Ábalos, alfil blanco ante la oscuridad sanchista

Ábalos, alfil blanco ante la oscuridad sanchista
José Luis Heras Celemín
José Luis Heras Celemín es autor del libro “El Caso Bankia y algo más… o menos” y Director de Comunicación de la Fundación Emprendedores.

Ábalos, con tilde, es el apellido del ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana José Luis Ábalos. Pero sin tilde, ABALOS es el acrónimo de Alfil Blanco Ante La Oscuridad Sanchista, una sigla que sirve para definir el papel del ministro Ábalos en la que parece intrincada partida de ajedrez en el seno del Gobierno de Coalición PSOE-UP entre los que mueven fichas: El presidente Sánchez y su vice-ídem Iglesias. Pues bien, en esa partida con fichas de colores blanco-rojo, blanco-negro, o rojo-negro, allá alegorías o metáforas, parece que a Ábalos, implicado en el famoso viaje de la vicepresidenta de Venezuela en tránsito, o no, por España, le ha tocado el rol de alfil.

 Sin preferencias cromáticas, antes de desmenuzar el acrónimo y ver la situación, veamos el alfil: Blanco. No inmaculado, blanco. Tampoco rojo, con carga ideológica retro-progre. Ni el negro de duelos. Queda así un Ábalos tal cuál, frente a la partida Sánchez-Iglesias, y Ante La Oscuridad Sanchista.

Llegados a este punto, veamos en qué consiste una partida en la que Ábalos se ha erigido en actor determinante, y determinado, en una operación en la que están los que juegan la partida (que quieren ganar y pueden perder), ministros (Asuntos Exteriores, Interior, Vicepresidentas y otros) y el complejo entramado internacional en que participa España como puente de unión con la América hispana y como miembro de la UE. Pues bien, en la partida que se juega en el Gobierno de Coalición, lo que está en juego no es Ábalos solo sino la supremacía de los socios de Gobierno en un enfrentamiento soterrado (y cruel aunque no se note), de oscuridad sanchista, en el que, con vistas al jaque mate o a unas tablas finales, lo que se pretende es el desgaste de un adversario al que conviene erosionar en un escenario no sobrevenido en el que se aprovecha lo que pueda dañarle. Se da cuenta, como cuento por entregas, del viaje-estancia de la vicepresidenta venezolana con un ministro venezolano amigo de Ábalos en el aeropuerto Madrid-Barajas Adolfo Suárez. Y en cada entrega del cuento surge, peligrosa cuan chaira afilada abierta, una tanda de motivos, pretensiones e intenciones de los que tienen que ver con el viaje sin que nadie informe sobre el porqué de éste para quienes lo hicieron o los porqués de los afectados por él.

En esta oscuridad, impuesta y aceptada, está ocurriendo lo mismo que en una partida de ajedrez en la que se prevén jugadas con un número de movimientos solo conocidos por jugadores avezados y ocultas para inexpertos. Se sabe que la pretensión principal de Sánchez es seguir doblando el brazo al comunista Iglesias y que la de Iglesias es rehacer el brazo y vencer al socialista Sánchez. Es lo único cierto. Nada más. El resto, oscuro, puede ser ficción o especulación, que se alimentan de lo que se conoce, filtra o tapa. Por esto, se está generando, además de oscuridad, un clima asqueroso en el que, aunque no todo valga, lo que aparece contribuye al deterioro. Según día y hora, Ábalos enreda y desenreda para envolver a enredar. Según convenga, o crea el asesor, Sánchez e Iglesias contribuyen a la confusión. Por si fuera poco, la Presidenta del PSOE Narbona, la Vicepresidenta del Gobierno Calvo e incluso los ministros y quien tenga acceso a alcachofa, micrófono o periodista parecen empeñados en contribuir a enturbiar lo que ya está turbio.

Además, en el culmen del despropósito, o propósito (sea el que sea), tras el Consejo de Ministros, surge la declaración de la ministra de Hacienda y Portavoz del Gobierno que aumenta los equívocos, publica el diario El País y que conviene reproducir con alguna apostilla: “Si Ábalos no hubiese intervenido, la policía de frontera la habría rechazado” (Quiere decir, pues, que Ábalos enmendó a la policía) por tener prohibida la entrada y el tránsito por territorio comunitario en virtud de las sanciones diplomáticas de la UE contra una serie de dirigentes venezolanos. “Esto está dentro de la normalidad” porque España tiene la obligación de comprobar el pasaje de un avión al llegar a territorio español (Y lo comprueba con el ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana). “En el momento que se conoce que esta persona iba en este vuelo, las autoridades tomaron las medidas correspondientes para impedir la entrada de esta persona en territorio español, y el señor Ábalos hizo una gestión diplomática para reiterarle a la señora Rodríguez que no podía entrar en territorio español, como finalmente no ocurrió” (Si reiterar es volver a iterar, a la señora Rodríguez ya se le había repetido que no podía entrar. Con ello, la razón de la Portavoz no es una razón, es una sinrazón).

En esta situación, la utilidad del ministro Ábalos para Sánchez y su gobierno puede coincidir con la del alfil blanco del acrónimo: Puede usarlo y mantenerlo en la partida frente a Iglesias, para evitar una crisis de Gobierno al mes de formarlo. O, en caso necesario, sacrificarlo, como pérdida, o usándolo como gambito a cambio de algo en la gestión del conflicto entre los socios de Gobierno.

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