Hormiguero político

Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.

La conexión ha tardado en establecerse por saturación del wifi de mi bar favorito, pero, comprobada nuestra reserva para una tertulia vespertina y realizado el pago con tarjeta por línea segura, aparecen en mi pantalla gigante dos recuadros con, en uno, la barra del bar llena de montados apetitosos y diversas bebidas que ANDREA y SAM mueven para que no parezca un altar estático, y, en el otro, mi sobrino Evaristo, con una lupa por la que se pasea una hormiga.

—¿Me puedes explicar?, le pregunto.

—Ja, ja, ja. He estado observando unas hormigas.

—¿De dónde las has sacado? vuelvo a preguntar.

No he violado el confinamiento, si es lo que insinúas, asegura a la defensiva.

—¿Son hormigas caseras? inquiero socarronamente.

—Da igual, afirma Evaristo, zanjando la cuestión.

“Lo del confinamiento se ha relajado mucho con lo de las franjas para salir”, dice ANDREA. “Yo, que puedo pasear sin problema al no ser humana, veo que hay niños que salen en la franja de los mayores y ancianos que salen en otras que la suya”. “Todos con un buen argumento por si deben justificarse”, interviene SAM. “Normalmente”, prosigue este robot, “aseguran que van a comprar huevos o aspirinas.

—A las ocho de la tarde muchos aplauden a los sanitarios, que se lo merecen, subraya Evaristo. Por otra parte, estos sanitarios están indignados por los incumplimientos de las reglas de seguridad de mucha gente. Se comprende porque se han sacrificado muchísimo, incluso con fallecidos.

Este es el país de la “ley con su trampa”, recuerdo. Somos todos juristas… ¿Las hormigas también? Le pregunto a Evaristo.

—Son mis científicas, responde. Valen más que su peso en oro al contrario que otros que tras equivocarse estrepitosamente nos dicen, ahora, lo que hay que hacer…

—Háblame de las hormigas, le interrumpo.

—Ya, pero, científicamente hablando, insiste, es difícil continuar bien lo que se ha empezado mal y ….

—¡Evaristo!

—Esta es una hormiga “política”, afirma suspirando, mí sobrino. La he observado toda la mañana con sus congéneres.

—¿Qué observabas?

—Su comportamiento. Son como los políticos. Se mueven desordenadamente en casi todas las direcciones, pero el trozo de hoja o la araña asesinada que deben almacenar en su agujero acaba entrando en él.

—Muy científica tu observación…

—Fíjate, insiste Evaristo, como acabó el Congreso de los Diputados aprobando el miércoles pasado una nueva extensión del Estado de Alarma a pesar de lo que dijeron antes unos y otros

Era evidente, Evaristo, que había que hacerlo…

—Pues, como las hormigas. Unos, van para un lado; otros para otro lado; otros más, a por uvas; pero, al final, se aprobó la renovación al igual que la pata de un grillo se hundió en el hormiguero.

“Le veo más optimista que científico, Don Evaristo, y veremos qué pasa la vez siguiente…”, le dice SAM mientras intercambia un platillo con cuatro croquetas por otro con un montado de escarabajos, perdón, de morcilla, y sube al mostrador lomo embutido del bueno.

—Todo eso es falso, ¿verdad SAM?, le digo al androide con mí estómago tan confinado como yo, pero hace como si no me ha oído.

—Mi esperanza, me dice Evaristo intercambiando guiños con su hormiga, es que al nivel internacional ocurra lo mismo.

—¿Es decir?, le pregunto.
Pues, que todo acabe encajando en su sitio…
—¡Pues sí qué! exploto, si eso es que Bruselas tendrá que rescatarnos. Menudo científico estás hecho…
“Se acabó su tiempo” zanja en la pantalla un mensaje que pretende ser repetición de otro anterior mientras se desvanecen los androides y Evaristo con su hormiga hasta que podamos ahorrar para otra sesión. Este “regreso” a una nueva normalidad (expresión que no sé si la RAE aprueba) no impide la subida de los precios. ¡Además, la inflación…! Eso sí, a los economistas no les suele parecer tan mal…

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