Matadora y enterrador de la democracia

Redactor Congreso de los Diputados
José Luis Heras Celemín
José Luis Heras Celemín es autor del libro “El Caso Bankia y algo más… o menos” y Director de Comunicación de la Fundación Emprendedores.

La señora Forcadell mató a la democracia; y usted viene todos los miércoles aquí a darle sepultura. Pero, señor Rufián, no se engañe…

Hay veces en que la realidad se convierte e noticia por sí misma. Ante ello, únicamente cabe dar testimonio y, como mucho, fijarse en alguna circunstancia que amplíe el hecho noticioso. A ello vamos:

Se celebraba la Sesión número 68 del Pleno del Congreso de los Diputados en el Palacio de las Cortes de la Carrera de San Jerónimo. Y, como es habitual, se iban formulando las preguntas al Gobierno. El Presidente Rajoy había respondido las de Margarita Robles, Pablo Iglesias y Albert Rivera. Ciñendo a la primera a la realidad, recomendando a Iglesias que prepare los temas (para no confundir, como hizo, el ‘Rescate de la Banca’ con la defensa de la propiedad de impositores) y matizando a Rivera su interés por debatir la Reforma de la Constitución (‘Estoy dispuesto a estudiar la reforma, pero lo prioritario hoy es defender la Constitución’).

Había seguido la pregunta a la Vicepresidenta de Francesc Domènech; y ésta había afirmado que democracia es cumplir la ley antes de hacer una sugerencia: Deje de tomar al PP como coartada para sus indecisiones. Más que pedir comparecencias, aclárense si van a ser demócratas a tiempo completo o a tiempo parcial. No confundan.

Y llegó la segunda de las hechas a la Vicepresidenta. La hacía Gabriel Rufián, del Grupo Parlamentario de Esquerra Republicana: “¿Por qué dice la vicepresidencia que una votación parlamentaria catalana supone la muerte de la democracia?”. La vicepresidenta confesó sorprenderse por el tono y esperó. Rufián, en réplica, exhibió una impresora, expuso su visión de la actuación del Gobierno en Cataluña y acabó, buscando contundencia, afirmando que va a votar en el Referéndum catalán, que con la impresora puede hacer una papeleta, que tiene una y va a usarla en privado, que no espera que por ello la Vicepresidenta le detenga; y sugiriendo que (los del Gobierno) dejen de perseguir impresoras e impresores y que persigan a corruptos y ladrones.

La réplica de la Vicepresidenta Sáenz de Santamaría, textual, no precisa aclaración: “El mejor termómetro de la calidad de la democracia es el trato que se da al discrepante; y (la prueba de que) ésta es una cámara democrática y el Parlament con la señora Forcadell no lo es ha sido su actuación de hoy. Usted puede venir aquí a decir lo que quiera… Puede incluso traerse la impresora para enseñarnos a hacer manualidades para fabricarse el referéndum en casa. Puede hacer lo que quiera, porque éste es un parlamento democrático. Da la casualidad de que este gobierno, que tanto critica; este Estado, que tanto le molesta; y esta democracia, que también le asfixia, le permiten a usted hasta sus teatrillos semanales. Y lo que vimos en el parlamento de Cataluña el otro día fue un ejercicio de tiranía que nadie puede defender. No se puede hablar…, nadie podría hacer nada que no le conviniera a la señora Forcadell y a su grupo. Si eso es una votación democrática, que venga Montesquieu y lo vea. La señora Forcadell mató a la democracia y usted viene todos los miércoles aquí a darle sepultura. Pero, señor Rufián, no se engañe, protegeremos los derechos de los catalanes, frente a ustedes, que imponen la independencia a costa de la legalidad, de la democracia y de las libertades, que en España tanto costó conseguir. Tantos en esta cámara. Muchos antes que usted”

Al terminar, una buena parte de los diputados, no sólo los del Grupo Parlamentario Popular, aplaudió. Durante 52 segundos.

La Sesión de Control, primera ordinaria tras el verano, queda resumida en las preguntas al Presidente del Gobierno, las que formularon los diputados Domènech y Rufián, y las respuestas de la vicepresidenta del Gobierno. Unidas forman el retrato de la realidad política nacional: Todo condicionado (casi aparcado), hasta la actividad parlamentaria, por la situación en Cataluña que condiciona todo. Todo, hasta la esencia de la misma democracia.

Porque, además de lo transcrito, hay algo, importante en el diputado Rufián que amplía el hecho noticioso: Su esperanza (quizá malintencionada o bobalicona) de que la Vicepresidenta del Gobierno no le detenga por lo que dice, matizando, acaso por temor, que su voto en el referéndum va a ser privado. Esa esperanza no puede quedar difuminada por una postura personal adornada con sonrisas displicentes que son menos importantes que la cuestión en sí, la posibilidad de miedo (acaso lanzada como afrenta), el lugar donde se produjo y el momento.

Porque es grave, y merece atención, que un diputado español propague como posibilidad que la vicepresidenta del Gobierno pueda detenerlo por lo que diga o haga. En el Estado de Derecho español, esas son dos eventualidades que deben ser imposibles. Pero en la Sesión de ayer nadie lo puso en claro. Acaso no fuera necesario que al diputado se le aclarara nada…

Pero, cuando en el Congreso de los Diputados aparecen las figuras de una matadora de la democracia y un diputado que puede pretender enterrarla los miércoles, el diputado pasa a segundo plano. Porque la cuestión no es personal ni catalana. Es una cuestión general y nacional que importa a todos.

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