Manipulaciones informativas

Manipulaciones informativas
Juan Laguna
Colaborador de Fundación Emprendedores.

“La desinformación es a la intoxicación, lo que la estrategia es a la táctica”

Estas palabras del escritor ruso Vladimir Volkoff en su obra “El montaje”, son suficientemente ilustrativas sobre la importancia del “relato” en el mundo actual. Ese “relato” al que la candidata a la presidencia de EE.UU. Hillary Clinton culpó de su derrota que más tarde se ha intentado contrarrestar desde diferentes medios y por distintas vías, buscando la culpabilidad del presidente Trump en una supuesta conspiración con Rusia para ganar las elecciones. Conspiración que, tras su investigación exhaustiva del fiscal Robert Müeller durante estos años, al parecer ha resultado falsa.

La guerra moderna encuentra en el “relato” y en la intoxicación informativa, las que son nuevas y más importantes tácticas y estrategias de vencer, siguiendo la línea marcada en su día por Mao Tse Tung: “es preciso moldear la conciencia de las masas adversas para capturarla”. Es decir, es necesario propagar un relato informativo que oriente la opinión pública a favor de quien lo impulsa.

Algo parecido a lo que Joseph Goebbels defendía: “Es buena la propaganda que conduce al éxito” o “más vale una mentira que no puede ser desmentida, que una verdad inverosímil”. Una muestra más de la importancia del mensaje en las masas aunque éste sea falso, con tal de obtener réditos políticos.

El “manual” de la desinformación establecería (según Volkoff) los siguientes procedimientos:

1º.- La llamada “propaganda blanca” es el más simple. Consiste en repetir el mensaje constantemente hasta que haya calado en la gente. En esta etapa preelectoral española vemos cómo se califican unos y otros para desacreditar al contrario (tal como ocurre con Vox), o cómo (en el caso americano) los medios repiten machaconamente las descalificaciones a Trump o (en el caso de Cataluña) el “España nos roba” fue calando en la población hasta la situación actual.

2º.- La llamada “propaganda negra” atribuye al adversario palabras ficticias ideadas para que repercutan en la opinión de un tercero (la opinión pública) al que se pretende engañar. Lo hemos visto con las campañas de descrédito a diferentes personas públicas, tergiversando no sólo el mensaje, sino sacando de contexto algunas de sus manifestaciones.

3º.- Tiene la misma intención que los anteriores pero con un procedimiento más sutil que consiste en dejar que los demás descubran algo que, en teoría, trata de ocultarse.

4º.- Sería el uso conjunto de los métodos anteriores.

5º.- Es el más importante y se basa en “la influencia de minorías conscientes sobre masas inconscientes” (según Carlos Marx) y se utilizan los medios de comunicación social para hacer sonar la campana “pavloviana” del condicionamiento de las conductas. La prensa, el cine, la televisión darán más repercusión y espacio a determinado suceso por muy nimio que sea, mientras ocultarán otros más importantes que no convenga difundir.

Siguiendo siempre al mismo autor, éste determina como “arquetipo” operativo la “palanca” basado en el principio de la misma y la relación entre punto de apoyo, punto de aplicación y longitud de la misma. Supone que, para el ejercicio de la deseada influencia, nunca se debe actuar directamente, sino a través de cadenas de intermediarios que interactúen entre sí e incluso se enfrenten ideológicamente, asignando a unos el papel de “buenos” y a otros de “malos”. Los primeros con mensajes de gran calado social y los segundos haciendo lo contrario. La propaganda de los primeros contrastará con la de los segundos y la “palanca” la constituirá el receptor de tales mensajes que, a su vez, los difundirá. La campana de Pàvlov estará resonando. En este sentido parece muy importante utilizar la infiltración en los medios —sobre todo en los respetados por el público— de forma que no se comprometan abiertamente pero que utilicen las tácticas siguientes:

  •  La “contraverdad” que no es comprobable cuando no hay testigos directos.
  •  La mezcla de “verdadero y falso” en los porcentajes adecuados para que un sólo hecho verdadero y comprobable, permita el paso de los falsos.
  •  La “deformación” de lo verdadero incluyendo elementos secundarios que atraigan la atención e impidan conocer la realidad.
  •  La “modificación del contexto” para resaltar unas cuestiones y darles más importancia que la circunstancia en que se producen.
  •  La “difuminación” consistente en ahogar los hechos verdaderos en una masa de datos que no tengan nada que ver.
  •  El “comentario de apoyo” que no modifica el hecho pero permite enfocarlo a conveniencia a partir de opiniones interesadas.
  •  La “ilustración” en que se va de lo general a lo particular y no a la inversa.
  • La “generalización” es la extensión de conclusiones, consecuencias y opiniones a conveniencia.
  • La “desigualdad conveniente” que parte de una supuesta simetría en su forma (como algunas tertulias políticas) para justificar y dar más solidez a cuestiones en línea predeterminada.

Como vemos, son muy variadas las tácticas que llevan al fin propuesto en unos momentos en que la campaña electoral en España va a estar más reñida que nunca. Discernir las manipulaciones informativas tóxicas de las que no lo son, es algo que nos corresponde como ciudadanos conscientes.

Es cierto que no ayudan mucho los mensajes lanzados por unos partidos y otros. Es cierto también que no está en sus manos que tales mensajes sean expuestos mediáticamente de una u otra forma. Es cierto también que el sistema electoral no se basa en proyectos de gestión concretos, debidamente documentados y estudiados, sino en alardes publicitarios más interesados en rascar votos a los adversarios o “echar a…” Es cierto que la vida política no se presenta como la pretendida democracia participativa que se idealizó en su momento. Es cierto que el sistema electoral es injusto y discriminatorio y no va a reflejar el pluralismo consagrado en la Constitución… pero también es cierto que debemos exigir menos manipulación y más información objetiva, real y verdadera de quienes pueden manipular o intoxicar desde un pretendido elitismo intelectual a las “mayorías inconscientes” de Marx.

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