Un paseo por la Expo Dubái: conectando mentes, construyendo futuro

La Expo está siendo un éxito reuniendo a casi 2,5 millones de personas sólo en octubre

Pedro González
Periodista, experto en Política Internacional. Fue director de Redacción de Euronews y fundador del Canal 24 Horas de TVE.

Como sus antecesoras, tanto las de carácter universal como las calificadas de internacionales, la Expo2020 Dubái, acelerará el cambio de la urbe más populosa del Golfo. Así ocurrió en Milán, Shanghái, Zaragoza o Sevilla, y otro tanto cabe esperar de lo que ocurra en la próxima de Osaka. Todas sin excepción han dado un salto hacia adelante y han impulsado el conocimiento mediante la divulgación visual y práctica de los últimos avances de la ciencia, las artes y el entretenimiento.

Esta de Dubái, que debería haberse celebrado en 2020, ofrece al visitante varias particularidades. La primera de ellas es la de ser la primera de la historia que se celebra no solo en Oriente Medio sino en toda una región que abarcaría África y toda Asia del Sur. La segunda, y desde luego no menor, es la completa digitalización de la muestra. Con la sola excepción del plano de esta, que se ofrece también en papel, no existe ni un solo documento en ese material. El código QR es la norma para cualquier información, general o de los diferentes pabellones en particular. La inmersión en el lenguaje del futuro es por lo tanto absoluta y completa, entorno ideal para las jóvenes generaciones y acicate obligatorio para los más mayores, nostálgicos o aferrados aún a la imprenta de Güttenberg.

Pugna con Shanghái y Hong Kong

Antes de llegar al recinto de la Expo llama poderosamente la atención la sucesión de rascacielos que están convirtiendo a Dubái y a la vecina Sharjah en una dura competencia con las chinas Shanghái y Hong Kong por la primacía en este tipo de “skylines”, superada ya en número la pionera, Nueva York. Ello se traduce en atascos de tráfico gigantescos, en los que cientos de miles de lujosas limusinas y de 4X4 se deslizan por autopistas de seis carriles por sentido y sus avenidas adyacentes. Es aconsejable, pues, tomar el metro, aéreo y veloz, cuyas estaciones tienen forma de concha de molusco, en recuerdo y homenaje al país que estuviera hace no tanto tiempo compuesto por pescadores de peces y de perlas.

Las Expos, y ésta tampoco es una excepción, son un campo de experimentación de la arquitectura. Recorrer los 4,5 kilómetros del recinto (equivalente a dos veces el Principado de Mónaco o a 130 campos de fútbol) es un paseo por la combinación de edificaciones con los diseños y materiales más avanzados, en los que también se intenta la preservación de las esencias del pasado.

Como siempre suele suceder el pabellón del país anfitrión es sino el mejor, sí el más original. Obra del arquitecto español Santiago Calatrava, el edificio semeja un halcón en vuelo, en el instante preciso en que bate sus alas hacia delante. Realza así al ave rapaz que figura como emblema nacional. Por dentro, un patio central recrea los típicos riads, en los que la temperatura se reduce naturalmente hasta quince grados con respecto al calor del desierto exterior. Además, las imágenes de Stephane Aboudaram convierten la visita a sus 15.000 m2 en una experiencia inmersiva y multisensorial.

Los conos truncados del pabellón español

También es sorprendente el pabellón español, a base de conos truncados, elaborado por el estudio Amann-Cánovas-Maruri. Su entrada es abierta, y al visitante le recibe un ajedrez gigante, jalonado por otros tres tableros donde quienes quieran pueden disputar una partida. Los paneles del fondo ilustran de golpe sobre el papel de España en la divulgación del juego y sus aplicaciones científicas. Un pequeño recorrido histórico que provoca que los muchos colegiales que acuden a la muestra se identifiquen con las raíces de su propia historia y descubran muchos de los lazos que le unen al extremo occidental del Mediterráneo.

