Visión optimista de un sociólogo

Emilio Lamo de Espinosa
Por
— P U B L I C I D A D —

“Salus infirmorum”, o Salud de los enfermos, es el nombre de un edificio cordobés, construido en el Siglo XVI, en el que tiene su sede el Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA), un centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y de la Junta de Andalucía que puso en marcha el sociólogo Emilio Lamo de Espinosa.

A Lamo de Espinosa le presentó ante los miembros de la Asociación para la Defensa de los Valores de la Transición el también sociólogo Juan Diez Nicolás, que es autor de “Tiempos de Crisis e Incertidumbres”, como un doctor en Derecho y catedrático de Sociología al que merecía la pena escuchar para conocer su visión de la realidad española.

Y vaya si valió la pena. El análisis de Lamo de Espinosa y sus respuestas a las cuestiones que se le plantearon, por su optimismo, resultaron una especie de canto al “salus infirmorum”, apropiado para fortalecer la esperanza y recuperar el espíritu de la sociedad española del momento:

“La sociedad civil está participando en la salida de la crisis”, empezó afirmando. Después se fijó en la perspectiva histórica que contempla a un país, España, que en poco tiempo ha sido “Un país maldito de Europa”, después “El milagro de Europa”. Y por último “La maldición de Europa”, entre “los países malditos del Sur” con frustración, malestar y “muy baja autoestima”.

“No hay razones objetivas para el sentimiento nacional de frustración —siguió— pero sí para estar preocupado y para analizar lo que pasa”: Una triple crisis (de Legitimidad política, Económica y de funcionamiento de las instituciones) que se inició el 15 M, que produjo unos movimientos sociales de abandono (de catalanes y vascos), y que generó sentimientos de huida.

“Pero aquí seguimos”. No se ha producido la explosión que esperaban los sociólogos. No ha existido violencia. Los intentos violentos que hubo en la órbita de Podemos se templaron. La sociedad está centrada y ha asumido la crisis “con gran madurez”: La “Democracia asamblearia se ha canalizado”. “La monarquía se ha asentado con Felipe VI”. “No se discute el papel de la Iglesia y del Ejército”. “No discutimos los activos de la sociedad”. Pero hemos de contar, como pasivos negativos, con un Espíritu de división acusado e insolidario, y con un contraste acentuado entre lo que fue el espíritu de la Transición en el pasado y el espíritu actual.

Es necesario un “Nuevo Proyecto social regenerativo”, que deben hacer los partidos políticos actuales, porque “sino lo harán otros”. Un proyecto visible y transparente con “tolerancia cero a la corrupción”, “revisión del funcionamiento de los partidos políticos” y de la Ley Electoral, “Reforma de la Constitución” por referéndum, y una posible reforma de los Estatutos de Autonomía. Y “envolviendo todo en Europa”, la única salida en un mundo globalizado para la mayor parte de los Estados Miembros de la Unión Europea (España entre ellos) que son minúsculos frente a la realidad mundial.

“Por eso —concluyó— la salida es Europa, no hay otra alternativa”.

Después, contestando preguntas y manteniendo un tono bajo, demasiado bajo, siguió mezclando algunas inyecciones de optimismo con opiniones sobre los temas que se le fueron sugiriendo:

Se avanza en la construcción de Europa. A España le interesa Europa. Hay dos conceptos: “la ida a Europa del principio y la venida a nosotros de Europa del final. Pero Europa es una realidad imprescindible”.

La Crisis social es importante, pero “aquí aún no se ha llegado a Casas Viejas” porque la crisis no es igual con niveles de renta bajos que con una renta per cápita de 30.000 dólares anuales. Aquí no hay analfabetismo pero sí hay desigualdad. España no es escandalosamente desigual, pero la crisis ha apretado más a los más pobres que a la clase media.

El asunto catalán “es un demonio de tema”. La deslealtad de Mas, inaceptable, lo “ha cancelado como interlocutor”. “El Gobierno ha acertado a nivel internacional” porque ha conseguido el “portazo de Europa a las deslealtades de Mas”. “A nivel interno, Rajoy desconcierta porque no ha entrado al trapo. Y le está saliendo bien (porque) el independentismo no sabe por dónde tirar”.

Hay corrupción, pero si se miden los índices de corrupción usuales se comprueba que “el índice de percepción de la corrupción no está en tal mal lugar”, que en cuanto al “índice de soborno, estamos en los mejores lugares del mundo”, y que “la corrupción en España surge en torno a los partidos políticos (quizá) porque muchos resultados económicos dependen de decisiones políticas”. Hay, además, una “corrupción confortable”, lentitud en la justicia y lagunas de impunidad.

Por último, a petición de una mujer, como receta para mejorar la salud de la sociedad, dio una fórmula para articular la Reforma Constitucional (supuestamente) necesaria: Abrir camino para la Reforma. Encomendársela a una Comisión de Sabios. Someter las propuestas a Debate. Acudir a otra comisión de sabios extranjeros para que estudien el independentismo y resuelvan el problema catalán. Hacer ver a los partidos actuales que si no hacen la reforma “otros la harán”. Y colocar a Rajoy ante las Cámara de televisión para “contar qué es lo que hay” y recuperar los Valores de la Transición.

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