Con Ibarretxe esto no pasaba, pero con Franco sí

José Joaquín Flechoso
Articulista de la actualidad política en diversos medios. Fundador y presidente de Cibercotizante. Experto en networking sobre cuya actividad dirige jornadas entrevistando a personajes del mundo empresarial, administración, cine y moda.

Quizás porque durante mi juventud no conocía lo que era la democracia porque un tal Franco se había encargado de secuestrarla, fui aprendiendo con los libros, periódicos y testimonios de muchos, lo que era un régimen de libertades, algo en aquel momento anhelado por muchísimos españoles. En aquellos tiempos se fraguó una nueva hornada de dirigentes procedentes de las filas del SEU (Sindicato Español Universitario) que eran como las Nuevas Generaciones del PP pero con camisa azul, en lugar de con Polo Ralph Laurent como llevan los pijopopulares. Eran esos mismos jóvenes que habían pasado por el Colegio Mayor José Antonio de Madrid (hoy sede del Rectorado de la Complutense) aquellos de la generación de Rodolfo Martín Villa, los que venían a dar lecciones de “democracia orgánica” como grotescamente quisieron denominar a un proceso de lavado de cara del régimen, tan chapucero como irreal en su esencia. Para dar soporte a todo ello, se elaboró la denominada Ley Orgánica del Estado, que quisieron presentar como “una constitución” pero como si fuera redactada por Astérix y Obélix. Dicha ley presentaba una ligera modificación en los poderes absolutos de Francisco Franco, creando la figura de Presidente del Gobierno de España independiente de la jefatura del estado, si bien no se desdoblaría hasta junio de 1973 cuando designó al almirante Luis Carrero Blanco (el breve) como tal Presidente del Gobierno, hasta diciembre del mismo año cuando falleció en atentado de ETA .

La mencionada Ley Orgánica del Estado, acarreaba una importante transformación de otras instituciones del régimen (Consejo del Reino o las Cortes) y debido a la trascendencia de estos cambios se sugirió al caudillo, convocar a los españoles a un referéndum para que sancionasen con su voto, esta transformación política. Dicha consulta popular con urnas y papeletas al más puro estilo Puigdemont, convocaría a la sociedad española a dar el SI. Las calles se llenaron de carteles con la cara del dictador y un lema: “Vota SÍ a Franco”. El Sí del referéndum, era un Sí al caudillo. Como cabía esperar, el resultado no podía deparar sorpresas y con una participación del 88,8%, el resultado fue de un 95,6% de votos a favor, por solo un 2,47% en contra. Es lo que en su tiempo se denominó resultados a la búlgara. Toma nota Carles, un referéndum por sí mismo, no hace democracia, pues hasta Franco era capaz de hacerlos.

Nadie hace un referéndum sabiendo que no lo va a ganar, salvo James Cameron, ese brillante estadista al que tanto apoyaban desde las filas populares cuando ganó a los laboristas sus primeras elecciones, al que consideraban el nuevo Kennedy europeo. ¡Cría conservadores, y te sacarán un Brexit!

Nuestro país, incluso en tiempos del dictador, mantuvo privilegios hacia las entonces regiones catalana y vasca, más por temor a una sublevación económica e industrial, que política, pues ante el riesgo de la segunda, se aplicaba el estado de excepción que tanto gustaba al de El Pardo. La cuestión vasca empezó a preocupar al régimen con la aparición de ETA. Esta siniestra organización armada, se fundó el mismo mes y año del mencionado referéndum franquista, en diciembre de 1966. Comenzaba con ello una página negra de la historia de España.

Muchos años después, el 3 de diciembre de 1999, ETA dio por acabada su primera tregua que sostuvo durante poco más de 14 meses. Solo once meses antes, había tomado posesión de su cargo como Lehendakari Juan José Ibarretxe, que contó con el apoyo de su propio partido (PNV) Eusko Alkartasuna y Euskal Herritarrok (coalición de HB con otras fuerzas políticas abertzales). Ibarretxe se fue consolidando como un sólido líder político y tras varias victorias electorales, presentó una drástica reforma del estatuto de autonomía. El pleno del Parlamento vasco lo aprobó y lo envío al Congreso de los Diputados tal y como es preceptivo.

