Puigdemont y Zoido en la cena de los idiotas

Puigdemont y Zoido en la cena de los idiotas
José Joaquín Flechoso
Articulista de la actualidad política en diversos medios. Experto en networking sobre cuya actividad dirige jornadas entrevistando a personajes del mundo empresarial, administración, cine y moda.

A escasos días de la constitución del Parlament, o de lo que sea, pues aún está por ver que va a pasar ese día en el que tienen que tomar posesión los diputados electos tras el pasado 21-D, Artur Mas, el delfín de Jordi Pujol, el hombre destinado a seguir los pasos del mayor corrupto que ha nacido en el país del cava y la butifarra y cuyo ADN de golfo se puede también encontrar en varios de sus siete hijos que conforman lo que he venido a denominar como el Clan de los Pujolone, ha dejado la presidencia de ese maquillado Partido Democrático de Cataluña, el mismo que bajo las siglas de Convergencia Democrática de Cataluña (CDC) se lucro con la de corrupción merced a los años de mandato pujolista. El hasta ahora líder de la formación heredera de Convergència ha asegurado que da “otro paso al lado” por dos razones: “La primera por los resultados de las elecciones, y la segunda por el calendario judicial” al que tendrá que hacer frente en los próximos meses. El predecesor de Carles Puigdemont ha asegurado que sus causas abiertas con la Justicia no son la razón principal de su dimisión, aunque ha incidido en que “la presidencia del partido tiene que estar ocupada por alguien con un margen de maniobra superior al mío”, precisamente dice esto cuando se le ha comunicado a Artur Mas, que también está encausado en los hechos ocurridos el pasado 1 de octubre.

Es evidente que parafraseando el refrán, cría puigdemones y te sacarán del partido, o lo que es lo mismo, monta referéndums y te embargaran las cuentas. Es evidente que mientras uno ejerce de turista con bufanda amarilla por Bruselas, el otro ha intentado hasta pidiendo al F.C. Barcelona, que le ayudaran a pagar la fianza millonaria impuesta por jugar a los referéndums como quien lo hace con el Monopoly, pero con dinero de verdad de todos los catalanes, sean o no independentistas. Artur deja la presidencia pero su futuro puesto como líder de los conservadores nacionalistas, se lo discute su patrocinado, que en su ejercicio de escapismo político, ha dejado en Cataluña y en Estremera al resto de compañeros involucrados en las causas judiciales abiertas. El Harry Potter con cincuenta años mientras, sigue haciendo sus encuentros a través del plasma cual youtuber adolescente, diciendo que el único president legítimo es él mientras Oriol Junqueras, hombre de fe cristiana por otra parte, agota su paciencia entre cuatro muros con barrotes. Puchi va de listo y eso me parece que ya no se lo perdonan.

Pero este momento político pos navideño, nos ha traído a la palestra a otro personaje que también está relacionado con el pasado referéndum del 1-O. Se trata del rey del tapeo, Juan Ignacio Zoido a la sazón Ministro de Interior del gobierno de Mariano Rajoy. Este magistrado en excedencia al que Rajoy colocó al frente de Interior, es también en la actualidad el máximo responsable de la cartera equivalente en Cataluña en virtud de la entrada en vigor del Artículo 155. Desde el pasado mes de octubre cuando bajo su mando se produjeron las cargas policiales para impedir el acceso a los colegios electorales como motivo del referéndum ilegal del 1-O, no ha hecho más que méritos para ser mandado de nuevo a su Sevilla natal para seguir tomando temperatura al barril de Cruzcampo. Sus actuaciones al frente del ministerio dejan un rastro de torpezas directamente proporcional al número de ocasiones en las que ha tenido que enfrentarse a problemas. Las fuerzas del orden desplazadas a Cataluña y alojadas en el famoso barco de Piolín, pueden dar cuenta mejor que yo de cómo fue su estancia en el mencionado crucero varado en el Port de Barcelona. Ya es conocida la opinión de los agentes con respecto a su actuación violenta, cuando se les impartió unas órdenes que cumplir, pero que posteriormente nadie asumió la responsabilidad de haber ordenado las tristemente famosas cargas policiales.

