La Verdad, toda la verdad y nada más que la verdad o Ábalos en pijama

La Verdad, toda la verdad y nada más que la verdad o Ábalos en pijama
Marta Pastor
Periodista y poeta de Madrid, directora y presentadora de "Ellas Pueden" de Radio 5.

Lo de Ábalos crece como bola de nieve. Que, contar la verdad por muy inverosímil que parezca, es la mejor receta de comunicación no es una novedad, claro que hay ocasiones que es imposible contarla, por todos los condicionantes, como parece que sucede en este caso, que rodean a la historia. 

En cualquier caso, lo menos que se puede hacer es construir una buena historia, y para eso nada mejor que un buen guionista. De eso, de momento, parece que no tienen en Moncloa, y, me temo que les está empezando a hacer mucha falta. 

Las 7 versiones de Ábalos, que no es el título de una película, pero bien podría serlo, solo han añadido a la historia de La Dama y el Aeropuerto dos ingredientes peligrosísimos en situaciones como esta, que son a saber, imaginación y elucubración. Por separado son especialmente tóxicos, pero ya juntos constituyen una mezcla tremendamente explosiva.

Cómo será la cosa, que ayer por la noche, estaba yo acompañando a mi madre frente a la televisión, cuando ella exclamó: 

¡Y ese pobre hombre, allí en pijama, en mitad de la noche y en mitad de un aeropuerto, con ese frío!

Levanté la cabeza del libro que leía en esos momentos para prestar atención a lo que estaba en pantalla. Allí estaba la foto de Ábalos, mientras que unos tertulianos comentaban el “incidente” de la vicepresidenta venezolana. Ni que decir tiene que se me cayeron las gafas a plomo por el comentario de mi madre.

Madre, que el ministro no estaba en pijama, vamos eso creo —exclamé.

Qué vas a saber tú si estaba o no en pijama —dijo mi madre mientras le daba volumen a la tele— si le habían sacado de su casa a las dos de la mañana a toda prisa, el hombre estaría en pijama.

Yo no daba crédito a lo que estaba escuchando.

Pero vamos a ver, madre, pero… ¿ha dicho alguno de los tertulianos que estaba en pijama el ministro? —pregunté, porque como últimamente la gente se inventa cosas sobre la marcha, no fuera a ser que alguno de los que asomaban por el televisor hubiera contado semejante estupidez.

No hija, pero esta mañana, mi amiga Pepa, que se ve todos los programas de la mañana, me ha puesto al cabo de la calle y me ha dicho que el ministro salió en pijama de su casa a toda prisa, y en el coche de un primo suyo, porque la señora esa venezolana se quería colar en España y hacerse refugiada, parece mentira que seas periodista, porque al final no te enteras de nada.

Yo ya en esos momentos tenía las cejas en la espalda y la boca para redondear galletas. Vamos, alucinando en colores.

Vamos a ver, madre, que eso se lo ha inventado tu amiga

De eso nada —mi madre cuando coge carrerilla con algo no hay manera de pararla— y además me ha dicho la Pepa que ha visto en el ordenador (mi madre a internet le llama el ordenador) que el pobre lo paso fatal, que la señora esa se le escapo por el aeropuerto y tuvo que ir tras ella corriendo por la pista y las terminales. Pobre hombre, lo que debió pasar esa noche. Bueno y me ha contado más cosas

 —Pues nada madre, cuénteme a ver si así me informo —añadí rindiéndome, que se la veía emocionadísima, dándome la primicia.

Pues mira, hija, que sepas que la Pepa ha oído que ningún ministro quiso ir a por la venezolana y que el de interior ese que es vasco (supuse que se refería a Marlaska) no quiso ni levantarse de la cama, ¡menudo vago!, y le mando a él, al pobrecillo, y que ahora encima le quieren echar del gobierno, que el Iván ese, el que se ha puesto el pelo en Turquía, no le deja ya ni hablar ni ir a ningún sitio. Y que el guapo (mi madre se refiere a Pedro Sánchez como el guapo) ni le habla, y fíjate, fíjate, que hasta una ministra que salió por la radio esta mañana ha dicho que no le preguntaran por él, haciendo como si no lo conociera, hija me hago las cruces, qué malos compañeros.

Pero, madre, insisto, eso no es verdad —dije haciendo un último esfuerzo por convencerla de que todo ese relato era fruto de eso tan peligroso que antes he mencionado: elucubraciones e imaginación.

Pues no insistas, que no te enteras, si hasta él mismo lo ha declarado un montón de veces en la tele ya, que Tomás (Tomás es el portero de su casa) también está al tanto, y me ha contado que él pobre Ábalos se ha defendido como ha podido, que le ha oído decir que al él no lo hecha nadie. Hija qué injusticia, encima que fue en pijama hasta Barajas. Si es que no te enteras de nada, mañana cuando vuelvas dile a Tomás que te cuente, que tiene un primo que trabaja en la T4 en el turno de noche, y lo vio todo, todito, todo, que la arpía esa venía en un avión falcón de esos, como el del guapo, con un ministro con gorra, y le tuvieron que abrir hasta las tiendas a la venezolana para que se comprara un esmalte y un cortaúñas, que se lo había dejado en Caracas. Menuda bruja, y que Ábalos detrás de ella “parriba” y “pabajo”, y dice también el primo de Tomás, que se comió todo lo que había en el vending de la sala VIP, y que Ábalos tuvo que pedir suelto para echar en la máquina.

En fin, que no merece la pena seguir relatando la “primicia” de mi madre, sobre todo porque hubo ya un momento en el que desconecte, con la cabeza dándome vueltas como un giroscopio, y encima, mi madre, estaba poniendo tanto entusiasmo en el “chisme” que temí, por un momento, que le diera una subida de tensión. 

Como ven, nada mejor decir la verdad, solo una vez, no hace falta más, para que no corran como la pólvora historias e historietas, que según se van relatando, se van llenado de añadidos y ampliaciones, y más en política, y más en esta política. 

Ni que decir tiene que mi madre me ha llamado esta mañana al trabajo para darme nuevos datos. No les voy a molestar con ellos, porque esto se me está haciendo muy largo, y que, desde luego, aunque a mí y alguno de ustedes les parezcan inverosímiles, falaces y tremendistas, hay mucha gente que se los cree a pie juntillas. Anda que no somos los españoles buenos, inventando, vamos insuperables. Y nos gusta una historia como esta, más que a un niño un caramelo. A los hechos me remito. Son las seis de la tarde. Llueve ligeramente en Madrid, y la temperatura exterior es de 12 grados.

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