Grecia ha dejado muchas heridas difíciles de cerrar en Europa

Grecia ha dejado muchas heridas difíciles de cerrar en Europa
Pedro González
Periodista, experto en Política Internacional. Fue director de Redacción de Euronews y fundador del Canal 24 Horas de TVE.

Que abrieran los bancos griegos después de permanecer cerrados tres semanas es un símbolo que aparenta que el país retorna a la normalidad. Una imagen no obstante que preludia muchas frustraciones y cambios de comportamiento. ¿Por qué? Pues, entre otras muchas razones, porque cualquiera que haya sufrido la experiencia de uncorralito (confiscación de hecho del propio dinero depositado en los bancos), difícilmente se aventurará a volver a confiárselo a las entidades financieras.

La normalización de la actividad bancaria, por lo tanto, tardará mucho tiempo en volver a la antigua normalidad. En ese largo proceso de readaptación -que probablemente se prolongue muchos meses e incluso años-, la economía griega sufrirá con toda probabilidad un nuevo empujón hacia la modalidad de “sumergida”. El recauchutado Gobierno de Alexis Tsipras tendrá que adoptar aún medidas muy drásticas no solo para hacer efectivas las draconianas medidas acordadas con Bruselas, sino también para evitar que las nimias expectativas de aumentar los ingresos por la vía de los impuestos no se esfumen.

Tsipras habrá de adoptar aún medidas muy drásticas para evitar que las nimias expectativas de aumentar los ingresos por la vía de los impuestos no se esfumen

Mientras los radicales de Syriza se eternizaban en tratar de engañar nuevamente a Bruselas con sus habituales maniobras de dilación, la economía helena se ha deteriorado aún más. La gente que apenas podía sacar de sus cuentas un máximo de 60 euros diarios -ahora 420 semanales de una sola vez- no estaba, ni está, para animar el consumo interno, por supuesto el de primera necesidad, porque en tales condiciones nadie osa detraer una parte de esas cantidades para ocio y cultura, por ejemplo.La viabilidad de los cuatro principales bancos helenos será testada a la vuelta del verano por el Banco Central Europeo, que ya podrá tener una idea más cabal de las necesidades de tales establecimientos para sobrevivir. Coincidirá el examen con las negociaciones, más en profundidad, del nuevo rescate griego, el tercero en cinco años, evaluado a priori en 86.000 millones de euros.

Fuga de capitales

No deja de ser chocante entretanto que diversas fuentes estimen en nada menos que 600.000 millones de euros los capitales griegos puestos a buen recaudo en las cajas de fuertes de Suiza, Liechtenstein y otras plazas financieras de renombre. Una buena prueba, por lo tanto, de que el único dinero que parece quedar en las cajas fuertes de los bancos griegos es el de los que no han podido evadirlo.

No deja de ser chocante que unos 600.000 millones de euros de capitales griegos estén puestos a buen recaudo en plazas financieras de conocido renombre

Para recapitalizar esos bancos helenos serán necesarios como mínimo 25.000 millones de euros (cantidad semejante al rescate de Bankia), pero es de prever que en las discusiones para acordar su concesión se produzcan nuevos enfrentamientos entre los 19 miembros del Eurogrupo. Alemania, que aún siendo el principal salvavidas del rescate ha sido rebozada de intransigente -cuando no de antidemocrática-, ya ha deslizado que los banqueros griegos también deberían apechugar con sus propios problemas.Griegos y el resto de la Eurozona han acrecentado sus recelos desde la crisis de Chipre de 2013. Entonces ya se elevaron no pocas voces reclamando un bail-in, un rescate interior consistente en confiscar una parte de los activos de los depositantes. La diferencia es que la mayor parte del dinero confiado a las entidades financieras chipriotas era de clientes extranjeros, especialmente rusos, mientras que el que aún queda en los bancos griegos es de los ahorradores y comerciantes, que necesitan apoyarse en las entidades locales para poder operar.

El sentir de las dos Europas

La desconfianza también se ha extendido a la opinión pública europea, escindida ya abiertamente entre los que se oponen a que el dinero de los contribuyentes sea empleado en rescatar a los griegos, y los que apoyan la renovación de las ayudas para que la Eurozona no se colapse. Hay que reconocer no obstante el sentido político de Estado de los diputados alemanes que, pese a una opinión pública que les insta a negar más socorro a Atenas, votaron de manera aplastantemente mayoritaria en el Bundestag en favor del acuerdo con Grecia.

Pero, la realidad es que entre los ciudadanos europeos, los germanos, finlandeses, holandeses, estonios, letonios, lituanos y eslovacos principalmente, es mayoritario el sentir expresado por el ministro de Finanzas germano, Wolfgang Schäuble, de que lo mejor sería una salida temporal de Grecia de la zona euro, que entonces lograra una quita de su impagable deuda (hacerlo en la Eurozona es ilegal), y volviera al cabo de no menos de cinco años con los deberes hechos.

Franceses e italianos encabezan la posición más comprensiva con los griegos, porque estiman que el sur de Europa sería mucho más frágil con la expulsión de Atenas

A estas graves heridas internas entre los 19 del Eurogrupo habría que añadir la brecha entre éstos y los socios de la Unión Europea que no están insertos en la moneda única. Reino Unido y Chequia especialmente son los países que más insisten en “proteger el dinero de nuestros contribuyentes” antes de que la propia UE decida alimentar de créditos-puente a Grecia para que afronte sus pagos más inmediatos.

Diagnosticado el estado delicado de la Eurozona a causa de la crisis griega, la solución admitida por la práctica totalidad de los analistas y consejeros de los diferentes gobiernos pasaría por la consiguiente unión fiscal, que condujera además a una real unión política. Eso, en claro, se llama ceder soberanía, que es el objetivo principal del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. El problema es que el auge del populismo conlleva renovadas dosis de nacionalismo, lo que hará aún más ardua la tarea de convencer a gobiernos y ciudadanos de que, sin esa necesaria cesión de soberanía, el proyecto más grandioso de Europa en siglos se puede venir abajo.


Ilustración basada en la foto de Getty del artículo original de ZoomNews

Artículo en fuente original: ZoomNews.es

1 Comentario

  1. Estimado Pedro: la “confianza” en el sistema bancario se fue al garete hace ya mucho tiempo. Ni siquiera los conocidos “baluartes” como Suiza o Liechtenstein se pueden resistir a los controles gubernamentales. Supongo que conoces cómo se viene legislando en aras de la “seguridad” y cómo los bancos se convierten en agentes dobles por los muchos intereses entrecruzados. Además ¿crees que no sería posible un corralito más o menos inmediato en otros países con los niveles de deuda existentes? Lo que pasa es que no tenemos más remedio que resignarnos.

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