Sexo de hienas en la puerta del Congreso

Redactor Congreso de los Diputados
José Luis Heras Celemín
José Luis Heras Celemín es autor del libro “El Caso Bankia y algo más… o menos” y Director de Comunicación de la Fundación Emprendedores.

Dichosas coincidencias: En el orden del día de la Sesión nº 40 del Pleno del Congreso de los Diputados se había establecido que la a priori pregunta más interesante, de la ‘Consorte eclesial’ Irene María Montero a la Vicepresidenta del Gobierno, coincidiera en el tiempo con la presencia del embajador ruso en España, Yuri Korchagin, presentado por el Presidente del Senado Pío García-Escudero en la tribuna de Nueva Economía Fórum. Estando Rajoy ausente, por razón de preferencias y de recuperación de ‘lo noticioso’ en el magnífico Canal Parlamento que emite en diferido las sesiones de Pleno, algunos optamos por el ruso y dejamos para después el Parlamento.

Al llegar, en la entrada del Congreso de la calle de Cedaceros había cola. En una mesa, una mujer policía (o guardia civil) verificaba acreditaciones y entregaba ‘cipoles’, en argot las tarjetas que facultan la entrada. En la espera, ojeando El País, me topé con las características del sexo de las hienas mientras dos mujeres, delante de mí, comentaban el embarazo de una de ellas (8 semanas) y el no sabido sexo del nonato. Se juntaban así dos sexos desconocidos: el del humano en gestación, dudoso por la premura; y el de la hiena, que lo es, parece, por morfología, ya que, decía El País, «El tamaño, la forma y la erección del clítoris son prácticamente iguales a las del pene…, no dispone de una abertura vaginal externa, los labios se fusionan para formar una especie de escroto»

Sin saber qué había dado de sí la pregunta de la ‘Consorte eclesial’ a la Vicepresidenta, alguien hablo sobre el asunto: Lo de siempre, Montero había sacado las flores del tiesto y la Triple S (Soraya Sáenz de Santamaría) había dado la correspondiente clase de botánica parlamentaria para volver las flores a su sitio. Como hace cada vez que administra (hay quien dice que perpetra) lecciones a la Consorte cuando ésta confunde el Hemiciclo y el escaño con otras cosas. Comentario sobre el rapapolvo, sonrisas a la serie de preguntas concatenadas de Montero a cuenta de no se precisó qué. Y una continuación graciosa, de sainete, que ocurrió después, dijeron, cuando se vio a Iglesias, mandamás máximo en Podemos, haciendo una pregunta al ministro del Interior sobre la adjudicación de una vivienda de la Guardia Civil al director General de Tráfico.

Una mujer entró en conversación para destacar (hay sensibilidades femeninas que lo detectan) la actuación de Iglesias, como primaveral ‘macho alfa en berrea’, en defensa de hembra. Ocurría, dijeron, que la pregunta no la había hecho el diputado gaditano Juan Antonio Delgado al que podría haberle correspondido como guardia civil que es. Pero en Podemos las cosas de militares y de la Guardia Civil tienen su ‘telenguendengue’, precisó otro de la cola (acaso vinculado al cuerpo de la Guardia Civil). Según éste, la decisión preguntona de Iglesias no se debía a berreas galantes sino a la no firma de Delgado en el manifiesto de Podemos en favor de los agresores a un grupo de guardias civiles y sus parejas en Alsasua.

Para entonces, en el Hemiciclo habían acabado las preguntas de la Sesión de Control y avanzaba la segunda de las dos únicas Interpelaciones urgentes, nos dijo un periodista que salía. Repasé el orden del día. Sólo quedaba la Moción consecuencia de Interpelación urgente «del Grupo Parlamentario Ciudadanos, sobre las políticas del Ministerio del Interior para mejorar la seguridad de los usuarios de motocicletas y ciclomotores».

Llegó mi turno, entregué el Carnet de Prensa, recibí la acreditación y miré a las mujeres que seguían hablando sobre el sexo del bebé que nacería de una de ellas. En vez de ir hacia el Hemiciclo, bajé las escaleras, pasé por la Sala de Prensa donde el todavía diputado Homs recibía amistades (no peligrosas) de adversarios y no tanto (ERC y PNV). Decía algo, con tono quejica. No me paré y seguí hacia la mesa de los periódicos. Dudé entre releer alguno o hacer un sudoku para acoplar números en líneas, columnas y cuadrados. Opté por cruzar los brazos y oír lo que venía de la puerta abierta de la Sala de Prensa: Habló Homs, luego Joan Tardá, y más tarde Aitor Esteban.

Estuve un rato, hablé, crucé palabras, tomé notas y al cabo de un rato, cuando ya había acabado la Sesión, salí. Al recibir el carnet de prensa, la mujer que me lo dio vio el periódico y se fijó en el artículo sobre el sexo de las hienas.

—Lo importante es el sexo del bebé que va a nacer y del que hablaban ustedes antes. Pero yo hoy voy a escribir sobre el sexo de las hienas. —dije a modo de disculpa.

—Las del periódico. —matizó ella, puede que con sorna.

Sonreí y no contesté. Al llegar a la puerta, miré a la mujer. Ella no reía. Con la uña del pulgar izquierdo se rascaba una ceja. Puede que los tuviéramos in mente el sexo de las hienas.

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