La cumbre del clima

La cumbre del clima
Juan Laguna
Promotor y fundador de Tiempo Liberal con actividad política desde la Transición. Funcionario jubilado. Empresario. Productor y dramaturgo. Conservador de Bienes Culturales.

“Nunca llueve (ni lloverá) a gusto de todos”

Los italianos acuñaron esa frase llena de ironía: “¡Piove, porco governo…!” en la que achacaban las condiciones meteorológicas del momento a la ineficacia del gobierno de turno. Con ello fueron los precursores de la relación entre la política y la meteorología que, en los últimos años, empieza a ser más preocupante.

Las reuniones anuales de la llamada “Conferencia de las Partes” en la Convención Marco de la ONU sobre cambio climático que se viene celebrando desde 1992 (Río de Janeiro), no son otra cosa que un testimonio institucional sobre el futuro de la humanidad y, en su consecuencia, plantean la necesidad de la toma de decisiones en relación con el clima y la contaminación atmosférica (descarbonización) en las economías mundiales. Dicho así, es un brindis al Sol (nunca mejor dicho) lleno de esperanzas o deseos contradictorios, donde se enfrentan desarrollo y regresión en los llamados “estados de bienestar”. Es decir, aquellos “desarrollados” industrialmente que ven riesgos de competencia en el desarrollo de los demás, pretenden ponerles límites al amparo de los riesgos medioambientales que nos acechan.

En fecha 4 de noviembre de 2016, el tratado de París se convertía en vinculante legalmente (dentro de lo que cabe) al haberse ratificado por un número suficiente de países. Hacemos tal observación ya que muchos de los acuerdos y tratados ratificados promovidos por Naciones Unidas, son muchas veces “papel mojado” en el ordenamiento jurídico de cada estado miembro. El objetivo era (nada menos) que “mantener el aumento de temperatura media de todo el planeta por debajo de 2ºC y conseguir que no se superase 1,5ºC con respecto a las temperaturas de la era preindustrial”. El término “calentamiento global” empezaba a colarse en todo el mundo mediático, por mucho que el clima se empeñase en demostrar lo contrario pero, sobre todo, abría unas nuevas vías de negocio hacia unas formas de energía limpia, eficiente y barata que, como siempre, estarían tuteladas por intereses particulares.

Se trataría de implantar un nuevo modelo energético superando los antiguos bajo amenaza de las terribles consecuencias siguientes (proyectadas hacia el año 2100):

  • Inundaciones (se supone que por efecto de la subida de nivel del mar en todo el planeta calculada en 1/2 metro aproximadamente). Es de suponer que en este efecto influirá la pérdida de hielo en el Artico cada 100 años (nada se dice del aumento de hielo en otras zonas como el Antártico).
  • Sequías y olas de calor cada 20 años afectando a millones de personas (un 4% a los vertebrados) y a especies animales (hasta un 18% en los insectos).
  • Crecimiento económico inferior al 2%.
  • Blanqueamiento del coral y pérdida de arrecifes. un 70%
  • Cosechas más improductivas (no se indica tipo ni porcentaje).

Como vemos oscuros presagios sobre el futuro de la humanidad (perfectamente rebatibles) que recuerdan las 10 plagas de Egipto con que Moisés y Aarón exigieron la liberación del pueblo hebreo, cuya explicación científica tenía que ver con el CO2 y de hierro provocados por la erupción volcánica en la isla de Santorini en el año 1.500 a.C. y sus “efectos colaterales”.

Ya en el año 1798 Thomas Malthus había expuesto su “Primer ensayo sobre la población”, que sería seguido por otros autores como Paul Ehrlich (1968) con “La explosión demográfica” o los informes del Club de Roma sobre los “límites al crecimiento” de 1972, revisados en años sucesivos (2002 y 2012). El primero de ellos se basaba en la simulación informática prospectiva sobre 100 años que indicaba la contradicción entre crecimiento poblacional y sostenibilidad de los recursos. La propuesta pues era el llamado “crecimiento cero” manteniendo únicamente la satisfacción de las “necesidades” personales. Pero… ¿qué se entendería entonces por la satisfacción de tales necesidades? No hay respuesta. Menos aún con la velocidad con que se nos han hecho aparecer nuevas (y discutibles) “necesidades” que siempre van a producir alteraciones en el entorno humano.

¿Dónde queda el clima en todo esto? nos preguntaremos con toda razón. El clima, afortunadamente, no depende de tales acciones antrópicas, sino de la propia vida del planeta Tierra y del sistema solar al que pertenece. No así la contaminación medioambiental o la existencia de residuos de todo tipo. Esto forma parte del desarrollo y bienestar que hemos elegido (o que nos han impuesto) desde intereses ajenos a nuestras necesidades. Desarrollo y bienestar al que no estamos dispuestos a renunciar, empezando por los desplazamientos aéreos y comodidades de todos los asistentes a estas cumbres y siguiendo por los vuelos a bajo coste con que los manifestantes preocupados por el clima pueden asistir en cualquier lugar del mundo.

Nos encontramos pues ante una nueva manipulación de cierta realidad (los cambios climáticos permanentes en la Tierra) con intención de provocar una alarma social falta de coherencia científica (ya que se ha convertido en ideología), utilizando para ello términos ampulosos como “calentamiento global”, “lucha contra el cambio climático” o “emergencia climática”, todo ello con la aquiescencia interesada de quienes empiezan a vivir de esta cuestión. De nada vale que se haya cuestionado por miles de científicos (no apesebrados) o que la realidad contradiga a diario tales augurios. Lo importante es seguir las reglas impuestas por modernos dogmas y religiones donde el interés particular (económico siempre) asoma sus orejas.

Mientras tanto, cada lugar del planeta seguirá su curso natural. En unos lugares con lluvias y hasta inundaciones (no hace falta citar ejemplos). En otros luchando contra la sequía esperando el agua del cielo que, al final, caerá en abundancia. A unos les viene bien una cosa, a otros la contraria al tiempo que siguen oyendo las estupideces mediáticas que todo lo relacionan con el “cambio climático”, repitiendo como papagayos domesticados los mismos “mantras” suministrados por la línea oficial/editorial. La boca de la caverna de Platón se irá estrechando poco a poco obligando a mirar sus sombras, restringiendo nuestra capacidad de pensar y opinar y bloqueando los pocos rayos de luz procedentes del exterior.

La “cumbre del clima” es otra muestra más de la hipocresía política y social con que nos endosan relatos y propaganda a costa de nuestros impuestos (86 millones de euros) para pagar los gastos de las delegaciones que, por cierto, van a coincidir con esa gran fiesta del consumo llamad “black friday”, verdadero monumento de la incoherencia humana que por una parte se manifiesta sobre el clima y la contaminación y, por la otra, consume compulsivamente todo género de artefactos, indumentarias, modas y supuestas necesidades, que son la gran forma de contaminación de la que nadie habla.

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