El bautizado como Plan Ibarretxe, era una propuesta soberanista basada en la libre asociación entre Euskadi y España, con soberanía compartida y derecho de autodeterminación, creando una situación similar a la que mantiene Puerto Rico como estado libre asociado respecto de Estados Unidos. La propuesta se definía como un pacto político “compatible con las posibilidades de desarrollo de un estado compuesto, plurinacional y asimétrico”. Tocaba ahora ver que ocurriría en el Congreso de los Diputados entre el plan soberanista vasco y el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero. El propio Ibarretxe defendió la propuesta en el Congreso, algo también ofrecido a Puigdemont, solo que el president, no ha tenido la gallardía de defender su plan independentista en el mismo escenario. El rechazo al Plan Ibarretxe por el Congreso de los Diputados, llevó al lehendakari a convocar elecciones con la intención de que se tratase de un voto plebiscitario. Mientras, ETA seguía cobrándose víctimas inocentes.

El gobierno socialista supo negociar políticamente con todas las partes, tanto con luz y taquígrafos, como en penumbra, para evitar lo que hoy se denomina choque de trenes, pero mucho más delicado entonces, pues el proceso independentista tenía un protagonista subyacente empuñando las armas. Ibarretxe volvió a ganar las elecciones y tras una nueva tregua de ETA, se abrió un proceso de negociación entre el Gobierno español y la banda terrorista, para conseguir el fin de la violencia y la disolución de la organización armada. El PNV ha adoptó un discreto apoyo al Gobierno español, protagonizado entonces más por el presidente del PNV Josu Jon Imaz (hoy consejero delegado de Repsol ¿casualidad?) que por el propio Lehendakari.

Las conversaciones entre Ibarretxe y Zapatero no llegaron a acuerdo alguno, por lo que el 27 de junio de 2008, el Parlamento vasco votó a favor de realizar un proyecto de ley de consulta a la ciudadanía vasca, con carácter no vinculante y este es precisamente un matiz importantísimo para entender las diferencias entre los referéndums vasco y el actual de Cataluña. El Ejecutivo español interpuso recurso ante el Tribunal Constitucional alegando los mismos motivos que el actual gobierno de Rajoy. El 25 de octubre de 2008, fecha que conmemoraba la aprobación del «Estatuto de Gernika» era a su vez el día en el que estaba prevista la celebración de la consulta que finalmente nunca llegó a realizarse. Los partidos nacionalistas y la izquierda abertzale a los que se unió IU, hicieron un último acto reivindicativo del referéndum. Posteriormente nuevas elecciones en Euskadi y Patxi López elegido lehendakari. Tras la derrota, Ibarretxe anunció su retirada de la actividad política y el referéndum paso a mejor vida.

Definitivamente el PNV ha sabido actuar con mucha más inteligencia en la cuestión soberanista que CiU y ahora el PdeCat, que es lo mismo pero con flequillo en lugar del tupé. En tiempos de Ibarretxe la cuestión independentista con una ETA en la retaguardia, era infinitamente más delicada que esta donde el pacifismo siempre ha estado presente, al menos hasta ahora, si bien algunas declaraciones irresponsables de miembros de la CUP y del govern, han tratado de movilizar a la ciudadanía al más puro estilo antisistema. Dentro de esta preparación de escenarios, destaca la ocurrencia de los nuevos abertzales del Ampurdán, que tienen la ocurrencia de invitar a la Diada como figura estelar a un personaje de la calaña de Arnaldo Otegi, ni más ni menos. Dime con quién andas…

Dentro de los muchos despropósitos vistos y oídos en estos días, destaca la frívola y esperpéntica utilización del lema “NO TINC POR” (no tenemos miedo) que corearon en un mitin del PdeCat la víspera de la Diada, todos los dirigentes de dicho partido, esbozando amplias sonrisas Artur Mas y Puigdemont entre otros. Vergüenza infinita ante esta falta de respeto por utilizar un lema que hizo propio todo el pueblo de Cataluña tras la masacre del 17-A. Algunos han perdido el norte, el honor y el seny.

Ahora queda ver que hacen Ada Colau y el major Trapero. La primera dirá un sí pero no, seguido de un sí y así sucesivamente. Del segundo queda por ver como lo bajan del pedestal, los mismos que lo encumbraron recientemente. Trapero ha acatado como policía profesional que es, las órdenes de la Fiscalía catalana contrarias al referéndum, con confiscación incluida de urnas y papeletas. Menos mal que no le han hecho un busto como reconocimiento a su labor al frente de los Mossos tras el atentado de las Ramblas, pues dicha escultura hubiera ido al mismo almacén donde permanece el del rey emérito Juan Carlos retirado por la alcaldesa de Barcelona. Mientras, a Rajoy le hacen su trabajo los jueces y solo invoca las leyes, al Tribunal Constitucional y a la sensatez de los catalanes, pero sin aportar ni una sola medida política.

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