La izquierda exquisita

La izquierda exquisita
Juan Laguna
Colaborador de Fundación Emprendedores.

La obra de ensayos del escritor norteamericano Tom Wolfe sobre el “nuevo periodismo”, recoge —entre otros— la crónica periodística de este autor sobre lo que llama “izquierda exquisita” de la sociedad estadounidense. Una izquierda más de “postureo” y snobismo, que con una conciencia social auténtica.

El manifiesto de “intelectuales y artistas” contra lo que llaman “reaccionario” en posiciones políticas que no les han apesebrado, me ha recordado el texto de Wolfe, así como el del sociólogo Sergio Vilar “Crisis y nueva política de la izquierda española” en su análisis certero de la pérdida de sentido de la palabra “izquierda” tal como muchos aún lo entienden. El concepto “reaccionario” sería uno de los que ya huelen a naftalina.

Porque… ¿qué es ser de izquierdas? Para unos “exquisitos intelectuales y artistas” parece ser el vivir como los ricos y, de vez en cuando, publicitarse como supuestos adalides sociales. Muchos de ellos desconocen incluso lo que fueron y significaron las ideas clásicas de Marx o Hegel; menos aún son capaces de discernir su transformación en sus variantes diversas (orientales y occidentales) y sus consecuencias políticas y sociales. Tal como denuncia Wolfe todo se reduce a una pose “epatante” muy diferente de su vida real cuando refleja esos “partys” elegantes de los ricos neoyorquinos:

“…Pero todo es correcto. Se trata de criados blancos, no los tradicionales criados negros, sino blancos sudamericanos… Nadie puede imaginar que para agasajar a los Panteras Negras (para ellos es la fiesta) existan criados negros…. Debido a eso, la ola de la Izquierda Exquisita, ha provocado la más desesperada búsqueda de criados blancos….. Llegados a este punto algún alma bien intencionada preguntará: ¿porqué no prescindir del servicio si se cree realmente en la igualdad? (y se está contra las clases sociales). Bueno, el sólo hecho de plantear la cuestión, revela la más absoluta ignorancia de la vida de las grandes residencias y mansiones del East Side en la era de la Izquierda Exquisita. Porque… ¡Dios mío! los criados no son una mera conveniencia son una absoluta necesidad psicológica. Cuando uno ha entrado en esta vida y está dentro de ella, la idea de no tener sirvientes es inconcebible….”

Por eso, el “manifiesto” de los supuestamente “progres” no pasa de ser una “boutade” más de las que nos tienen acostumbrados en esa pérdida del Norte de la (todavía) autollamada “izquierda”. Unos “progres” que, en algunos casos, aparecen en las listas de evasores fiscales, con sus paraísos fiscales propios que, por cierto, no han sido (ni serán) publicadas por el actual gobierno (tal como prometió en la moción de censura). ¿Demasiadas caras conocidas del clientelismo apesebrado? Es la “izquierda exquisita” con sus altos “cachés”, sus mansiones con el “aire chatchka de un millón de dólares” (según Wolfe) por donde circulan esos sirvientes blancos sudamericanos agasajando a los “panteras negras” desde las élites intelectuales y artísticas. Eso sí, siempre con los medios de comunicación -también invitados- para que publiciten el acto.

Hay que remontarse a aquella “bodeguiya” de Felipe González en el palacio de la Moncloa, donde convivía todo ese “pesebrismo” con cargo (directo o indirecto) a los presupuestos públicos que se identifica a sí mismo como “intelectual y artístico” y que siguen aferrados (como las elites USA) al sol que más calienta, produciendo una “casta” parapolítica que se siente progresista, siempre que sus riquezas queden a salvo del fisco, mantengan sus fiestas y “saraos” con la justificación de cualquier causa “humanitaria” y puedan disponer de una servidumbre apropiada para que, convenientemente uniformada, se deslice entre la “izquierda exquisita” (también convenientemente uniformada) ofreciendo los más selectos canapés y bocaditos y las mejores marcas de vinos o cavas. Nada ha cambiado desde los antiguos terratenientes o la más rancia nobleza, sino que se ha envuelto en papel de celofán socialista.

En nuestro país ha sido y es todo ese conglomerado de élites sobrevenidas al calor del cambio de régimen político, para vivir de una forma u otra de los presupuestos públicos. Por las “redes” circula una lista de unos quinientas mil personas que cuelgan de los mismos directa o indirectamente, aparte de los que están institucionalizados. Aparte de ellos está la “clientela” intelectual y artística que vive de las subvenciones, de la promoción pública o de los privilegios de la “bodeguiya” y que “se manifiesta” puntualmente cuando es requerida para ello, como lógica contraprestación a los favores que reciben. Una “casta” que es “hospitalaria y humanitaria”, con un ligero tinte “liberal” (son excluyentes con quienes no son sectarios como ellos), siempre que los inmigrantes sirvan de jardineros o sirvientes a bajo coste (hay mucha competencia) para adornar mansiones y “epatar” a los demás. La Izquierda Exquisita es así o así la concibe con gran acierto ese magnífico y afilado cronista de la sociedad estadounidense.

La otra izquierda, la de clase de verdad, la que debe sudar la camiseta para sobrevivir en trabajos duros, votaron a Trump en EE.UU. y —al parecer— votarán a Vox en España. Por mucho que les duela a nuestros intelectuales y artistas de la Izquierda Exquisita que ven peligrar sus “chollos” y privilegios.


Foto: Almodóvar, Ana Belén, Miguel Ríos, Sabina y Carlos Bardem, entre los artistas firmantes del manifiesto ‘Tú decides’ que piden el voto para la izquierda

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