Birmania, Bangladesh, Thailandia y Malasia rechazan las pateras rohingya

Pedro González
Periodista, experto en Política Internacional. Fue director de Redacción de Euronews y fundador del Canal 24 Horas de TVE.

Las tragedias que estos días se suceden en el Mar Mediterráneo tienen una réplica no menos dramática al otro lado del mundo, en las aguas del Golfo de Bengala y del Estrecho de Malaca, donde decenas de barcos herrumbrosos vagan sin rumbo con más de 6.000 inmigrantes rohingyas. Procedentes de Myanmar (la antigua Birmania) y de Bangladesh, ni estos países ni los limítrofes Thailandia, Indonesia y Malasia se avienen a acogerlos.

Los rohingyas son parias entre los parias de la tierra. Componen una minoría musulmana, descendiente de los primeros comerciantes mahometanos, que se expandieron por Asia desde el siglo VIII. Los rohingyas en concreto escogieron la región de Arakan, hoy estado birmano de Rakhine, situado al oeste del país, haciendo frontera con Bangladesh.

Utilizados como espías por los ingleses

Nunca fueron apreciados por la mayoría budista de Myanmar, cuyo odio se acrecentó durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando los ingleses abandonaron la zona ante el implacable avance de Japón, los rohingyas aprovecharon para intentar vengarse de quienes les habían sometido y perseguido durante siglos, de manera que perpetraron numerosas matanzas de budistas. Los británicos les utilizarían como espías ante los japoneses, que no dudaron en ajusticiarlos tras atroces torturas cuando fueron descubiertos.

Privados de ciudadanía en Birmania, los rohingyas no pueden contraer matrimonio, trabajar ni circular libremente

Con la liberación e independencia de Birmania, los rohingyas permanecieron en situación de semiesclavitud, acentuada desde 1992 en que se les privó incluso de la ciudadanía, lo que llevaba aparejadas restricciones de circulación, de trabajo e incluso para contraer matrimonio. Muchos de los casi dos millones de personas de esta etnia cruzaron a Bangladesh, uno de los países más pobres y densamente poblados del mundo, que les emplazó en los campos de Ukhiye y Kutupalong, en donde aún permanecen unas 30.000 personas. Otras 200.000 se escaparon del recinto y se estima permanecen escondidas, ya que tampoco gozan de derechos civiles en Bangladesh.

Hambrientos y desnutridos

La atención mundial sobre la tragedia del pueblo rohingya se disparó a raíz de que el pasado mes de abril las autoridades de Thailandia y Malasia impidieran desembarcar por dos veces a 450 inmigrantes hambrientos, desnutridos y con visibles signos de estar a las puertas de la muerte. La emoción suscitada y las protestas de numerosas organizaciones humanitarias lograron que la Marina thailandesa les proporcionara alimentos y agua. Pero, una vez avituallados, remolcó sus embarcaciones hasta alta mar y allí les dejó a la deriva. De las 450 personas, 200 son mujeres y 100 son niños menores de diez años.

Este incidente ha servido para cuantificar en más de 6.000 los que están en parecida situación, víctimas todos ellos de las habituales mafias que trafican con seres humanos, y para poner en evidencia la nula disposición de los países implicados para resolver el problema. Malasia arguye que ya ha recibido en los últimos años a más de 45.000 rohingyas, y que su capacidad de acogida está ya agotada.

Malasia arguye que ya ha recibido en los últimos años a más de 45.000 refugiados rohingyas, y que su capacidad de acogida está ya agotada

Thailandia ha desmantelado varios campos de refugiados rohingyas y ha cegado las vías terrestres por las que se infiltraban en su territorio. Su ministro de Asuntos Exteriores,Tanasak Patimapragorn, sin admitirlo explícitamente, deja caer que la admisión de estos inmigrantes puede provocar un “efecto llamada” para el que el país, destrozado por los últimos tifones, no está preparado.

Tercia Ang San Suu Kyi

Birmania y Bangladesh se han enzarzado a su vez en una discusión que ha empañado incluso el prestigio de la Premio Nobel de la Paz,Ang San Suu Kyi. Al calificar de “inmigrantes ilegales en Bangladesh” a los musulmanes rohingya, ha provocado la reacción del Gobierno de Dacca, que le ha respondido con sequedad, señalando que “los rohingya han residido en Rakhine (oeste de Myanmar) desde hace siglos, en tanto que Bangladesh es un país creado en 1971”, escindido de Pakistán.

Esclavizados por unos y olvidados por otros, los rohingya esperan que la ONU impulse una solución definitiva a la tragedia

“Esclavizados por unos y olvidados por otros”, según expresión de John Carlin, los rohingya esperan que la ONU impulse una solución definitiva a la tragedia que se vive en ese otro Mediterráneo de Asia. El ministro de Asuntos Exteriores de Malasia,Anifah Aman, que ostenta la presidencia de turno de la Asociación de Naciones del Sudeste de Asia (ASEAN), ha convocado a los países implicados a una reunión -calificada de urgencia- para el próximo día 29 de mayo en Bangkok.

Ha sido siempre política de la ASEAN la no injerencia en los asuntos internos de cada país miembro. En virtud de ello, el régimen de Yangón (la nueva capital de Myanmar) nunca ha recibido la menor crítica a la ostensible discriminación y arbitrariedad con que siempre ha tratado a los rohingyas. Es dudoso que ahora vaya a cambiar, a menos que recibiera presiones lo suficientemente intensas de una comunidad internacional que tampoco tiene la conciencia muy tranquila, como lo demuestran las dudas, negativas y rechazos que otros refugiados suscitan entre los gobiernos de Europa, sin ir más lejos.

Artículo en fuente original: ZoomNews.es

1 Comentario

  1. Estupendo artículo Pedro. Pone de manifiesto cuanto de artificioso y cosmético hay en la política de derechos humanos. Desgraciadamente no es el primer caso de minorías étnicas aplastadas por las mayorías con la religión como pretexto. Lo más curioso es que, hasta hace poco tiempo, unos y otros han vivido y convivido con un cierto respeto recíproco de religiones y costumbres. Lo musulmán ha estado enfrentado al hinduismo, pero no al budismo cuya base es pacífica, solidaria y hospitalaria. Veremos qué solución encuentra la ONU para estos nuevos desarraigados, pero tendrá que ser muy parecida a la de la inmigración europea, salvo que, como se hizo con Israel, se les busque una “patria”.

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