Peñón pro europeo

Gibraltar
Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.

Hasta ahora estábamos acostumbrados al grito de “¡Gibraltar español!”. Muchos han reclamado con esta exclamación la devolución del Peñón. En tiempos pasados, la dictadura franquista convirtió, incluso, esta reivindicación en una razón de ser existencial.

Su gestión de la demanda tuvo aspectos positivos y negativos. Entre estos últimos, intentar aislar a los gibraltareños en la colonia fue un error descomunal. Compactó a la población local e introdujo un trauma de cerco. Con Felipe González se restableció la comunicación y la redemocratización de España limpió la mala imagen de la dictadura.

En cambio, la diplomacia española hizo bien su trabajo en tiempos de la dictadura y después. La adquisición británica del Peñón por el Tratado de Utrecht de 1713 fue para siempre, pero se indicó que, en la eventualidad de un abandono británico de su propiedad, España dispondría de la primera opción para recuperar el Peñón. Su inclusión por la ONU en la lista de los territorios por descolonizar favoreció la reclamación española. Nuestra diplomacia argumentó que la descolonización debía de hacerse reintegrando el territorio a España, lo que recogieron las Resoluciones de la Asamblea General.

La fortaleza internacional del Reino Unido y su presencia en el Consejo de Seguridad como miembro permanente le ha evitado tener que acatar plenamente estas Resoluciones, amparada, asimismo, por la negativa de la población de la colonia a integrarse en España. A pesar de ello, Londres tuvo que tratar la cuestión de Gibraltar, en sus miles de facetas, con Madrid, entre otras cosas porque el Peñón no está en medio de Atlántico. Forma parte de la península ibérica y está en nuestra vecindad inmediata. La interrelación en todos los ámbitos, del económico al político pasando por el cultural, incluso el militar y estratégico, entre el Peñón y el Campo de Gibraltar, consecuentemente con España, es constante y omnipresente. Asimismo, acuden diariamente a trabajar al Peñón más de 10.000 trabajadores españoles.

La reivindicación española tiene, también, unas sutilezas importantes que no siempre se asimilan correctamente en España. Los británicos adquirieron el Peñón por el Tratado, pero no el istmo del que se apropiaron posterior e ilegalmente (y donde construyeron el aeropuerto), erigiendo al norte del mismo una verja delimitadora. Consecuentemente, España no reconoce esa verja como frontera y las voces oficiales gubernamentales solo hablan de la “verja” y no de “frontera”. Un aspecto legal y diplomático importante.

Estando España y el RU en la UE, los demás socios se desentendían del diferendo, considerándolo bilateral entre Madrid y Londres. Eso ha cambiado con la salida británica de la UE. Ahora es España la que decide en última instancia la postura de la UE respecto de la colonia británica.

Hace cuatro años, cuando el referéndum del Brexit, los gibraltareños votaron masivamente a favor de que el RU permaneciese en la Unión. Saben que sus intereses están ligados a su relación con la UE y, consecuentemente, con España. Gibraltar no será español mañana, pero cuanto más europeo sea, más cerca estará de España y nosotros de Gibraltar. Sus intereses deben ser defendidos por Madrid, su único vínculo, ahora, con la UE.

No es hostigando a los gibraltareños cómo se podrá recuperar algún día el Peñón, es amándoles. Hay que combinar ese amor con sus intereses y los españoles. Esta es la vía que se puede estar abriendo. Si Shengen se amplía a Gibraltar, con peculiaridades que negocian esencialmente Madrid y Londres, incorporando la delegación británica a los gibraltareños, el Peñón mantendrá la libre circulación de personas con Europa. Viniendo de toda la UE se podrá entrar libremente en la colonia británica mientras que desde el RU habrá que enseñar un pasaporte a los miembros de la agencia europea de fronteras, FRONTEX. Las mercancías, en cambio, no gozarán de esa libertad. Para otra etapa.

No hace falta plantar banderas españolas en lo alto del Peñón ni envenenar sus monos. Hay que abrirles los brazos a los gibraltareños porque quieren ser europeos. Es Europa la que nos recuperará Gibraltar y al igual que con la frontera difuminada de las dos Irlandas que hacen de ellas una sola en la práctica, el Peñón se encontrará de hecho, quizás un día de derecho, en el ámbito europeo que es el español. Entonces, los llanitos pondrán de nuevo la bandera europea, que es la nuestra, en el Peñón.

Según informaba un diario español a principios de esta semana, se han hecho concesiones por todas las partes implicadas en la oportuna negociación, aparcando, sin renunciar a ella, la reivindicación de la soberanía, buscando un acuerdo pragmático que beneficie a todos, propiciando, un “espacio de prosperidad compartida” entre el Peñón y el Campo de Gibraltar.

Así es como Gibraltar podría dejar de ser británica algún día, aunque conservando sus instituciones, su idioma y su cultura que, sin perjuicio de su impronta anglosajona, es bastante hispano-gibraltareña, por no decir llanito-andaluza. Lo que se está cociendo, si sale, está en la buena dirección y sería un acuerdo histórico según el propio Fabián Picardo, Ministro Principal de Gibraltar.

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