Operación Chamartín XII, Omertá

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Operación Chamartín
SOCHA
"SOCHA" es la Firma Colectiva de un equipo de periodistas e investigadores.

La calle Mayor de Madrid, que va desde la Puerta del Sol a la calle de Bailén y, aún más allá, hasta la muralla árabe, es importante. Por cada rincón hay vestigios y jirones que han ido tejiendo la historia de la Capital de España. Prescindamos de algunos destacados, como la casa del sacerdote-escritor Pedro Calderón de la Barca, la iglesia de ‘las bernardas del Sacramento’ hoy Catedral Castrense, o el barroco Palacio del duque de Uceda, que alberga al Consejo de Estado. Y reparemos en los que interesan hoy: La posada de la vizcaína Ramona Berdorrain, junto a la Puerta del Sol, que alojó a un cuentista (Hans Christian Andersen). La escultura sobre un alero que para algunos representa a un Ángel Caído, para otros ‘El accidente aéreo’ que esculpió su autor; y en la que también puede verse al mítico hijo de un arquitecto (Ícaro, hijo de Dédalo). Y la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, que hay, al lado, en el número 2 de la Plaza de la Villa.

Angel Caído Calle Mayor MadridEsos conceptos, cuentista, ángel caído, arquitecto y ciencias morales y políticas, cuando se mezclan con lo que hay en el Ayuntamiento de Madrid sobre la Operación Chamartín, llevan a las oficinas municipales: al número 5 de la Plaza de la Villa, que ocupa el equipo de Gobierno (Ahora Madrid), y al número 71 de la calle Mayor que acoge a la Oposición: PP (plantas 1 y 2), Ciudadanos, (planta 3) y PSOE (planta 4). Una vez allí, con el cuentista, el arquitecto y el caído que está descalabrado en el alero de un tejado, aparecen las esencias de las que se ocupan las ciencias morales y políticas.

Esencias políticas de Begoña Villacís, portavoz de Ciudadanos. Con aromas de secreto, en su despacho de concejal del Ayuntamiento de Madrid, fueron apareciendo algunas de esas esencias: «El PSOE está completamente vendido a Ahora Madrid, sólo habla, pero luego apoya», «El Ministerio (de Fomento) deja que DCN dé la cara para no enfrentarse con el Ayuntamiento», «Habrá que firmar un acuerdo de gestión, hacer un proyecto y ver quien paga esto», «llegamos hasta donde llegamos, con los medios que tenemos; el posicionamiento lo tenemos muy claro, cerrar la brecha urbanística de la ciudad…, desarrollando un proyecto que sepa recoger las necesidades del Siglo XXI, no de 1980…, eso significa un proyecto iniciado sobre la base del proyecto de Ezquiaga que mejoró con las aportaciones de todos», «los costos se negocian en mesas de gestión en las que no estamos», «Bastante hemos respetado ya lo que ha hecho este equipo de gobierno».

Frases, especulaciones sin información, falta de medios en la oposición municipal, mesas de gestión con ausencias, presencias pautadas y declaraciones medidas. A la salida de la reunión, cerca del ‘Accidente aéreo’, o fruto del arquitecto con alas de ángel caído, apareció lo que ya era algo más que una sospecha: Omertá. El ‘pacto de silencio’ que definiera Mario Puzo como «código de honor siciliano que prohíbe informar sobre los delitos que incumben a las personas implicadas». No aplicado a Cosa Nostra siciliana, sino a la actualidad en la Operación Chamartín. Pacto de silencio, como los que existen en organizaciones con miembros que no oyen, no ven y no hablan. Convenios sin publicidad, ajenos al conocimiento de todos, que unas veces son usados, dice Google, como instrumentos para encubrir delitos, tramas y delincuentes; y que otras veces se convierten en simples utensilios para ocultar no se sabe qué.

Más aromas, morales, políticos y socialistas, con Mercedes González, a las 12 y algo de la mañana del 14 de febrero. Licenciada en periodismo y concejal, González navegaba en un desorden de conocimientos y conceptos (no de ideas), más que palpable, evidente. Con ella aparecieron:

Primero unas esencias genéricas de grupo: «desistimos del Plan anterior y hay otra propuesta», «el Ayuntamiento tiene un planteamiento y sobre él se va», «Para negociar, se han dado 6 meses…Yo no voy a esas negociaciones», «Reivindico a Mangada, Leira y Bardají», «una cosa era lo de 1993 y otra lo de 1997 que lo quintuplica», «ADIF tiene que presentar un proyecto ferroviario, supongo…, la obra la hará (ADIF) con lo que saque de DCN», «No sé quien va a pagar. Eso no lo sé», «Las líneas rojas son: ámbito dividido en tres partes (Norte y sur de la calle 30; y Estación), participación, gestión pública, y respeto a nuestro Programa Electoral», «Espero un acuerdo, porque interesa a todos»

Después, mezclada con la explicación de por qué DCN había cedido un 20 % de su pretensión inicial (hacer 17.000 viviendas) y en medio del barullo de palabras, surgió la afirmación tajante. Categórica: «Los acuerdos de las mesas se decidió que fueran confidenciales». O, lo que es lo mismo, Secretos. En una conversación tranquila, sin apreciar el alcance que tiene en democracia hurtar al pueblo el conocimiento de lo que ocurre y le afecta.

Lo habíamos intuido al leer un WhatsApp de una fuente no municipal pero cercana al ayuntamiento «Sed un poco pacientes y no acuséis de un tontorrón secretismo. Un conflicto de 23 años no se va a resolver en dos días…, insisto en q calladitos estaríais mucho más guapos».

El mutismo que se nos sugería existía. No como ‘secretismo tontorrón’, sino acordado. Omertá. No siciliana. Pacto de silencio matritense ¿Entre las instituciones con capacidad para decidir: ADIF (Ministerio de Fomento), equipo de Gobierno del Ayuntamiento y DCN? Omertá declarada en un despacho del Ayuntamiento de Madrid. Omertá que soportamos todos y acordaron algunos ¿Quiénes acordaron el secreto? ¿A quién afecta el pacto de silencio? ¿Quien lo impone?

Omertá. Ante ella, como aviso, surge una afirmación ajena dedicada a grupos sometidos a silencio impuesto: «Pertenecer a una organización de este tipo suele cobrarse un alto peaje personal y social».

Vale la pena recordarlo. Y valorarlo. Por todos. No sólo por los que manejan intereses públicos (y privados) en secreto.

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