Zoido no solo es un desastre como ministro, sino un hombre mal asesorado y un pésimo comunicador. El ministro considera que la facción más conservadora del electorado del Partido Popular se reivindica, cada vez que hace mención a los miembros de la Benemérita y por eso saca pecho ante sucesos resueltos como el de Diana Quer, la joven asesinada en Galicia y que tras casi año y medio después han encontrado su cadáver. Se da la circunstancia de que su cuerpo sin vida se encontraba en una zona que había sido rastreada en el tiempo inmediatamente posterior a la desaparición de la joven y que curiosamente se encontraba a escasos metros de la vivienda de los padres del principal sospechoso desde hacía un año, según contaron los portavoces de la Guardia Civil. Pero este caso resuelto, tiene tantas luces como sombras no despejadas ¿Cómo es posible que una nave abandonada y conocida como nido de ocupas, drogadictos y otros colectivos marginales, haya sido ignorada en los rastreos? ¿Existen intereses ocultos en no inspeccionar la nave? ¿Hay connivencia con algún cártel de la droga gallega para obviar el registro de la mencionada nave? De sobra es conocido el poder de los narcotraficantes gallegos y las implicaciones de algunos miembros de las fuerzas del orden con dichas organizaciones criminales. Es cuanto menos chocante, que no se haya producido una investigación profunda para conocer el origen de dicha negligencia en la investigación que ha pasado por alto el registro de la nave. Las dudas razonables planteadas, exigen una profunda investigación que parece que Zoido y sus adláteres no piensan realizar. El éxito de capturar al presunto asesino no puede enturbiarse por una incompetencia no aclarada, cuanto menos sospechosa.

Pero este ministro tiene un compadre en el Ministerio que no le anda a la zaga en materia de irresponsabilidad: Gregorio Serrano, Director General de Tráfico. Este paisano y concejal en el Ayuntamiento de Sevilla cuando Zoido era alcalde de la capital andaluza, comparte además del paisanaje con su ministro, su afición por el tapeo y la cervecita. Al igual que Zoido, tiene un pie en Madrid y otro en Sevilla, incluyendo sus asiduas asistencias al palco en días de fútbol. Serrano ya estuvo en la palestra cuando al poco de ser nombrado máximo responsable de Tráfico, se intentó montar su pisito de lujo a cuenta de una vivienda de la Guardia Civil, cuando el propio Ministerio de Interior tenía previsto invertir 50.000 euros en hacer una reforma integral de todo el inmueble antes de que el Director General de Tráfico lo ocupase. Las viviendas del cuerpo están destinadas a las unidades y altos mandos en función de sus destinos y acuartelamientos, pero en ningún caso están previstos para altos cargos ajenos a la Benemérita, como sería el caso del mencionado Gregorio Serrano. Pues bien, este personaje además de irresponsable, va de listo. Durante el caótico fin de semana de Reyes cuando miles de conductores quedaron atrapados por la nieve, Gregorio se monta el cuadro de mando de la Señorita Pepis en su domicilio sevillano, en lugar de acudir raudo y veloz a ponerse al frente del operativo en su despacho ministerial y digo que va de listo, porque encima nos quiere dar lecciones de sobre al interoperatividad universal de Internet. Frívolo, chulo y torpe. Al fin de fiesta de la caótica nevada, se suma también el ministro de información se di mismo Iñigo de la Serna, que descarga toda la responsabilidad en la concesionaria, pero sin hacer mención a los recortes en medios materiales que Iberpistas había acometido y que el Ministerio de Fomento conocía y consentía. Al final fue una vez más la Unidad Militar de Emergencia (UME) creada por Zapatero y criticada en su tiempo por el PP, quien arrimó el hombro para auxiliar a miles de ciudadanos.

Después de tantas celebraciones navideñas faltaba la celebración de La Cena de los Idiotas, que como en la película, un grupo de graciosos (el lector sabrá quienes son) se intentan burlar de un hombre llano y sin maldad que al final deja al descubierto las vergüenzas humanas de la panda de golfos que pretendían burlarse de él. Los idiotas son otros, no se equivoquen y las urnas deberán poner en su sitio a cada uno, con bufanda amarilla y flequillo o con cañita de Cruzcampo y taquitos de jamón.

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