidades) e improvisaciones de los responsables políticos del tema. 

Pero aún queda una salida digna para la ciencia y para la verdad: pasar al Parlamento a la mayor brevedad posible toda la información, documentación, informes y dictámenes emitidos con sus respectivas fechas asi como informar al Parlamento de las presiones recibidas (en su caso) y de quienes (por muy relevantes que puedan parecer hoy.) Quédese con su dignidad de servidor público del Estado (que no del gobierno) y que -como se suele decir- “que cada palo aguante su vela”. 

Un cordial saludo,

Juan Laguna.

Madrid, 10 de mayo de 2020   

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