Relatos y Realidades

Relatos y Realidades
Marta Pastor
Periodista y poeta de Madrid, directora y presentadora de "Ellas Pueden" de Radio 5.

Es difícil, a veces, escribir cuando todo sucede en un bucle infinito del tiempo, como si estuviéramos en la película El Día de la Marmota. Escribir y contar cien veces lo mismo, con distintas palabras, qué duda cabe, que aburre soberanamente al lector, por eso últimamente me cuesta tanto escribir. Pero esto es lo que está pasando, y andamos enredados en procesos repetitivos, que me temo que no nos llevan a ninguna parte.

Claro que puedo hacer un relato. Si, porque los relatos son propios de los que escriben, pero me temo que también se nos ha usurpado esa facultad, que ahora ejercen inexplicablemente los políticos. Ellos y ellas, actualmente, apenas si gobiernan, apenas si administran, pero andan prolíficos en “los relatos”. La dificultad es que el relato es un ejercicio muy distante de la realidad, de lo que está pasando. Basta con acercarse hasta el diccionario de la RAE para comprobar cómo se define relato y como se define realidad.

Relato, según la RAE, en su segunda acepción, es cuento o narración, mientras que Realidad, en este diccionario, dice que es Existencia real y efectiva de algo, o verdad, lo que ocurre verdaderamente, o lo que es efectivo y tiene valor practico, en contraposición con lo fantástico o ilusorio.

Es curioso ver como algunos políticos se han agarrado a lo del relato como a un clavo ardiendo, cada uno a su propio relato, a su propia ficción que, me temo, les lleva camino de ninguna parte. No pretendo desde luego darles una clase de cómo hacer política, pero está claro que un gobierno debe gobernar y que la obligación de aquel que gana, o cree que ha ganado las elecciones, es formar gobierno. También convendría explicarles a todos estos del relato, que pactar no es hacerse “amiguines”, ni renunciar de por vida a sus programas, que parece que no lo saben o no quieren saberlo. Un pacto de investidura, es un acto de apoyo a la formación de gobierno, limitándolo en dirección al propio programa de quien da esos apoyos. Y desde luego el gobierno saliente de esa investidura, también tiene la responsabilidad de cumplir los acuerdos de gobierno y programa precisos que se escriban en ese pacto. No se puede gobernar con 120 diputados a cambio de nada, y tampoco se pueden exigir puestos, en puros actos de mercadeo y chantaje, cuando de lo que estamos hablando es la gobernanza de un país.

El caso es que, para evitar toda esta realidad algunos, algunas han inventado “el relato”, pero, el relato no es lo que está pasando, el relato es una percepción personal de la realidad que poco tiene que ver con la realidad, y que puede ser contado de miles de maneras, tantas como se nos ocurran y, que, puede distar mucho de lo que está sucediendo de verdad. De hecho, como escritora podría ahora mismo generar cientos de relatos distintos sobre una misma realidad que poco se parecieran el uno al otro. Esto en un escritor o un periodista es una actividad normal, en un político, en una política es un ejercicio tremendamente peligroso que puede llevar a una situación caótica generalizada, en la que ellos, también pagarían las consecuencias.

“Toda realidad ignorada prepara su venganza”, nos cuenta Ortega en uno de sus párrafos finales del “Epílogo para ingleses” de su Rebelión de las masas. Y en democracia, no hay realidad que resulte más arriesgada que ignorar los deseos de estabilidad de las personas que conforman un país. Deseos de estabilidad económica, social, política, vamos, la vida corriente, con elecciones cada cuatro años y con gente que gobierne y administre, que innove y que modifique, que legisle, que haga su trabajo con una dirección clara y firme. Convertir el relato en la nueva forma de hacer política tiene poco recorrido, pero ese trayecto puede producir un deterioro de envergadura de las instituciones y del sistema. Apalancarse en el relato es despreciar la realidad y estancarse en la parálisis política, y eso traerá unas consecuencias desastrosas. Al tiempo. Desde luego no nos merecemos esto.

Es la una de la tarde. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 28 grados.

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