La Mordaza

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Juan Laguna
Promotor y fundador de Tiempo Liberal con actividad política desde la Transición. Funcionario jubilado. Empresario. Productor y dramaturgo. Conservador de Bienes Culturales.

“La Mordaza” es un drama escrito por el autor teatral español Alfonso Sastre, que se estrenó en el teatro Reina Victoria de Madrid el día 17 de septiembre de 1954, bajo la dirección de José M.ª de Quinto. Permaneció en cartel durante seis semanas (64 representaciones) y fue además emitido en el espacio de TVE “Noche de teatro” el día 26 de julio de 1974.

Su argumento, relacionado entonces con los sucesos ocurridos en el municipio francés de Lurs en el valle del Durance (Alta Provenza), se asoció también al “Deseo bajo los olmos” de O’Neill por su clima de tensión y angustia y su resultado trágico, que disecciona el comportamiento de un grupo de personas ante una situación de opresión. El protagonista Isaías Krappo, cabeza de una familia rural, es un déspota que tiene atemorizados a su mujer y sus hijos que conocen tanto su pasado criminal como un nuevo asesinato, sin atreverse a denunciarlo por temor o por respeto. Están amordazados. Sólo su nuera Luisa, mujer de su hijo Juan, asediada sexualmente por Isaías, será capaz de romper la mordaza y denunciarlo a la policía: “Esa mordaza nos ahoga y algún día va a ser preciso hablar, gritar… si es que ese día nos quedan fuerzas…” dice Luisa. 

La obra, escrita durante el régimen de Franco es como “una metáfora sobre la mordaza que estábamos sufriendo” según el propio autor. Una parábola que denuncia la represión y la censura del momento, pero que pasó por ella sin sufrirla. Sus censores sólo vieron en ella “una obra de ambiente rural sin ningún reparo ético, moral o político” resaltando además su “calidad dramática”. La prueba es su permanencia en cartel durante tanto tiempo y las críticas elogiosas que tuvo desde el propio régimen (prensa del Movimiento). Incluso el autor recibió un homenaje en el Reina Victoria, algo que no ocurrió con su obra anterior “Escuadra hacia la muerte” con un tiempo más reducido en cartel.

El crítico teatral más importante del régimen, Alfredo Marquerie, dijo de ella: “La peripecia de la obra se basa sobre un problema universal y eterno: la confabulación del silencio, la mordaza en una palabra…”. Por su parte, Berta Muñoz Cáliz del Centro de Documentación Teatral en su presentación del texto dice: “Se trata de un país en silencio forzoso, podrido por la mala conciencia, la hipocresía y el odio…” (“De silencios y espejos. Hacia una estética del teatro español contemporáneo” de Alberto Mira). Una situación en definitiva de maltrato físico y, sobre todo, psicológico, extensible desde el drama de Sastre hasta cualquier otra presidida por el miedo, la coerción o el supuesto respeto a quien ejerce su autoridad.

Sastre veía al protagonista “como un arquetipo de violencia pagana, de ímpetu dionisíaco, que no se detiene ni ante el crimen, capaz hasta el último momento de hacer daño a quienes se atrevieron a quitarse la mordaza impuesta por él.

Como es conocido, este magnífico dramaturgo de ideología marxista, estuvo afiliado al Partido Comunista hasta que éste perdió sus esencias. Tenía como pareja a Genoveva Forest, una activista anti-régimen que se relacionó incluso con el grupo terrorista ETA en tareas de cobertura. Sus escritos “nacían de la necesidad del escritor de hablar de su experiencia con la censura franquista”, es decir, de su defensa de la libertad de expresión que, desde luego, va cobrando plena actualidad en los momentos actuales: “Un grupo de abogados solicita un castigo para la Fiscal del Tribunal Supremo Consuelo Madrigal, por su crítica al gobierno” (El Confidencial, 11/5/2020). En este país surrealista y daliniano, todavía pueden darse situaciones de este tipo: quienes se arrogan la tarea de defensa jurídica ante los tribunales, se convierten en los fiscales de los “disidentes” tratando de utilizar a la Fiscalía del Estado (que no del gobierno) en beneficio del gobierno. Recordemos de nuevo a los juristas del régimen nazi que los llevó a Nüremberg. 

“La mordaza” no es sólo una metáfora de la imposición del poder sobre los ciudadanos, sino de cómo ese poder puede materializarse a través de la nueva censura (ahora en manos de empresas afines), en esa imagen de las mascarillas preventivas que la mayoría de los ciudadanos portan ahora en sus rostros a modo de “burkas” protectores y en la imposibilidad de que ejerciten sus derechos constitucionales por miedo a un enemigo invisible y mortal (el peor de todos porque no se le puede combatir). Sin duda alguna Alfonso Sastre estaría escribiendo otra vez y rebelándose contra nuevas y más sofisticadas mordazas que, además, están en una ley que el gobierno prometió derogar… ¿cuándo?

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