La Tercera Guerra Mundial

Por
— P U B L I C I D A D —

En el año 1978 se publicaba el libro “The Third World War” escrito por expertos encabezados por el general inglés Sir John Hackett, ex comandante del grupo de ejércitos del Norte de la OTAN, en el que consideraba la posibilidad de un nuevo conflicto mundial (en Europa por supuesto) hacia el año 1985, en que fuerzas del Pacto de Varsovia, atacaban al comando aliado occidental, provocando un importante debate sobre la necesidad de potenciar la OTAN antes de esa fecha si quería sobrevivir.

Por supuesto el libro es un simple ejercicio de opinión, basado en el imaginario colectivo que la Guerra Fría entre EE.UU y la URSS (en pleno apogeo), podía alimentar, tras las consecuencias de la 1ª y la 2ª G.M. La lucha por la hegemonía mundial ideológica escondía (como casi siempre) la lucha por intereses geoestratégicos, geopolíticos y, sobre todo, económicos (en este caso de recursos estratégicos como el petróleo, su producción, distribución, costes y transporte) que debieran haber derivado el escenario del conflicto fuera de Europa para trasladarlo al Oriente Medio, donde en la actualidad el Golfo Pérsico es una zona de alto riesgo para la navegación.

Por entonces ya estaba en juego la disuasión de las armas nucleares, así como los tratados de control y no proliferación de situaciones que pudieran provocar conflictos entre ambas potencias, como ocurrió con la llamada “crisis de los misiles” en Cuba en octubre de 1962, cuando EE.UU. se encontró a tiro de los R-2 de alcance medio soviéticos con base en la isla caribeña, tras el fracaso de la Bahía de Cochinos y el despliegue de todo tipo de acciones para desestabilizar el régimen castrista, mientras se preparaba en secreto la invasión militar de Cuba con una operación de “falsa bandera” : “Operación Mangosta” en octubre de 1961. Antes, en los años 1958/59, EE.UU. había desplegado misiles balísticos con ojivas nucleares (SM-78 Júpiter), en Italia y Turquía a través de la OTAN con alcance a las principales capitales de la URSS.

Tampoco la invasión militar de Panamá por parte de EE.UU. en la llamada “Operación Causa Justa”) a finales de 1989 para derrocar y detener al general Noriega, anterior colaborador de a CIA, recibió el VºBº de la Asamblea de Naciones Unidas, cuyos tratados fueron violados y condenada la invasión, sin otras consecuencias para el invasor. El anterior “amigo” sería detenido y juzgado en EE.UU. En dicha operación hubo millares de muertes sobre todo en barrios populares de la capital como “El Chorrillo”. Una operación en que, como ocurre siempre, el antes amigo y colaborador se vuelve enemigo (sobre todo por lo que sabe) o viceversa como ocurrió con Sadam Hussein en Irak y ahora con la Administración Biden y su acercamiento a Venezuela y Cuba.

El conflicto en Ucrania entra dentro de los juegos de poder hegemónicos en que todavía EE.UU. se considera líder mundial, olvidando que Rusia ya no es la URSS y que el comunismo versión “caviar” se difunde por todo el mundo de la globalización: pensamiento único, mayor enriquecimiento de las oligarquías y sometimiento sumiso y resignado de las sociedades occidentales, tras un hábil trabajo de adoctrinamiento mediático y una destrucción de los valores que las anteriores guerras defendían. Toda la propaganda desplegada demonizando a una parte y enalteciendo a la otra, es parte de ese juego de poder cada vez más concentrado en menos manos. La ignorancia y la anomia política de Europa, cuando no los servicios de sus líderes a esa sovietización hacen el resto. Se olvidan los muertos en otros conflictos como en Yemen o los que provocó en su día la intervención y huida en Afganistán, las hambrunas y desplazamientos con sus muertes correspondientes en Etiopía o Somalia, las víctimas del conflicto Israel-Palestina… Ahora todo es Ucrania porque toca terminar lo que comenzó en la plaza del Maidán en 2014 (Nuland/Pyatt), que -al parecer- ha continuado en forma reservada en diferentes formas y que se espera culminar con añadir otro país vecino de Rusia a la OTAN.

Estamos en guerra desde luego. Una Tercera Guerra Mundial que va a dirimirse entre unos imperios en decadencia y por ello dispuestos a todo. Uno gobernado por un incompetente y otro por alguien calificado de “loco”, pero que ha mostrado una mayor sensatez y prudencia en este caso, mientras China va emergiendo como un sólo bloque de capitalismo comunista (los antes revolucionarios convertidos en nuevos ricos), mostrando un perfil ambigüo mientras no cesa en su intento hegemónico más pragmático: el comercial. El difícil equilibrio de la situación nos lleva a nuevas incertidumbres a corto y medio plazo, salvo que desaparecieran por milagro las codicias espurias del mundo de la “defensa”. Si no hay enemigo no son necesarias las armas. Pues si no hay enemigo, se fabrica y ya está.

Subyace además otra cuestión que el libro del general Hackett denuncia: “Los países pobres ya no serán naciones de niños y adolescentes, sino de parejas de subempleados con gran capacidad reproductiva; serán adultos en la edad más productiva y más apta para la milicia”. He aquí como asoma la oreja de la explotación: “la gran mayoría integrarán una fuerza de trabajo adicional, sin precedentes en el mundo que se sumarán a las existentes; serán de razas no caucásicas y tan ignorantes como eran los obreros turcos en la Alemania de los 70” (según el citado libro).

Nos guste a no nos guste, estamos en medio de un conflicto bélico de alcance y consecuencias desconocidas. Un conflicto que no se va a resolver cómo esos juegos infantiles bélicos en la consola correspondiente, sino como estamos viendo a costa de nuevas destrucciones y muertes de poblaciones, naciones y valores. Mientras tanto, los “pacifistas” contra la guerra han conseguido puesto vitalicio, retribuciones importantes, cargos y privilegios… “que les quiten lo bailado”. El problema es que, como han demostrado las elecciones andaluzas, el pueblo no escarmienta y, al final, obtiene lo que quizás merece: un simple cambio “lampedusiano”. Hoy por mí, mañana por ti.

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