Ahora, un Caravaggio

Ahora, un Caravaggio
Juan Laguna
Promotor y fundador de Tiempo Liberal con actividad política desde la Transición. Funcionario jubilado. Empresario. Productor y dramaturgo. Conservador de Bienes Culturales.
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Si hace poco nos referíamos a ese interesante mundo de las falsificaciones artísticas o de las expertizaciones realizadas sobre las obras de arte, hoy toca hablar del supuesto Caravaggio, localizado en una casa de subastas madrileña que no pudo proceder a su venta ante la intervención del Estado, tal como es preceptivo, en sus derechos preferentes de compra y protección de las obras clasificadas como “Bien de Interés Cultural”.

El descubrimiento de un “nuevo” Caravaggio en el mercado de arte siempre crea unos recelos razonables, toda vez que la obra de este artista barroco italiano del XVII, maestro del “tenebrismo” que también nuestro José de Ribera cultivó en sus obras religiosas y que motivó que fuera atribuido en el catálogo de la casa de subastas a un “seguidor de Ribera”.

En todo caso hay artistas cuya vida atormentada parece influir en la cotización posterior de sus obras. El caso más paradigmático sería Van Gogh o, en este otro Michelangelo Merisi, nacido en Caravaggio, cerca de Milán en 1573 y fallecido en Porto-Ercole (Toscana) el 18 de julio de 1610, cuya muerte prematura a los 39 años (como la de su padre arquitecto) no impidió que su estilo se transmitiera a muchos otros artistas contemporáneos creando sin pretenderlo una ola de “caravaggismo” muy particular que se extendió en el tiempo.

Su vida fue una cadena de escándalos sociales que él mismo provocaba y su muerte, que se atribuyó inicialmente a cualquier enfermedad sexual, como la sífilis, ha sido objeto recientemente de una investigación realizada por el Instituto de Infecciones de Marsella publicada en la revista “Lancet Infectious”, afirma que fue de una herida infectada en el curso de una pelea con espada tan frecuentes en su azarosa vida.

Sus obras copiadas y replicadas también parecen haber seguido la misma suerte y así, en julio de 2010, se recuperaba en Berlín “El prendimiento de Cristo” (también conocido como “El beso de Judas”) que había sido robado en julio de 2008 del Museo de Arte Oriental y de Europa Occidental de Odessa (Ucrania), creó dudas sobre la autenticidad de la obra al existir otra versión en el refectorio de la residencia de los jesuitas de Dublín (Irlanda) desde 1930, pero lo habían considerado una copia del original extraviado del pintor holandés “caravaggista” Gerard van Honthorst (Gherardo della Notte). Estuvo en la colección de la familia Mattei de Roma, siendo vendida al escocés William Hamilton Nisbet. Vendida en 1921 a un pediatra irlandés, acabó en el comedor de los jesuitas de Dublín. Una vez restaurado se autentificó como Caravaggio mientras que la obra de Odessa se calificó como una simple copia.

Otra rocambolesca historia atañe a la obra “Natividad con San Francisco y San Lorenzo” que, en octubre del año 1969 fue robada del Oratorio de San Lorenzo de Palermo (Sicilia) por la mafia, cortando el lienzo con una hoja de afeitar y permaneciendo en paradero desconocido desde entonces. En 2018 un “arrepentido” declaró ante la comisión parlamentaria correspondiente que había sido troceada (en unos 8 o 10 fragmentos) y vendida en el mercado negro extranjero. Una misión encargada a uno de los “capos” más conocidos de la época que, al parecer, la llevó a Suiza. En el lugar que le correspondía se ha colocado una recreación digital realizada por un laboratorio madrileño.

Por último, tenemos “Judith decapitando a Holofernes”, otra obra de la que existen dos versiones, una de ellas catalogada en Rizzoli en el año 1968 en la colección Coppi de Roma de 144×195 cm y la otra descubierta en 2014 por casualidad en el falso techo de un trastero en la ciudad de Toulouse (Francia) con dimensiones parecidas (144×173,5 cm) autentificado por el experto francés Eric Turquin como una obra de Caravaggio pintado entre 1600/1610 y cuyo rastro en el siglo XVIII lleva a España de donde lo sacó un antepasado de los dueños actuales que sirvió en el ejército napoleónico. La obra fue vendida directamente por los propietarios -según parece- al coleccionista neoyorquino J. Tomilson Hill vinculado al Metropolitan Museum antes de ser subastado.

En la obra que nos ocupa la casa de subastas realizó una catalogación de cara a la sesión prevista para el mes de marzo, basándose en la existencia de un importante número de pinturas con el mismo tema y siguiendo la misma técnica del “claroscuro” tan propia de los seguidores de Caravaggio, cuya autenticación resulta a veces muy complicada. En este caso el hilo a seguir es la procedencia que -según parece- sería una herencia familiar. Luego vendría la restauración de la pintura cuyo aspecto ennegrecido impide el examen visual adecuado y, por último, el estudio científico (radiografías, reflectografías, infrarrojos, ultravioleta, etc.) y técnico de ejecución, que permitiese confirmar la autoría.

De momento, la experta italiana María Cristina Terzaghi, desplazada expresamente a Madrid para el examen de la misma, parece que se reafirma en su primera opinión que fue la que hizo saltar las alarmas: “es un Caravaggio”. hay que señalar que la casa Christie’s de Londres, vendió en julio de 2020 un “Ecce Homo” con una composición parecida (sobre todo la figura de Pilatos) procedente de una colección privada de Maryland y catalogada como “seguidor de Caravaggio”. Asimismo, en el Palazzo Bianco de Génova, se conserva otro “Ecce Homo” atribuido a Caravaggio con una factura y composición diferentes, que fue realizada en 1604 para el concurso promovido por el arzobispo de Florencia de la época, entre Caravaggio, Domenico Passignano y Ludovico Cardi (il Cigoli) que ganó la prueba. Una obra cuya autoría ha sido cuestionada por el experto Sebastián Schutze. Otras versiones catalogadas como “La coronación de espinas” se encuentra en la colección Cecconi de Florencia y el Kunsthistorisches Museum de Viena.

En todo ello hay que tener en cuenta la posible cotización de la obra en el mercado de arte. De los 1.500 euros previstos por Ansorena para su salida a pujas, ya se adelantaba en la prensa la cifra de 23 millones de euros que tenía previstos un anticuario británico para su adquisición, llegándose a señalar que podría alcanzar los 110 millones en ventas posteriores. También la “Decapitación de Holofernes” a que antes nos referíamos manejaba la cifra de 120 millones de euros para su venta. En la obra “Prendimiento de Cristo” del Museo de Odessa, se indicó la cifra de 100 millones que luego se vinieron abajo al declararse por la experta rusa Viktoria Markova que se trataba de “una copia realizada con cuidado y habilidad”. Al final, la noticia está en el dinero. Un dinero que la Junta de Calificación del ministerio de Cultura debe discutir en el caso de que se confirmara sin ningún género de dudas la autenticidad de la obra.

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