La campaña de Madrid

Disturbios Vallecas. FOTO: EFE
Juan Laguna
Promotor y fundador de Tiempo Liberal con actividad política desde la Transición. Funcionario jubilado. Empresario. Productor y dramaturgo. Conservador de Bienes Culturales.
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Acaba de comenzar y ya tenemos que lamentar heridos por los que se han propuesto reventar los actos electorales contrarios. Una violencia “comprendida” por algunos de los que ostentan cargos institucionales, por la mayor parte de los oficiosos medios de comunicación y por los partidos políticos que, con su atronador silencio con lo ocurrido, demuestran el “todos contra Vox” que ya se retrató en la moción de censura al gobierno. Todo un ejemplo de democracia en los métodos de coacción al pluralismo político proclamado en la Constitución (artº 1.1. y 6 de la C.E.).  Y no pasa nada.

Tenemos precedentes en lo ocurrido en la campaña presidencial americana, donde cualquier lema vacuo puede servir de justificación para que los violentos  tomen las calles, destrocen lo que encuentran a su paso, agredan a los ciudadanos, roben en los establecimientos, asalten el Congreso y se enfrenten con toda impunidad a las fuerzas del orden. Una impunidad que convendría saber quien la paga y con qué motivos.

Los llamados “antifas”, “CDR”, “Black Lives Matter” y otras tribus por el estilo, campan a sus anchas bien engrasados económicamente (pocos trabajadores de verdad en sus filas y menos aún “parias de la Tierra”) como un ejército de mercenarios o cipayos vendido o alquilado al mejor postor. Tan pronto intervienen en la plaza del Maidán en Kiev (Ucrania) a favor de la OTAN, como en las llamadas “primaveras árabes” a favor de intereses económicos o se infiltran como falsos inmigrantes en las caravanas o dicen defender supuestos valores democráticos. Los conocí en el “15M” donde fue necesario controlarlos. Son gente con pocas o nulas ganas de ganar el pan con el sudor de su frente y prefieren el salario de la violencia y la guerra. Y, además, son hábiles en provocaciones y agresiones al amparo de las mascarillas. 

No tienen ni idea de Historia real, sino que se alimentan de términos huecos que les sirven de coartada. Así, poco o nada saben de lo que fueron y significaron los movimientos totalitarios en el mundo porque ellos son sus representantes en la actualidad. Menos aún saben de Medio Ambiente, Ecología, etc. aunque se desgañiten (como les han ordenado) protestando por el cambio climático, el falso feminismo que identifica a la mujer como débil e incapaz de protegerse y otras lindezas de la nueva ingeniería social.

En el mundo de la inteligencia se sabe de la existencia de “agentes externos” a la política, que influyen mucho más que la diplomacia o que los propios gobiernos, muchos de ellos puestos a su servicio. Esos agentes externos están identificados en algunos casos, pero son más poderosos que los estados en los que intervienen con sus “perros de la guerra” pero también con sus redes clientelares que garantizan impunidad a los violentos. 

Y van a estar en la campaña con tintes bélicos de las próximas elecciones en la Comunidad de Madrid, donde se dirime no sólo la política de una comunidad autónoma, sino que trascienden por contraste al propio gobierno de la nación. Y como en el acto de Vox en Vallecas, van a crear violencia, sangre y coacción, desvirtuando e impidiendo la libertad de los ciudadanos y de las formaciones políticas que se presentan legítimamente a las elecciones. Ellos imponen “su ley” a falta de otra que se haga respetar.

A este respecto conviene señalar que la Constitución Española en su artª 104 dice: “1.- Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, bajo la dependencia del gobierno, tendrán como misión proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades y garantizar la seguridad ciudadana. 2.- Una ley orgánica determinará las funciones, principios básicos de actuación y estatutos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.”.

Por su parte, la Ley Orgánica 2/1986 de 13 de marzo de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, determina en su artº 1º.1. : “La Seguridad Pública es competencia del Estado. Su mantenimiento corresponde al gobierno de la Nación”. En su artº 5º: “Son principios básicos de actuación: 1.a.- Ejercer su función con absoluto respeto a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico. 1.b.- Actuar en el cumplimiento de sus funciones con absoluta neutralidad política e imparcialidad. 1.d.- Sujetarse a los principios de jerarquía y subordinación. En ningún caso la obediencia debida podrá amparar órdenes que entrañen la ejecución de actos que constituyan delito o sean contrarios a la Constitución o las leyes. 2.a.- Impedir en el ejercicio de su actuación, cualquier práctica abusiva, arbitraria o discriminatoria, que entrañe violencia física o moral”.-

El artº 172 del Código Penal dice: “1.- El que, sin estar legítimamente autorizado, impidiera a otro con violencia hacer lo que la ley no prohibe, será castigado con pena de seis meses a tres años de prisión…”.

Bastan estas menciones para entender que las leyes encargan a los poderes públicos correspondientes la seguridad de los actos electorales a través de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, pero que éstos a su vez están supeditados a las instrucciones, recursos y medios que la superioridad les proporcione y que tales actuaciones deben tener un carácter preventivo que evite desde el principio, cualquier conflicto violento.

El texto constitucional es la base del resto del ordenamiento y, por ello, no pueden dictarse normas contrarias al mismo (ni en su letra ni en su espíritu) o retorcerlo con interpretaciones sesgadas o interesadas de quienes precisamente por su responsabilidad institucional, están más obligados que nadie a proteger el derecho de las formaciones políticas a ir donde crean oportuno en sus campañas electorales (artº 19 C.E.), a expresar y difundir libremente los pensamientos ideas y opiniones (artº 20.1.a C.E.), a reunirse pacíficamente (artº 21 C.E.), a participar en las elecciones (artº 23 C.E.).

Cuando la violencia, la extorsión, la coacción, la manipulación informativa o el silencio se adueñan de la sociedad, esta habrá dejado de existir como tal y el Estado, cuyos poderes emanan de la soberanía nacional (de todos los españoles sin distinción) se habrá convertido en un trampantojo que utlizarán a su conveniencia quienes, en muchos casos, son ajenos al mismo.

FOTO: EFE

1 Comentario

  1. Excelente artículo. Poco que añadir excepto que vienen nubes negras. Ya están Biden y su cipayo noruego Stoltenberg (el de las armas de destrucción masiva) en la OTAN montando otra guerra a base de tirar la piedra y esconder la mano en Ucrania. No salimos de una y nos meten en otra.

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