Pablo Casado en el laberinto

Pablo Casado en el laberinto
Juan Laguna
Promotor y fundador de Tiempo Liberal con actividad política desde la Transición. Funcionario jubilado. Empresario. Productor y dramaturgo. Conservador de Bienes Culturales.
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Aunque ya en su momento, con la intervención del líder del PP en el Congreso de Diputados con motivo de la moción de censura presentada por Vox, nos referimos a la amortización del PP, el triunfo electoral personal de Isabel Díaz Ayuso en las recientes elecciones parece que han hecho revivir al desnortado partido de la supuesta derecha española. Y digo supuesta porque desde hace años se ha limitado a copiar y seguir las iniciativas de los también supuestos partidos de izquierda: PSOE y UP por muy discutibles que fuesen.

La figura de Pablo Casado tiene en relación con su partido una cierta concomitancia con la figura de Pedro Sánchez. Ambos quieren sobresalir en forma personal a lo que debiera ser un proyecto político colectivo y eso está condicionando el rechazo de la sociedad y de muchos de los simpatizantes o votantes del PSOE y del PP.

Cuando tanto se criticó la actitud agresiva personal del Sr. Casado hacia un partido que le ha proporcionado gobiernos regionales (Vox), sin pedir nada a cambio, el PP quedó gravemente resentido ante la opinión pública. Cuando el Sr. Casado quiso apropiarse del triunfo personal de la Sra. Díaz Ayuso la noche de las pasadas elecciones buscando el protagonismo personal, recibió el sonoro rechazo de los seguidores o militantes del PP que gritaban: ¡Ayuso! Cuando la figura de la presidenta madrileña -en lógica interna del PP- debería ser la responsable regional, se la trata de enfrentar al alcalde de Madrid. 

Todo esto va teniendo sus consecuencias negativas para la “cabecera” del PP, cuyas personas son cada vez más cuestionadas.

Por ello, no sorprende que en una reciente entrevista del periódico británico “Financial Times” el Sr. Casado se irritase “al hablar del efecto Ayuso” o de Vox o de la corrupción del PP y que plantease un “gobierno de salvación nacional con ex socialistas” (antes que con Vox), lo que retrata la línea política del PP o, al menos, de quien lo lidera. Finalmente, al referirse a la presencia del PP en la manifestación convocada el día 13 en Colón contra los indultos, ha vuelto a errar al tratar de apropiarse de la misma.

Allá por la década de lo 60 del pasado siglo (parece mentira cómo pasa el tiempo), existía un personaje de ficción en las series de dibujos animados en TV producidos por Hanna Barbera, cuyo nombre inicial de Dick Dastardly, se tradujo en la versión española como Pierre Nodoyuna. Un tramposo que, con la ayuda de su perro Patán, pretendía ganar carreras de coches en “Los autos locos” competiciones en el aire en la serie “El escuadrón diabólico”, a base de trampas que luego se volvían contra él.

Pues bien, el Sr. Casado parece un trasunto del citado personaje. Cada vez que intenta sobresalir o apuntarse tantos a costa de los demás, parece que las cosas se le vuelven en contra.

El laberinto en que se encuentra el Sr. Casado y en consecuencia el PP es parecido al de la deriva del partido Ciudadanos: no saber qué son, qué quieren y porqué lo quieren.

La cuestión identitaria está condicionada por su ambición electoral intentando mostrar (como Rajoy) un perfil poco definido políticamente, pero con un sesgo socialdemócrata (fiscalidad y asfixia de la pequeña y mediana empresa o tintes de ideologías de la “nueva izquierda”) que se supone “progresista”. No hay discurso político propio, sino seguidismo des discurso impuesto por la batalla cultural de la izquierda. La consecuencia es parecida a la que obtuvo Ciudadanos con su “progresía” errática que acabó por mendigar (mano tendida) al PSOE que -como era de esperar- los utilizó como un “Kleenex”. La confusión de los ciudadanos llevó al PP de la mayoría absoluta en base a lo que se esperaba del gobierno Rajoy, a las cifras actuales de representación parlamentaria.

Decíamos que no tienen discurso ni proyecto político, más allá de las tibias actuaciones parlamentarias, muy propias de su falta de identidad contundente. Como en su día ocurrió con partidos como el CDS que pretendían confundir el centro político (inexistente desde el final de UCD) con seguir el discurso del PSOE (Democrático-Social viene a ser lo mismo que socialdemócrata) con el resultado que conocemos. El PP por razones que sólo ellos conocen, ha intentado parecerse a su oponente, abrazando con entusiasmo las nuevas ideologías globalistas, de un mundo nuevo, un planeta bajo control y regulación climática, la ruptura de las bases biológicas de las especies y otras estupideces parecidas. El resultado es que los electores al final prefieren a los originales, no las copias.

El porqué de esta actuación sólo parece tener sentido pretendiendo ser más “progres” que el resto de la “progresía” y así arañar votos aquí y allí de unos y otros, pero sin entender ni conocer lo que de verdad prefieren unos y otros. El resultado es que los electores finalmente optarán por los originales y rechazarán los plagios.

Ahora, con el triunfo electoral de la Sra. Díaz Ayuso (que no del PP) la única salida del laberinto para el Sr. Casado y para el PP es apoyarla sin fisuras y sin ningún tipo de trampas escondidas. Aclarar de una vez si están en la línea nacionalista y coercitiva del Sr. Núñez Feijoo con peligrosa deriva nacionalista , o se identifican con un proyecto claro de unidad de España, de defensa de la lengua y de la nación española , de la separación efectiva y real de poderes, del reajuste del sistema autonómico y de su caótico ordenamiento, de apuesta decidida por la economía productiva y la recuperación de nuestros recursos (que son muchos) frente a la digitalización impuesta que destruye empleo, etc.

En ese camino pueden volver a reconocerse como un proyecto político sólido y real propio, frente a “agendas” ficticias de futuro, frente a los poderes espurios de los intereses particulares y recuperar a los políticos que se postergaron o sacrificaron en aras de componendas electorales que han resultado un fracaso. En todo ello el Sr. Casado sólo tiene un camino: dejar que otros más preparados, con mayor eficacia de gestión o con ideas más claras, tomen el relevo.

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