
«Bill Gates y Biden quieren tapar el sol por el cambio climático»
Forbes.com
«Hay mucho que decir en favor del periodismo moderno. Al darnos las opiniones de los ignorantes, nos mantiene en contacto con la ignorancia de la comunidad.»
Oscar Wilde
Antes, en el mundo periodístico, la carencia de noticias realmente de interés para el público, hacía necesario buscar las llamadas “serpientes de verano” para cubrir espacios. El tema recurrente era el llamado “monstruo del lago Ness” en las tierras altas de Escocia, que inevitablemente era avistado justo en esta época y que, en todo caso sería una reliquia de la era Secundaria que se salvó o evolucionó por adaptaciones posteriores a un medio acuático, al igual que ocurren con otras especies animales.
Otra se las conocidas “serpientes” se refería a otros seres de aspecto homínido que asimismo eran localizados en diferentes lugares del mundo. Desde selvas tropicales al techo del mundo, pasando por los llamados “sasquatchs” de Vancouver, los “big foot” de EE.UU. los “yetis” del Himalaya o hasta por nuestras montañas pirenaicas (Peña Montañesa). También en este caso, a la condición de posibles “relictos” aislados, se unía la fantasía y la imaginación.
Lo mismo ocurría con los alienígenas y sus platillos volantes venidos de más allá de la galaxia, que además contaban con documentos secretos escondidos en los archivos del Pentágono, con sus testimonios de avistamientos e incluso secuestros de humanos, ampliamente difundidos en el mundo de la ciencia-ficción cuyo paradigma sería la película “La guerra de los mundos” con la invasión marciana de la Tierra afortunadamente neutralizada por los virus con que convivimos.
Todo ello ha cambiado en los últimos años para ser sustituido por nuevas noticias como la recogida en estos días sobre la “ideica” del Sr. Gates, aplaudida y reforzada por la propia presidencia de EE.UU. de “tapar el sol” para anular los efectos del “cambio climático” y enfriar el planeta, todo ello jaleado por esa siempre bien dispuesta e ignorante prensa suficientemente engrasada, cuya presentadora con cara de terror, en una clara sobreactuación teatral dice: “Vamos a vivir fenómenos extremos a los que no estamos acostumbrados”. En este caso, si se refiere a ella misma (poco más de treinta años), es lógico que su juventud, inmadurez y falta de conocimientos tenga algo que ver.
Pero volvamos a esa otra “ideica” (ampliamente publicitada como serpiente de verano) que, junto a la noticia del leve cambio de temperatura a que se refería la presentadora de TV sobre le Mediterráneo a la que “no está acostumbrada” o al anuncio de la posible inundación de las ciudades de Cádiz y Huelva a causa de un tsunami cercano (otro anunció la de N. York a causa del tsunami causado por las erupciones del volcán de la isla de la Palma -aunque según otras profecías agoreras la ciudad estaría sumergida desde el año 2010-) basado en el terremoto de Lisboa de 1755.
Conviene de nuevo (desde el “plan antiguo” de Educación) recordar que los cambios morfológicos en la corteza terrestre provocados por la deriva continental y la tectónica de placas se remontan nada menos que al Mesozoico con los dos continentes Laurasia (Groenlandia, Eurasia y América del Norte) y Gondwana (América del Sur, África, India, Australia y Antártida), separados por el mar de Tethys. En esa época el “hombre malo” no había aparecido y menos aún sus tóxicos y negativos efectos climáticos sobre el planeta. Sólo los grandes reptiles paseaban su garbo en ambos continentes y, desde luego, no parece que el CO2 tuviera origen antropogénico (lo que permitiría más adelante que un pequeño grupo evolucionara hasta llegar al actual “sapiens” y como el resto de los seres vivos su fisiología precisara el oxígeno liberado por las plantas en el proceso de fotosíntesis).
Al mismo tiempo la deriva continental y la tectónica de placas provocaban no pocos cambios en la morfología y distribución de tierras y aguas, formando “placas” (norteamericana, sudamericana, africana, euroasiática, australiana, india y antártica) que se empujan, se fracturan, chocan, rozan, se hunden o emergen en las aguas durante cientos de millones de años, alterando en forma continua la geomorfología y la orografía de tierras y mares, así como el vulcanismo correspondiente. Mientras la actividad solar, las radiaciones cósmicas y los movimientos orbitales planetarios desde el nacimiento del planeta afectaban al clima terrestre y su “cambios” a lo largo de miles de millones de años a que nos hemos referido ya.
Había que esperar a que llegaran al mundo personajes como el señor Gates o Biden para que -como nuevos y delirantes dioses- intervinieran en la vida del planeta, en el sistema solar y… ¡quien sabe! en el Universo entero.
La forma en que lo harían es aún inédita, pero han conseguido los titulares de los llamados “medios de comunicación”. Suponemos que la más simple sería la de siempre: cubrirse la cabeza o el cuerpo con parasoles adecuados o, como se hizo siempre, ponerse a la sombra. Pero esos métodos carecen de sofisticación (y no justifican negocios “muchimillonarios” como la tasa CO2 y la “descarbonización”). Es preciso algo más importante y trascendental a escala planetaria. Es preciso “tapar” el Sol, el astro al que debemos la vida en la Tierra ¡para el enfriamiento del clima! precisamente cuando lo está haciendo por sí mismo.
Hay que reconocer que, como serpiente de verano informativa no está mal. Sobre todo si se cuenta con una sociedad crédula que ignora -porque quiere- la vida del planeta que pretende salvar.














Muchas gracias Sr. Manrique por su comentario.
La cuestión es cómo se nos pueden inyectar mentiras mediáticas desde la verdad del fenómeno climático y como se puede creer en el poder cuasi divino de algunos personajes.
El dinero todo lo puede y la acumulación de dinero en pocas manos (Gates) o de poder (Biden), les lleva a considerarse como auténticos dioses, pero hay que separar el poder terrenal (muy escasito) de un simple sistema planetario como el nuestro.
Un saludo.
Por supuesto que una buena parte del cambio climático se debe, no sólo al movimiento del planeta desde que existe, hace unos 4500 millones de años, sino al desplazamiento del Sistema Solar alrededor del agujero negro de la Vía Láctea, en un viaje que dura un millón de años, aproximadamente. Y si a eso le agregamos la contaminación, desde la Revolución Industrial, pues…esto que tenemos. No me parece mal la «locura » de Gates y Biden de «tapar » por un tiempo al Sol. Algo hay que inventar.