Menos predicar y más dar trigo

Mansplaining
Marta Pastor
Periodista y poeta de Madrid, directora y presentadora de "Ellas Pueden" de Radio 5.

Empiezan a brotar los programas electorales de los partidos políticos que concurren a las próximas elecciones del 28 de abril, y todos mencionan una y otra vez la palabra mujer. Igual que las marcas de consumo abrazan ahora el concepto de igualdad, porque “vende”, los partidos políticos no van a dejar pasar esta oportunidad de incluir este trending en sus intenciones de gobierno.

Pero la realidad es tozuda e insoslayable, y lo primero que nos encontramos es que esta campaña —como siempre— está formada por partidos políticos liderados hombres. No solo pongo el centro de atención en los candidatos a la presidencia de gobierno: Rivera, Casado, Sánchez, Iglesias y Abascal, no, también en la economía, por ejemplo. En todos los partidos está ocupada por varones, por no hablar de otros sectores dominantes en los que la ausencia de mujeres es más que manifiesta. ¿Y dónde están las mujeres de la política en estas elecciones? Parece que en el reparto no equitativo de sectores a liderar vuelven a estar en lo social, que como todos y todas sabemos, los partidos políticos siguen considerándolo un tema menor.

Como hemos podido comprobar las campañas electorales están llenas de promesas huecas en cuanto al feminismo. Una y otra vez, campaña tras campaña, los partidos políticos usan a la mujer y los deseos de igualdad de las mujeres en este país como reclamo, para luego una vez que tienen responsabilidades de gobierno, apenas, si se ocupan de materializar estas promesas.

Temas como la violencia de género que sigue como el rayo que no cesa cayendo sobre las mujeres, o la brecha salarial que hace que las mujeres de este país sigamos siendo ciudadanas de segunda categoría, o la falta de mujeres en los centros de poder en las empresas, o la educación en igualdad en las escuelas y los institutos, o la pobreza femenina, o las pensiones de las mujeres, se han quedado en papel mojado un gobierno tras otro, después de campañas electorales donde a todos se les llenaba la boca contándonos que ellos iban a traer el cambio a una sociedad donde la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres iba a ser un hecho, y donde las diferentes formas de violencia hacia las mujeres iban a desaparecer gracias a sus políticas.

Todos y todas conocemos la realidad, bien distinta. Una vez que tienen responsabilidad de gobierno se conforman con un simple postureo de asistir a algunos actos feministas, poner a unas cuantas candidatas o ministras de reclamo, hacerse la foto de rigor el 8 de marzo o repetir la palabra mujer, feminismo e igualdad en sus mítines hasta la saciedad. Eso en el mejor de los casos, porque luego tenemos, esta vez, incluso, un partido político como VOX que pretende sacarnos de la agenda política —lo poco que aparecemos— de la vida pública y negarnos los pocos derechos que hemos conseguido en los últimos 40 años.

En esta política masculinizada cada vez más llena de testosterona —que a veces se me abren las carnes de las cosas que escucho— todos quieren apropiarse de la bandera del feminismo, como así la llaman algunos. Pero el feminismo no es una bandera. Muy alejadas estamos las feministas de las guerras de banderas, que siempre nos han llevado a consecuencias lamentables a lo largo de la historia. Estos próceres con demasiado machismo en sus venas y una gran dosis de mansplaining —que se pasan el día explicándonos lo que es mejor o peor para nosotras—  deberían ya saber, a estas alturas, que el feminismo representa una faceta importantísima, vital, de los derechos fundamentales de las personas, y que ya no vale con envolverse en esa supuesta bandera, prometer “caramelos” o repartir migajas entre las mujeres para “contentarnos” una temporada e ir tirando a nuestra costa.

Las mujeres de este país tienen los mismos deberes que los hombres, aunque no los mismos derechos, y eso es la primera y esencial política que tienen que poner en marcha, porque mucha constitución, pero el principio de igualdad, paridad y equidad sigue sin cumplirse, y estas campañas llenas de promesas que luego se convierte en “ya veremos” no cuela. A estas alturas, dicen las encuestas que hay un 60% de mujeres indecisas, eso representa 4 millones de votos ni más ni menos. Pocas me parecen con la realidad que estamos viviendo. ¿Saben ustedes, queridos líderes de los partidos políticos, las mujeres no somos ese obscuro objeto de deseo, como decía una película? Así que menos predicar y más dar trigo, que ya les vale con tanto postureo.

Son las once de la mañana. Llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 12 grados.

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