La Gran Renuncia, una revolución silenciosa

La Gran Renuncia, una revolución silenciosa
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— P U B L I C I D A D —

Ocurre en Estados Unidos, que de momento sigue siendo la superpotencia de vanguardia y la que marca por lo tanto las tendencias y los derroteros de la sociedad global. Es la denominada Gran Renuncia o Gran Resignación, un término acuñado por el psicólogo y académico norteamericano Anthony Klotz. ¿En qué consiste? Es el fenómeno de que un número creciente de trabajadores decide abandonar sus puestos, no por las habituales razones de cambiar de empresa y/o de lugar para progresar tanto en términos económicos como de realización personal, sino por sentirse hartos. 

Más de 20 millones de estadounidenses lo han hecho entre marzo y diciembre de 2021, con picos especialmente intensos en el otoño y principio del presente invierno. Además de Klotz, otros especialistas en Sociología, Economía y Relaciones Laborales se están volcando en estudiar la evolución de un fenómeno que está trastocando seriamente los pilares fundamentales de la sociedad norteamericana. 

Uno de ellos, Charles Hugh Smith, lo explica en su blog OfTwoMinds, en el que califica de verdadera revolución un movimiento que él considera imparable. No la revolución que algunos prevén en forma de insurrección armada, a través de un golpe o de la fragmentación de la nación mediante la declaración de independencia del gobierno federal por parte de los estados, sino la consistente en un movimiento global de trabajadores que están decidiendo salirse del sistema, que optan por no participar de él conforme a los parámetros y paradigmas de la sociedad capitalista actual. 

“Lo que les lleva a la decisión de abandonar una carrera que creen imposible de ganar es el agotamiento, el hartazgo de la servidumbre por las deudas, el sentimiento de impotencia por tener que aceptar condiciones laborales de explotación y todas las tediosas trampas del neofeudalismo neoliberal”. Esos millones de trabajadores que abandonan el juego ya no se declaran en huelga ni asaltan la empresa rompiendo sus máquinas o herramientas de trabajo. Deciden simplemente cambiar sus prioridades, intentar emprender alguna aventura propia mientras el mercado ve engordar cada mes el número de ofertas de puestos de trabajo sin demandantes: 11 millones, según la Oficina de Estadísticas Laborales de EEUU. El sueño de convertirse en ejecutivo triunfador, trabajador estajanovista, que apenas tiene tiempo de pisar la suntuosa mansión en la que vive o jugar al golf sin prisa está dejando paso a ambiciones más terrenales, un cambio de prioridades radical.

El fin de los clichés 

Quedan ya pocos los que aún están convencidos de que la América de las corporaciones premia la lealtad y mantiene aún bien alto el lema “somos una familia”. Se ha trocado la planificación de vida a largo plazo por una variante del “carpe diem”, que impide el apego a la empresa y disuelve los vínculos de confianza y compromiso. Una desaparición cada vez más acelerada de los clichés clásicos.

El creciente número de desencantados aumenta su desazón cuando también observa otras estadísticas que les resultan descorazonadoras: el 0,1% más rico de Estados Unidos posee una riqueza superior al 80% más pobre, según World Inequality Database. 

La pandemia de la COVID-19 ha puesto bien al descubierto el fortísimo aumento de las desigualdades, la mayor amenaza para la disgregación de un país y de una sociedad. Según datos recopilados por Vicente Castelló, profesor de la Universidad Jaume I, hace más de una década que no se ha actualizado el salario mínimo legal por hora, 7,25 dólares; que un tercio de la población no puede tomarse vacaciones, y quienes pueden hacerlo tienen derecho tan solo a un periodo máximo de 15 días; que no existe baja por maternidad y no hay cobertura sanitaria pública universal, aun cuando es cierto que las empresas están obligadas a concertar sanidad privada en sus contrato con sus asalariados. 

Lo que se está fraguando en suma es un cambio revolucionario de sociedad, de momento silencioso, aunque es bien sabido que las revoluciones tienen una característica común sean del tipo que sean: son impredecibles.  

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