Una guerra impuesta e innecesaria

Juan Laguna
Por
— P U B L I C I D A D —

En un artículo anterior titulado “¿Tambores de guerra?” me refería a los intentos de EE.UU. para aglutinar a su alrededor una fuerza bélica internacional basada siempre en el supuesto liderazgo de este pais sobre el resto del mundo.

Sus argumentos para conseguirlo proceden -como siempre- de las informaciones obtenidas por sus agencias de seguridad que, al parecer, constituyen el oráculo definitivo para una decisión de esta envergadura, con todo lo que supone de sufrimiento, destrucción y dolor, no sólo de las personas, sino también de las culturas y civilizaciones con que se han ido construyendo los pueblos.

Si el último intento fallido de utilizar las “armas químicas” en Siria como pretexto (al igual que las “armas de destrucción masiva” en Irak antes) fue no solo rechazado por gran parte de la opinión pública del propio pais sino también por la opinión pública mundial y los mandatarios occidentales, -lo que constituyó un serio revés de popularidad (eso que les encanta) del presidente Obama-, han debido producirse o inducirse otros motivos como la crisis en Ucrania, el derribo del avión sobre ese territorio o las ejecuciones de rehenes por supuestos islamistas para que, al final, una serie de paises (¿bajo la bendición de las propias Naciones Unidas?) y de la OTAN, se hayan embarcado en un nuevo conflicto con el llamado Estado Islámico. Un estado falso y sin localización precisa (como debería ser un verdadero Estado) y difícil de creer a poco que se conozca la Historia.

¿Ese supuesto Estado Islámico incluiría a todos los seguidores de Mahoma y del Corán? Entonces nos encontraríamos con que, todos los paises llamados “árabes”, habrían llegado al fin a esa unión imposible que las rivalidades entre ellos impiden desde hace siglos y se podría hablar de una gran nación árabe compuesta de decenas de Estados que abarcaría gran parte del planeta. O, por el contrario ¿no es más cierto que la desunión persiste alentada por unos y otros para impedirlo? ¿De qué Estado Islámico hablamos? ¿Cuando y donde se ha proclamado el mismo? ¿Quienes lo forman? Para combatir a un supuesto estado enemigo ¿no tendría que haber una declaración de guerra formal y previa?

Vamos a suponer que se le ha dado ese nombre a unos supuestos grupos de terroristas más o menos dispersos que han amenazado con atentados posibles en el mundo occidental y éste pretende ingenuamente impedirlos. ¿Es eso motivo para matar cientos o miles de civiles, destruir ciudades, provocar dolor y resentimientos que luego justifiquen cualquier acción? ¿Es esa la capacidad política que tenemos? La guerra es el último recurso como saben los verdaderos estadistas y nunca debe obedecer a intereses más o menos velados de una parte. Para impedirlo se creó Naciones Unidas y su Consejo de Seguridad, a menos que haya parcialidad y trampa en su funcionamiento.

Por otra parte ¿de qué sirven las leyes si alguien es capaz de conculcarlas tan impunemente? El principio del Derecho y de los estados que se proclaman de Derecho es la aplicación de leyes en la sanción de delitos -incluido el terrorismo-, sobre hechos producidos y probados suficientemente ante tribunales independientes, al igual que los servicios de información y policía están para impedir que se produzcan tales hechos. Pero no con una guerra, nunca desde la violencia supuestamente preventiva, jamás sobre un solo inocente. Búsquese al culpable de tal o cual hecho y llévesele ante la Justicia pero nunca es justificable actuar contra una población.

Viene a coincidir este inicio de actividad bélica con la celebración en Naciones Unidas de una reunión general sobre el cambio climático. Entre los oradores el propio Rey de España habla del peligro o riesgo que para las personas supondría una situación crítica de cambio de clima, -tema en el que no vamos a entrar por lo genérico de su planteamiento y las magnitudes de tiempo en que se mueve que trascenderían a varias generaciones-. En cambio sí hay un peligro real (no supuesto) en la escalada bélica y en los conflictos que poco a poco van salpicando la geografía (sobre todo donde hay petróleo u otros recursos estratégicos) basados en simples informes que luego se demuestran equivocados, quizá interesadamente.

En la última cumbre de la OTAN ya se forzó dicha alianza y, afortunadamente, tal como se calificaba en algún medio, nuestro gobierno se colocó de perfil sin apostar por algo que, indudablemente, todavía sigue bastante oscuro en cuanto a sus motivaciones. En su momento se conoció la postura negativa del actual presidente Rajoy con respecto a la guerra de Irak y, posiblemente con respecto a esta misma situación. Todo ello quizá esté relacionado con el hecho de que el presidente Obama “haya recibido” al Rey de España y le haya “concedido” unos minutos de su tiempo. Hace algunos años, cuando la posición del gobierno de Suárez hacia la integración en la OTAN era demasiado dubitativa, también el presidente americano recibió al entonces monarca con el resultado de la dimisión de Suárez y el paso del PSOE del “OTAN de entrada NO” al posterior “OTAN sí”. Naturalmente todos prefieren pasar de puntillas sobre este asunto que, con el tiempo, quizá llegue a aclararse.

Bien están los ejércitos para la defensa de las naciones o los estados ante una ofensiva bélica real; bien los servicios de seguridad para detectar y prevenir pero mucho mejor están los gobiernos sabios en la simple prevención, antes que en pasar a la destrucción o como se ha dicho el “aniquilamiento” de un estado “full” que vete a saber lo que es en realidad y donde la única realidad por ahora es la provocación del conflicto, los sufrimientos y muertes innecesarios, la contaminación real y la destrucción de pueblos y ciudades. El mejor ejemplo de paz sería evitar las guerras pero, para eso hay que valer.

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