Viva España

Fernando Lanzaco
Licenciado en Derecho y en Ciencias Políticas. Periodista titulado por la Escuela Oficial de Periodistas, pertenece al Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado. Ha desempeñado, entre otros, los puestos de Subdirector General de Coordinación Administrativa del Ministerio de Educación y Ciencia, Presidente del Instituto Nacional de Asistencia y Promoción al Estudiante, Director General de Personal de Ministerio de Educación y Ciencia, Subdirector General del Ministerio de Justicia y Gerente de la Universidad Politécnica de Madrid.
Publicidad

Recién llegado del horror innombrable de Auswitch me encontré el vómito de un homínido llamado a ser impulso y guía de la cultura en Madrid, capital de las Españas, que fuera corte de dos mundos. Y otros horrores y vómitos macabros.

Me volví una vez más a Tony Judt que en su libro “Algo va mal” ha reunido en muchas de sus páginas la propuesta de verdaderos ensayos, a veces el arranque de un tratado. Voy a citarle sabiendo que con sólo reproducir una observación suya este artículo quedará plenario de insignificancia. Dice “Durante el largo siglo del liberalismo constitucional, de Gladstone a Lyndon B.Johnson, las democracias occidentales estuvieron dirigidas por hombres de talla superior. Con independencia de sus afinidades políticas, Leon Blum y Winston Churchill, David Lloyd George, Franklin Rooselvelt, Luigí Einaudi y Billy Brandt representaban una clase política profundamente sensible a sus responsabilidades morales y sociales. Es discutible si fueron las circunstancias las que produjeron a los políticos o si la cultura de la época condujo a hombres de este calibre a dedicarse a la política. Políticamente, la nuestra es una época de pigmeos”. Vale para el mundo, vale para España, donde muchos pigmeos son enteramente iletrados.

Se me antoja imaginarme a España como una frondosa alcachofa y deshojarla para conocer el estado de su carnosa naturaleza. Y vamos viendo. Pedro Sánchez, banal aprendiz de brujo que puede concitar el pudridero de España y de su partido; Izquierda Unida en proceso de desvanecimiento por litis; UPyD quizá ya de inencontrable pulso; los ruidosos nacionalistas —con más codicia aún que ruido— en su soliloquio autista; los populismos caribeños disolventes y mendaces; las formaciones de oportunismo y localismo extravagante que cantonalizan el país allí donde pudieren; y el PP que parió un ratón después de tanto yerro y secretismo. El PP que, con todo, sigue siendo sustancial para sostener el edificio constitucional de España, nunca podrá quejarse de mezquindad de los españoles que para una tarea excepcional le concedieron poderes excepcionales.

Sólo con el deshoje de la clase política parecería que la alcachofa habría de menguarse pero no es así, queda mucho que ver. Queda por ver quiénes somos realmente en campos como la ingeniería, el turismo, la construcción de fastuosas infraestructuras en todo el mundo, de la moda en la que ya somos una potencia mundial, la gastronomía, la aeronáutica, la fabricación de automóviles, de los trenes de alta velocidad y de la pintura, de la arquitectura y de las letras. Y el vino y la alegría de vivir, que a pesar de todo nos aflora y que los franceses llaman el esplendor español, incluso tomándose una caña. Somos en buena medida un país de éxito que no lo puede soportar y se zancadillea a sí mismo. Pero mucho más allá de nuestros éxitos, el gran factor de estabilidad y confianza son los millones de españoles anónimos que se afanan, estupefactos a veces, por sobrevivir con sus familias, sus quehaceres y sus sueños que lo son de paz, de dignidad, de tolerancia, de respeto y de progreso.

Vistas así las cosas parece que no habría que angustiarse. Angustiarse no, pero casi al contemplar la torrentera de odio, insulto y todavía violencia que ejerce un sector minoritario, antidemocrático, que utiliza, como tantas veces se ha testimoniado en la historia, el amedrentamiento violento para sojuzgar a la población. Frente a esa turbamulta no valen razones, incluso en un momento claro de recuperación institucional.

Un rápido repaso : la Jefatura del Estado, la monarquía, goza de creciente aceptación. Las Fuerzas Armadas que son una de las instituciones más respetadas y valoradas, la Iglesia Católica con un testimonio de tolerancia, prudencia y compasión no muy frecuente en nuestra historia.

¿A qué, entonces, la quasi-angustia? ¿A los populismos? Hay que guardarse de ellos ciertamente pero son un resultado no una causa que se caracterizan por envilecer y degradar aún más los problemas que propone resolver.

No. El problema (y además no es exclusivamente español aunque parezca dramáticamente español en el contexto europeo) es la desigualdad creciente, en España y en el mundo y la desesperanza de futuro de los jóvenes. Y por cierto, nunca hablamos de la melancolía, esfuerzo y tristeza de los mayores.

A veces desvelado, quizá de ingenuidad, que es un modo placentero de desvelarse, pienso que el ominoso fardo de la corrupción está pasando y seguirá pasando. Que el egocentrismo de la casta política y el envilecimiento de la chusma política se irá remediando, que incluso los financieros puedan llegar a sentir una pulsión amable por su país, que los hacedores de opinión cesen en sus desinformaciones sin fin. Creo, que todos, incluso los jueces que todavía no, experimentarán un cambio de sensibilidad.

Vivimos una oportunidad muy positiva pero que también puede encaminarse al conflicto severo de la convivencia civil de España y de la unidad de sus territorios sino hacemos un esfuerzo de responsabilidad para que pervivan los valores democráticos (ya es ciertamente muy difícil concebir una Patria, un Estado, una nación española sino es democrática), y que los españoles prosperemos y vivamos por mucho tiempo una industriosa paz con definitiva erradicación de un odio fraticida que parece ya ancestral. Y sienten, casi en exclusiva, aquellos que ni siquiera vivieron nuestras tristísimos estragos.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.