El apagón

“Ultimo evento solar clase M (M1.6) día 24 de abril 2025”.

Juan Laguna
Por
— P U B L I C I D A D —

La capacidad de entrar en pánico de los seres humanos se supone que queda atenuada por la racionalidad que nos distingue de los irracionales. Esto es: la capacidad de buscar, conocer y entender cualquier tipo de situación y encontrar una respuesta (si es posible).

No ocurrió así con el caso del Covid-19, cuyas consecuencias de paranoias sin sentido aún permanecen. Tampoco ha ocurrido así en el reciente incidente del apagón general de los sistemas eléctricos y electrónicos en que hemos basado todas nuestras actividades. Hemos creado una serie de redes que, como las neuronales, pueden saturarse y dejar de funcionar por simple congestión.

Esta circunstancia es la que parece imponerse racionalmente entre las muchas teorías de diferente signo que, sin tener ninguna idea del origen del problema, se han ido proponiendo por unos y otros. Desde un “reseteo” mundial hasta los ciberataques de unos supuestos enemigos, sin rechazar incluso la combinación de factores sobrenaturales ligados a la reciente muerte del papa Francisco, considerado el último de la serie en profecías de todo tipo.

En nuestra ignorancia —o en nuestro miedo— hemos empezado a confundir —como es habitual— “churras con merinas”, olvidando la parte más importante: el hecho de que el planeta Tierra pertenece a un sistema planetario alrededor del Sol, que a su vez pertenece a un sistema cósmico de galaxias, nebulosas, agujeros negros, astros, etc., que interactúan entre sí en base a radiaciones o fuerzas cuyas consecuencias intuimos, pero no conocemos.

Además, como en el caso de otros fenómenos naturales, siempre creemos que no ha habido mundo, ni vida, ni transformaciones más que las que corresponden a nuestros escasos tiempos. Que todo se produce en un lapso de apenas 100 años, en una historia que también se suele desconocer. El caldo de cultivo de la ignorancia produce siempre terrores inducidos o paranoias irracionales.

Pues bien, en el caso que nos ocupa —y como hemos insistido en muchas ocasiones— hay que trascender nuestras miserias tecnológicas, nuestras inteligencias artificiales (y artificiosas), que, como vemos, no sirven de nada al lado del conocimiento real, para recordar nuestra total dependencia del Sol, del resto de los planetas de nuestro sistema, pero también de la actividad cósmica interplanetaria.

La historia de los “apagones” o incidencias en los sistemas tecnológicos la podemos situar en el año 1859, en el que una gigantesca eyección de masa coronal en el Sol dio lugar a lo que se conocería después como “Evento Carrington”, en reconocimiento a su descubridor Richard Carrington, provocando el colapso total de la tecnología de aquel momento y afectando gravemente a las líneas telegráficas de todo el mundo. El planeta se vio arrasado por ráfagas de nubes sobrecalentadas.

Hay noticias de grandes apagones más recientes: en el año 1999, en Brasil, afectando a 97 millones de personas durante 100 días; en el año 2001, India se vio afectada con una población de 230 millones de personas durante 24 horas; en el año 2003, Italia lo estaría durante 24 horas, afectando a 56 millones de personas; y en 2012, India de nuevo estaría afectada durante 48 horas, con 620 millones de personas. “Una tormenta geomagnética extrema”, en el año 2003, cortó el suministro eléctrico en Grecia y dañó transformadores en Sudáfrica” (Euronews, 11/5/2024).

Para entenderlo, el estudio compartido de Sciences Focus (La Sexta, 30/7/2024) apunta lo siguiente: “El fenómeno natural de las auroras boreales podría ser dañino para algunas infraestructuras fundamentales en nuestra sociedad, ya que provocan una onda de choque magnético que podría comprimir el campo magnético de la Tierra, lo que podría suponer un riesgo para todas aquellas obras por las que circula electricidad”.

Dicho de otra forma:

a) Perturbaciones de la red eléctrica desde las auroras más intensas durante tormentas geomagnéticas, que pueden inducir corrientes en las líneas de transmisión de electricidad, lo que puede causar problemas como sobrevoltajes y apagones.
b) Afectación a sistemas de comunicación, interfiriendo con las señales de radio y comunicaciones satelitales y terrestres.
c) Daños a satélites por las partículas cargadas de las auroras boreales, que pueden dañar la electrónica en la órbita terrestre, especialmente en los de comunicaciones.
d) Interferencias con otros sistemas tecnológicos como los sistemas de navegación GPS, debido a la interacción de las partículas cargadas con el campo magnético terrestre (el Sol emite partículas cargadas de protones y electrones principalmente), que viajan a través del espacio y se desplazan a lo largo de las líneas del campo magnético terrestre hacia los polos.
e) Interacción con la atmósfera terrestre y sus átomos y moléculas, lo que excita a estas, provocando las auroras y sus óvalos.

Tales óvalos se concentran principalmente en las regiones polares, alrededor de los polos magnéticos de la Tierra (norte y sur), y provocan una onda de choque magnético que afectaría al campo magnético del planeta. Están formados por un anillo continuo de auroras alrededor del casquete polar, causado principalmente por la fuga de electrones a lo largo de las líneas del campo magnético. Las tormentas magnéticas fuertes y sus campos magnéticos pueden provocar que los dispositivos y redes eléctricas funcionen mal en la superficie de la Tierra. (Hay una entrevista interesante con el astrónomo Germán Puerta Restrepo en France 24 al respecto, así como una excelente explicación del Instituto de Geofísica de la Universidad de Alaska del año 1981: “Los halos gemelos, llamados óvalos aurorales, rodean las regiones polares de la Tierra. Ambos parecen similares en los dos hemisferios. Están ligeramente desplazados hacia el lado nocturno de la Tierra, por lo que se extienden a latitudes más bajas por la noche que durante el día. Cuando las condiciones del viento solar que viene hacia la Tierra son tranquilas, los óvalos se contraen hacia los polos. Por el contrario, se ensanchan cuando sube la actividad solar”).

Por todo ello, no se entiende el olvido de incluir en las supuestas “explicaciones” institucionales y mediáticas todo lo expuesto, sobre todo en una fase de “pico” en la actividad solar dentro de su ciclo de 11 años. “11/5/2024: se ha registrado la tormenta magnética más fuerte en 150 años, apareciendo auroras boreales en España e Italia a consecuencia de una llamarada solar que llegó al Reino Unido, alcanzando los cielos del centro y sur de Italia, la costa mediterránea y Canarias. Sus efectos durarán todo el fin de semana” (ésta me afectó directamente).

O asumimos que no somos gran cosa, por mucha “tecnología” que nos mantenga embobados, o iremos pasando de susto en susto cuando descubramos la magnitud cósmica que nos rodea y a la que debemos adaptarnos.

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