Vuelven las palomas de Picasso

Serralaitz
Serralaitz, el seudónimo usado por el autor en atención a su lugar de nacimiento, es un localismo que corresponde al nombre dado en la zona a una sierra riojana: la Sierra de la Hez, un conjunto de montañas en el corazón de La Rioja, entre las comarcas de Rioja Baja y Alto Cidacos-Alhama y Cameros y a una altura superior a los mil metros. Desde esa altura, cuando no hay niebla, las cosas se aprecian de una forma muy especial.

Venían de todos los rincones del planeta: Yakarta, Lahore, Ankara, Nigeria, Siria, Somalia… Todas con marcas de metralla y perdigonazos en las alas, en las garras, en el pico; todas con su ramo de oliva.

A los ochenta años de aquellos bombardeos sobre Durango y Guernica, las palomas mensajeras de la paz que soltara Picasso para denunciar a las primeras víctimas civiles inmoladas en una acción militar, siguen llamando a la paz y al respeto a los derechos humanos en todo el mundo.

El recuerdo de aquellos primeros bombardeos sobrevive, resuena como el primer día en el Guernica de Picasso como signo de protesta por los bombardeos de la Guerra de 1940 sobre poblaciones civiles, soltó palomas sobre el Japón de Hiroshima y Nagasaki, y en el Vietnam abrasado por el napalm por lo años 70, y en todas las guerras coloniales del siglo XX y XXI.

Volvieron las palomas a Euskadi clamando por una solución no violenta a los problemas que nos afectan, sobrevolaron puntuales cada sentada, cada convocatoria de Gesto por la paz o concentraciones de Senideak, abogando por la ansiada reconciliación, por la implantación de un clima de diálogo que aleje toda sombra agresividad en cualquier debate.

Estos días, Durango ha visto al lehendakari y a altos dignatarios vascos sumarse al recuerdo de aquellos bombardeos. Al margen del recuerdo institucional, en otro homenaje menos ceremonioso, en un tono más espontáneo y popular, el recuerdo se ha hecho música sobrecogedora de aviones volando a ras del suelo y danzaris huyendo de las bombas. Pero ha habido algo más: por primera vez, al reclamo del recuerdo de aquel 1937, las palomas de la paz han llegado desde todos los lugares del mundo donde la violencia sigue masacrando a la población civil. Con la misma liturgia del ya extinguido Gesto por la paz, o de las concentraciones de Senideak, una treintena de durangueses de la villa y de la merindad desplegaron en el Pórtico de Santa María sus carteles por el respeto a los derechos humanos de los refugiados sirios, de las poblaciones del Sahel y de África, de todo el Oriente Medio: a los nombres de países y ciudades víctimas de la violencia actual sucedían consignas: “Sí a los refugiados” ..”Todos tienen derecho a la vida y libertad y seguridad en todas partes”. “La guerra mata”. “No a sus guerras”.

Durango y Gernika son el portaestandarte de ese grito por la paz, el palomar de todas las palomas mensajeras que, salidas de los pinceles de Picasso, montan la guardia en todo el mundo pidiendo una oportunidad para la paz, que se callen los aviones y no ladren los kalasnikoff ya más. En Turquía, en Lesbos, en Idomeni, en Nueva York, París, Bruselas, en la estación madrileña de Atocha…

El jueves 24 de marzo, Durango fue por unos momentos el corazón de un mundo sin violencia, el palomar de todas las palomas que soltara primero Noé en el Arca, y más tarde Picasso desde su taller de pintura de París. Por encima de todas las fronteras, con todas las culturas y en todos los idiomas del mundo.

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