Rescatar al PP (no solo)

Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.
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Hay victorias pírricas como la de Arrimadas en Cataluña en 2017. Nada pudo hacer. No tenía modo de articular una mayoría. Podría haber hecho, si acaso, más ruido, aunque siempre sin nueces. Su subsiguiente marcha a Madrid facilitó que los enemigos de Ciudadanos, numerosos, le acusasen de huir al confort madrileño. Curiosamente, nadie acusa a Iceta de lo mismo tras venirse, asimismo, al confort capitalino y haber encontrado una víctima, Illa, para sustituirle en Barcelona. Ya lo intentó antes, ojeando la Presidencia del Senado, maniobra torpedeada por los independentistas por cuyo indulto aboga.

Esta vez la victoria pírrica puede ser para Illa si no consigue romper el cordón sanitario anti-PSC de los separatistas. Quienes son conscientes de este posible sino “inesista”, que mejor sería que no se materializase, le piden que “muestre perfil” porque el Presidente del “Parlament” no le propondrá para “President de la Generalitat” sin suficiente respaldo previo. ¡De dónde van los indepes a dejarle que explique sus políticas en el hemiciclo para votarle, luego, a la basura!

Aunque le acabe pasando al PSC lo que le pasó a C´s, aguantará mejor el tirón porque es “más partido”. Con dos almas, la nacionalista, que suele causarle perdición, y la española, que debiera ser la verdaderamente suya. Es la constitucional, la del respeto a la Transición y a los pactos políticos de convivencia de nuestra Constitución.

La estruendosa derrota de Ciudadanos lleva ese partido a la dimensión que, verdaderamente, le corresponde, un papel de bisagra, nutrido por centristas de derecha y de izquierda. No puede ser un partido mayoritario ni apéndice de ninguno. Debe ayudar a la gobernanza, moderando a cada cual en sus tendencias maximalistas. La asunción de ese papel, con el respeto de los demás al mismo, sería lo mejor para el conjunto de la Nación. Ahora bien, para llevar el volante de Ciudadanos, hay que ser de una habilidad extrema. De ello dependerá su supervivencia, porque en esas está.

En cuanto el PP, necesita oxígeno. A su izquierda son numerosos los que se alegran de sus desgracias, de su desastroso resultado en Cataluña, de sus escasas perspectivas de ganar elecciones o de volver a gobernar por ahora y algo más. Si bien esas alegrías son naturales, son insanas. El PSOE necesita una derecha razonable con quien entenderse para llegar a pactos de Estado y alejar de la política española la polarización para, así, reposar las excesivas tensiones y salvar al país, necesitado, para salir de sus numerosos agujeros, de entendimientos nacionales y no solo dentro de un bloque o del otro.

Por paradójico que parezca, uno de sus sanitarios debe ser el PSOE tendiéndole repetida y generosamente (interesadamente …) la mano. El enfermo debe, también, esforzarse más y reaccionar correctamente, pero, en todo caso, Casado parece haber fracasado. Debiera convocar enseguida un congreso para su sustitución por alguien con más capacidad política bien antes de que lleguen otras elecciones, sobre todo generales, donde le crujan inapelablemente porque, de ocurrir, Vox sería el predominante en la derecha y difícilmente podría el PSOE lograr pactos de Estado a pesar de los elogios que, recientemente, le dedicó Sánchez a Abascal. Los socialistas no debieran apostar por un peligroso esquema dual de VOX o PSOE (con quien sea). 

Así las cosas, este 23 de febrero, cuando en el Parlamento se conmemoró con Felipe VI la victoria hace 40 años de nuestra democracia sobre el golpismo del 23-F con la importante contribución de Juan Carlos I, se ausentaron siete partidos nacionalistas: PNV, JxC, ERC, Compromís, CUP, Bildu y BNG. Podemos asistió, pero Iglesias fue el único que no aplaudió el discurso del Rey. ¡Menuda ensalada la todos estos partidos! ¿A dónde van? ¿A por la Constitución? Evidente.

No son “reformistas”. Lo que quieren son independencias y revoluciones, todo lo contrario de lo pactado en la Transición para una convivencia justa y pacífica. Hace unos días, Felipe González, en una entrevista en El Confidencial, sonó muchas alarmas sobre nuestro presente y futuro.

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