La vecchia Signora

Trump y Macron
Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.

La Alianza Atlántica bien podría arrogarse este sobrenombre de la Juventus, el veterano equipo de futbol de Turín, considerando que acaba de celebrar en Londres su septuagésimo aniversario con una Cumbre, según indican muchos medios, retrasada, breve, sin grandes aspavientos y con enfrentamientos internos. Veámoslo por partes.

Retrasada, porque el Tratado de Washington se firmó el 4 de abril de 1949. Atribuyen a complicaciones internas el haber llevado a diciembre esta conmemoración, situándola, eso sí, en el Reino Unido donde estuvo su primera sede.

Breve. Tampoco hacía falta más. Para desesperación de los que la entierran todos los días, la OTAN es un instrumento político-militar necesario y consolidado. Es más, esta brevedad ha sido doblemente buena porque refleja que le basta con decir que se mantiene.

Por eso mismo, no eran necesarias grandes alharacas para celebrar el aniversario de esta alianza defensiva de carácter permanente y no circunstancial. Una alianza que no es solo militar, como algunos creen o gustan de decir, sino política con un brazo armado constituido por una red de Cuarteles Generales integrados por mandos de los 29 aliados, y una nómina, grande, de capacidades militares prestas para ser puestas, gradualmente, a su disposición. Una alianza que refleja que, culturalmente, el Atlántico Norte es un Mare Nostrum.

Con enfrentamientos internos. Siempre los hubo. Siempre se han resuelto. Quienes destacan los actuales como graves, revelan que su memoria es corta. La intensidad de enfrentamientos importantes fue, incluso, mayor en plena Guerra Fría cuando, al otro lado, había, además, un Pacto de Varsovia y una Rusia disfrazada de Unión Soviética, algo realmente temible con un telón de acero que partía Berlín, Alemania y Europa en dos mitades, una libre y otra totalitaria.

El peor momento para la OTAN fue a raíz del derrumbe de la URSS y del PV (1990/1991) cuando algunos le exigieron su desaparición. Quedó claro, sin embargo, que la OTAN no era el reflejo del PV, que respetaba el Acta Final de Helsinki y que la liberación del yugo soviético de los países del Este los llevaba, por su propia seguridad, a integrarse voluntariamente en la Alianza y en la UE.

Algunos sacan punta a que la UE no ha participado en esta celebración. Hubiera sido mejor su presencia, como en otras reuniones de la OTAN, pero ello no altera la realidad de que la Unión nació y vive bajo la protección de la Alianza y que de lo que se trata ahora es de que los europeos se organicen mejor entre ellos en materia de defensa para actuar tanto en el marco aliado como fuera del mismo cuando sea preciso.

En la corta Declaración aprobada en Londres, los aliados destacan, entre otros riesgos, amenazas y situaciones, que el terrorismo sigue acechando; que la solidaridad debe ejercerse con aquellos miembros más a la merced de un eventual zarpazo ruso (improbable pero posible); y que, en un mundo global, no puede la Alianza ignorar el ascenso de China, incluso como potencia militar además de comercial y tecnológica. A pesar del enfoque global, no se mencionan ni el Mediterráneo ni África.

La Alianza sobrevive porque además de necesaria, se adapta a la evolución de su entorno. De cara a la próxima Cumbre, en 2021, efectuará una reflexión más a este efecto. También quedó claro que los europeos (salvo algunos pocos como España) gastan algo más en defensa, pero que aún deben de esforzarse al respecto. Con Rusia, “the european bad boy”, hay que dialogar, pero con firmeza.

Fue lamentable comprobar como líderes importantes parecen comportarse como niños. El Presidente americano se molestó porque pensó que algunos de sus colegas se habían mofado de él. Pero, sobre todo, Trump se olvidó de que la OTAN fuese “obsoleta”, como dijo no hace mucho, porque Macron, otro egocentrista, dijo hace poco, que la Alianza estaba “descerebrada”. Donald, indignado por “la falta de respeto” del francés, se hizo otanista. ¡Merci Emmanuel!

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