Una esfera escalonada ilustra a los visitantes con un muestrario de las muchas palabras que dio la lengua árabe al español, cuestión de la que no son totalmente conscientes, tanto muchos ciudadanos árabes como los hispanohablantes que contemplan esta simbiosis idiomática.

Con el lema general del pabellón, Inteligencia para la Vida, uno de los conos prolonga su profundidad a través de un gran cilindro en cuyo centro brilla una enorme escultura “viva” de Canogar, sobre la que se desploma una cascada virtual de intensos colores en un movimiento frenético. Da paso a su vez a una versión tecnológico-científica animada en una recreación pausada del bosque de Irati, en el que se presentan las más modernas innovaciones técnicas españolas, desde las de la desalación del agua, fundamental en toda el área del Golfo, hasta el hyperloop, el supersónico tren de levitación.

Es asimismo innovador el video de Nacho Vigalondo, capaz de narrar en una hermosa historia sin palabras y de música penetrante los cambios que en la Naturaleza está operando el hombre, reconociéndole también al mismo tiempo su capacidad para volver a armonizarse con ella, consciente a todas luces de que no le queda otro remedio si quiere ganar la batalla de su propia supervivencia.

Tradición y modernidad alternativa en el pabellón marroquí

Sorprendente y enorme también es el pabellón de Marruecos, obra del arquitecto Tarik Oualalou, quién ha recurrido a las antiguas técnicas usadas en las ciudades marroquíes, ofreciendo una alternativa al uso intensivo del acero y el hormigón. La peculiaridad de haber empleado tan solo materiales que se encuentran en un radio de cinco kilómetros a la redonda del edificio construido constituye toda una lección en la búsqueda de soluciones habitacionales sostenibles.

Se enclava así este pabellón en el lema general de la Expo2020 Dubái: Conectando mentes, edificando el futuro. Un horizonte que también se resalta en sus grandes pabellones temáticos, especialmente los de la Sostenibilidad y la Movilidad.

Las grandes avenidas que cruzan toda la Expo, tanto en sentido norte-sur como este-oeste permiten otear en poco tiempo la gran variedad y contrastes entre los pabellones que enarbolan las banderas de 185 países. Una obra gigantesca, con un coste de 7.000 millones de dólares, destinada a su desmantelamiento al cabo de los seis meses que durará la exhibición. Quedará para la posteridad la adyacente Villa Expo, que, a imagen y semejanza de las villas olímpicas, se convertirá en un barrio más de Dubái. También algún o algunos pabellones que sean “indultados”, es decir los que por su valor arquitectónico y originalidad merezcan ser salvados de la quema. El español podría ser uno de ellos, toda vez que ya ha sido visitado varias veces por varios miembros de la familia real emiratí, que han alabado la originalidad de la presentación española. Para que ello fuera posible, habría que encontrar un destino y una función útil al edificio más allá de la pura exhibición. Y, en consecuencia, si su mantenimiento corriera entonces a cargo de España o del país anfitrión.

En todo caso, la post-Expo queda aún lejos, en concreto cinco meses más, en los que los organizadores aspiran a multiplicar los 2,35 millones de visitas presenciales y los 12,8 millones virtuales con que han concluido el primer mes desde su apertura. Mientras tanto, visitar la Expo es descubrir asimismo cómo se le puede ganar espacio al desierto, crear oasis con vocación de permanecer en el tiempo y modificar ambientes inhóspitos. Todo ello, teniendo en cuenta que ese proceso ha de hacerse respetando la naturaleza, esa madre que se enfurece y entra en peligrosa cólera cuando se abusa de su paciencia. 

1 Comentario

  1. Parece mentira que un periodista hable así de los «nostágicos de Gütemberg». Si no hubiera sido por Gütemberg y sus nostálgicos, probablemente el mundo de la literatura, el conocimiento y el arte, no existiría.
    Puede echar un vistazo al artículo de «El Mentor» sobre el premio «Princesa de Asturias a las Artes». Esa es la extraña «modernidad» que nos toca pagar: bagatelas para incautos.
    Un saludo.

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